Memoria, gestión y el valor de la austeridad

A 23 años de la muerte de Ramón Bautista Mestre, vuelvo a recordar a uno de los dirigentes que marcó profundamente la historia política e institucional de Córdoba. Su figura permanece presente no solo en la memoria del radicalismo, sino también en la vida cotidiana de miles de cordobeses que fueron testigos de una gestión pública basada en el orden, la responsabilidad y la austeridad.
Como legislador provincial del bloque de la Unión Cívica Radical, considero imprescindible evocar su legado. Mestre fue intendente de la ciudad de Córdoba y posteriormente gobernador de la Provincia de Córdoba, y en ambas responsabilidades dejó una impronta de gobierno que, con el paso del tiempo, se transformó en un punto de referencia inevitable a la hora de analizar la gestión pública.
Su obra fue trascendental tanto para la ciudad como para la provincia. No se trató solamente de decisiones administrativas o de programas de gobierno. Mestre representó una forma de ejercer la política: con responsabilidad institucional, respeto por los recursos del Estado y una firme convicción de que el dinero público debe administrarse con el mismo cuidado con el que cada familia cuida su economía.
Quienes tuvimos la oportunidad de estudiar su gestión sabemos que su principal marca fue la austeridad. Para Mestre, la austeridad no era una consigna discursiva ni un eslogan electoral. Era una práctica cotidiana. Era una forma de gobernar. En su concepción, el Estado debía ser eficiente, ordenado y responsable, evitando el despilfarro y priorizando siempre el bienestar de la ciudadanía.
Lamentablemente, con el paso de los años esa lógica de administración pública fue desapareciendo del debate político provincial. Desde que el peronismo se hizo cargo del gobierno de Córdoba, la palabra austeridad dejó de ocupar el lugar central que tenía en la gestión pública. Las prioridades cambiaron, los criterios de administración se transformaron y el modelo de conducción del Estado tomó otro rumbo.
Recordar hoy a Ramón Bautista Mestre no es un simple ejercicio de nostalgia política. Es, sobre todo, una oportunidad para reflexionar sobre qué tipo de Estado queremos construir para el futuro de Córdoba. Su legado demuestra que es posible gobernar con firmeza, con planificación y con responsabilidad fiscal, sin perder de vista que cada peso que administra el Estado pertenece a los ciudadanos.
A más de dos décadas de su fallecimiento, su figura sigue siendo una referencia para quienes creemos en una política basada en valores republicanos, transparencia y austeridad en la gestión. Su ejemplo nos recuerda que el poder no es un privilegio personal, sino una herramienta para mejorar la vida de la sociedad.
Por eso, a 23 años de su partida, evocar la memoria del doctor Ramón Bautista Mestre es también reivindicar una forma de hacer política que muchos cordobeses aún consideran necesaria: una política de gestión responsable, de respeto por el dinero público y de compromiso real con el desarrollo de la provincia.

