El legislador provincial Matías Gvozdenovich volvió a cargar contra el Gobierno de Córdoba con un diagnóstico que ya no admite matices: el sistema de salud en el interior funciona al límite y sostenido, casi exclusivamente, por el esfuerzo de los municipios y su personal.

“Hace tiempo venimos denunciando que la crisis en el sector de la salud es total, y más si sos del interior”, afirmó, en una definición que apunta directamente al corazón de la gestión sanitaria provincial. Según su planteo, lejos de tratarse de problemas coyunturales, se trata de un esquema estructuralmente deteriorado donde la Provincia se ha retirado de sus responsabilidades centrales.
Municipios desbordados y sin respaldo
El eje más contundente de su crítica radica en la transferencia silenciosa de funciones hacia los gobiernos locales. Gvozdenovich describe un escenario donde los intendentes sostienen un sistema que no les corresponde financiar.
“Los intendentes hacen malabares con pocos recursos. Tienen que hacerse cargo de obras, pagar sueldos, garantizar la seguridad y además sostener la salud, que la Provincia abandonó”, sostuvo.
El planteo deja al descubierto una distorsión de fondo: municipios asumiendo roles de segundo y tercer nivel de atención sin la estructura ni el financiamiento adecuado. En los hechos, varios hospitales municipales se convirtieron en centros de referencia regional, desplazando en la práctica a los hospitales provinciales.
El sistema se sostiene por el recurso humano
Para el legislador, el único factor que evita el colapso es el compromiso del personal sanitario. “Médicos, enfermeros y trabajadores de la salud cobran menos, trabajan el doble y aun así le ponen el cuerpo todos los días”, remarcó.
La frase no es menor: implica que el sistema no funciona por diseño ni por política pública, sino por la vocación de quienes lo sostienen. “Sin ellos, directamente no habría atención”, sintetizó.
Hospitales provinciales en retroceso
Gvozdenovich también puso el foco en el estado de la infraestructura y los servicios bajo órbita provincial. Su diagnóstico es directo: “Los hospitales se vienen cayendo a pedazos”.
Las quejas que describe no son nuevas, pero sí persistentes: demoras crónicas en turnos, equipamiento fuera de servicio, faltantes de insumos básicos y vacunas. Un combo que, lejos de corregirse, se ha naturalizado en gran parte del interior.
Financiamiento en discusión y tensiones abiertas
El legislador sumó un punto sensible: el incumplimiento en los mecanismos de financiamiento. Señaló que la Provincia no estaría pagando en tiempo y forma a APROSS y que mantiene desactualizado el FOFINDES, herramientas clave para sostener la red sanitaria.
En ese contexto, cuestionó el conflicto en Río Tercero, donde —según su lectura— la Provincia no solo no resuelve los problemas, sino que confronta con los intendentes que sostienen el sistema.
Una crítica que trasciende la coyuntura
El cierre de Gvozdenovich eleva el tono y conecta la crisis sanitaria con un ciclo político más amplio: “26 años de peronismo son demasiado”.
Más allá de la consigna, su planteo interpela un modelo de gestión que, según expone, ha consolidado un esquema centralizado en la recaudación pero descentralizado en las responsabilidades. Es decir: la Provincia retiene recursos mientras los municipios absorben los costos políticos y operativos del deterioro.
El punto incómodo
El diagnóstico que plantea Gvozdenovich no es nuevo, pero sí cada vez más difícil de desmentir. La pregunta de fondo es si la Provincia puede seguir sosteniendo un sistema donde los hospitales propios pierden capacidad mientras los municipios cubren los vacíos.
Si ese equilibrio depende exclusivamente del esfuerzo local y del recurso humano, el problema ya no es solo de gestión: es de diseño. Y, como advierte el legislador, el margen para sostenerlo parece cada vez más estrecho.
