El cordobesismo recalibra su estrategia en el Congreso y busca consolidar una tercera vía

Tras un inicio de año marcado por acompañamientos clave al oficialismo, los diputados de Hacemos Unidos por Córdoba comenzaron a redefinir su posicionamiento en el Congreso. El objetivo es claro: recuperar identidad propia, marcar diferencias en temas estratégicos y proyectarse como una alternativa en un escenario político cada vez más polarizado.

El giro se produce luego de críticas por la cercanía con la Casa Rosada en las primeras votaciones del año. Sin embargo, lejos de optar por una confrontación directa con el presidente Javier Milei en los temas de mayor exposición mediática, el espacio cordobesista eligió una estrategia más selectiva. La apuesta pasa por instalar agenda en áreas donde confluyen producción, institucionalidad y política social, ejes que históricamente forman parte de su identidad.

Uno de los movimientos más visibles fue el impulso para elevar el corte de biocombustibles. En un contexto internacional atravesado por tensiones que impactan en el mercado energético, legisladores cordobeses presentaron un proyecto que insta al Ejecutivo a incrementar el porcentaje de mezcla en combustibles líquidos. El argumento central es que la medida fortalecería la capacidad productiva local, generaría divisas y reduciría la dependencia externa.

La iniciativa fue respaldada por referentes de Provincias Unidas, entre ellos Juan Schiaretti, Carlos Gutiérrez, Juan Brügge, Ignacio García Aresca, Carolina Basualdo y Alejandra Torres, lo que le otorga volumen político a una propuesta que busca capitalizar el contexto global y, al mismo tiempo, evidenciar la falta de definiciones del Gobierno nacional en la materia.

En paralelo, el bloque marcó diferencias frente a la eventual salida de la Organización Mundial de la Salud. Desde Provincias Unidas reclamaron la intervención del Congreso antes de avanzar con una decisión que consideran de alto impacto sanitario e institucional. La defensa del sistema de salud y del rol parlamentario aparece así como otro de los ejes donde el espacio intenta pararse con autonomía.

La agenda se completa con iniciativas vinculadas a la gestión de recursos y políticas públicas. En ese marco, Basualdo insistió con el pedido de transferencia de fondos destinados a programas de atención primaria de la salud hacia la Provincia y los municipios. A su vez, el bloque comenzó a articular posiciones en torno a la Ley de Glaciares, alertando sobre la necesidad de resguardar recursos estratégicos en medio de debates sobre su eventual modificación.

Otro gesto político relevante se vincula con la agenda de Memoria, Verdad y Justicia, que recobra centralidad a 50 años del golpe de Estado. En la antesala del Golpe de Estado en Argentina de 1976, el cordobesismo busca reafirmar el “Nunca Más” como una bandera innegociable. Se trata de un posicionamiento que, además de su carga simbólica, contrasta con las tensiones abiertas por el Gobierno nacional en materia de derechos humanos.

Producción, salud y memoria configuran así un núcleo duro que el espacio no parece dispuesto a resignar, más allá de acompañamientos coyunturales al oficialismo. La diferenciación, aunque gradual, comienza a tomar forma en un contexto donde el Gobierno también enfrenta presiones por otros frentes.

Pero el movimiento no es únicamente defensivo. Tiene, además, una clara proyección política. En un escenario dominado por la confrontación entre el oficialismo y el kirchnerismo, el cordobesismo busca fortalecer a Provincias Unidas como una tercera vía con volumen propio: un espacio que no rompa con el Gobierno, pero que tampoco quede subsumido en su órbita.

El contexto ofrece una oportunidad. Mientras Mauricio Macri intenta reposicionar al PRO, su alineamiento con el oficialismo deja vacante el espacio de una oposición moderada con anclaje productivo. Es en ese terreno donde el cordobesismo comienza a ensayar su estrategia, con la mirada puesta no solo en el presente legislativo, sino también en la construcción de una alternativa competitiva de cara a 2027.

Sin estridencias, pero con señales consistentes, los diputados cordobeses avanzan en una recalibración que combina identidad, oportunidad y cálculo político. El desafío será sostener ese equilibrio: dejar de ser aliados circunstanciales sin perder capacidad de incidencia en un tablero cada vez más binario.

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