La creciente ola de vandalismo protagonizada por grupos de adolescentes en distintos barrios de la zona norte de la ciudad de Córdoba sumó en las últimas horas una voz política que pone el foco en la falta de control estatal. La concejala Fabiana Gutiérrez manifestó su preocupación por los episodios reiterados de destrozos y robos durante la madrugada y reclamó una intervención urgente de las autoridades.

El fenómeno, que ya no aparece como aislado sino como una práctica sistemática, se concentra especialmente en el corredor de avenida Mariano Fragueiro, a la altura de la Circunvalación. Allí, vecinos de barrios como Capdevila, Panamericano y Juan B. Justo denuncian la circulación de grupos de entre 20 y 25 jóvenes que, en su mayoría menores de edad, recorren las calles tras salir de boliches o reuniones informales.
Las imágenes captadas por cámaras de seguridad muestran una modalidad que se repite con precisión: entre las 5 y las 6 de la mañana, los grupos avanzan probando puertas de vehículos estacionados, saqueando aquellos que encuentran abiertos y arrojando piedras contra viviendas. El accionar, lejos de ser improvisado, evidencia una lógica de oportunidad sostenida en la ausencia de controles efectivos.
En este contexto, Gutiérrez advirtió sobre un doble problema. Por un lado, el deterioro de la seguridad barrial; por otro, un cambio en las dinámicas de nocturnidad juvenil que, según planteó, quedó sin regulación tras la pandemia. “Hay una falta evidente de presencia estatal en horarios críticos”, deslizó, en línea con el reclamo de los vecinos.
El temor es un factor central en la escalada del conflicto. Muchos damnificados evitan realizar denuncias públicas por miedo a represalias, lo que contribuye a una subestimación estadística del problema y debilita la capacidad de respuesta institucional. Mientras tanto, los daños materiales y los robos oportunistas se repiten cada fin de semana.

El recorrido de estos grupos suele iniciar en barrio Panamericano y extenderse hacia Remedios de Escalada, dejando a su paso un rastro de destrucción. La lógica de acción en masa —que incluye tanto varones como mujeres— genera un efecto intimidatorio que dificulta cualquier intento de intervención vecinal.
A esto se suma un fenómeno paralelo: la consolidación de plazas y espacios verdes como epicentros de la nocturnidad. Lugares como la Plaza de Israel en Urca o el entorno del monumento al ARA San Juan en Poeta Lugones se transformaron en puntos de concentración para el consumo de alcohol, ruidos molestos y picadas vehiculares. La tensión social escala con rapidez: en uno de los episodios recientes, una vecina que intentó intervenir terminó siendo agredida verbalmente.
Frente a este escenario, la concejala Gutiérrez planteó la necesidad de una respuesta coordinada entre la Policía de la Provincia y la Municipalidad de Córdoba. El reclamo apunta a reforzar la presencia policial en franjas horarias críticas y a endurecer los controles sobre la venta de alcohol durante la madrugada, un punto clave en la dinámica que describen los vecinos.
El planteo abre un interrogante más amplio sobre la capacidad del Estado local para adaptarse a nuevas formas de conflictividad urbana. La reiteración de los hechos, la falta de denuncias formales y la expansión territorial del problema configuran un cuadro que, lejos de ser episódico, empieza a consolidarse como una falla estructural en el control de la nocturnidad.

