Oposición en bloque contra Passerini

El discurso del intendente Daniel Passerini en la apertura del año legislativo no alcanzó a instalarse en la agenda pública antes de recibir una réplica política directa y contundente. Desde los bloques opositores del Concejo Deliberante de Córdoba, la lectura fue unánime: el mensaje oficialista construyó una ciudad discursiva que no coincide con la experiencia cotidiana de los vecinos.

Lejos del tono institucional y conciliador que suele marcar este tipo de actos, las concejalas opositoras eligieron una estrategia clara: confrontar el relato con la realidad. El diagnóstico fue severo y políticamente nítido: estancamiento urbano, promesas reiteradas y una brecha cada vez más profunda entre el discurso del poder y la vida diaria en los barrios.

Desde el bloque de la Unión Cívica Radical, la concejal Fabiana Gutiérrez sintetizó esa mirada con una frase que funcionó como consigna política:

“Ojalá este año sorprendan con hechos”.

No fue solo una chicana: Gutiérrez estructuró su crítica en tres ejes conceptuales —promesas pendientes, compromisos sin cumplir y deudas con los cordobeses— que apuntan directamente al núcleo del discurso de gestión del oficialismo. La idea de fondo es clara: para la oposición, Passerini gobierna más desde la narrativa que desde la transformación concreta.


El sistema de transporte urbano volvió a ocupar el centro del cuestionamiento. Mientras el intendente habló de avances, subsidios y asistencia al usuario, la oposición describió un escenario completamente distinto:

“En la calle la realidad es otra: el servicio sigue siendo caro, irregular y de mala calidad. Mucho relato, pocos cambios”.

La crítica no se limita a la calidad del servicio: apunta al modelo de gestión política. Para la oposición, el Ejecutivo recurre a una estrategia discursiva defensiva —culpar a gestiones anteriores— sin mostrar reformas estructurales visibles. El transporte se convierte así en el emblema más claro de la distancia entre el discurso institucional y la experiencia cotidiana de los vecinos.


La plataforma digital Mi Docta, presentada como emblema de modernización, también fue resignificada desde la oposición. Lejos de rechazar la digitalización, el cuestionamiento apunta a su implementación:

“Modernización, sí. Pero también exclusión: miles de adultos mayores no manejan tecnologías y quedan afuera del sistema. Digitalizar sin inclusión no es progreso, es desigualdad”.

El planteo es político e ideológico: donde el oficialismo habla de progreso, la oposición denuncia fragmentación social y nuevas barreras de acceso a derechos básicos. La modernización, sin políticas de acompañamiento, deja de ser inclusión y se transforma en un nuevo filtro de exclusión.


La concejal Elisa Caffaratti fue aún más directa en su lectura política:

“La ciudad que ve Passerini no es la que vemos los concejales de la oposición y tampoco la que ven los vecinos de Córdoba”.

Para Caffaratti, Córdoba atraviesa un “punto muerto”, con déficits estructurales en servicios básicos, mientras el Ejecutivo construye un relato de avances que no se traduce en mejoras concretas. El concepto de “ciudad paralizada” empieza a instalarse como contra-narrativa al discurso de recuperación que intenta sostener el oficialismo.


Uno de los ejemplos más claros de esa crítica estructural fue el plan de pavimentación:

“Nos prometen 800 cuadras más otras 800 como una gran solución, cuando la ciudad tiene 9.000 calles de tierra. A este paso vamos a tardar décadas”.

La oposición no cuestiona el anuncio en sí, sino su escala. El problema no es hacer obras, sino presentarlas como soluciones estructurales cuando apenas representan una fracción mínima del déficit urbano real. El mensaje implícito es político: el gobierno administra expectativas, no transformaciones.


En materia de seguridad urbana, el cuestionamiento fue directo:

“Es la misma promesa reiterada que se hizo el año pasado y no se cumplió”.

La reiteración de anuncios sin ejecución instala una narrativa de gobierno comunicacional: promesas que se reciclan, discursos que se repiten, resultados que no llegan. La oposición busca fijar la idea de un Ejecutivo más preocupado por el anuncio que por la implementación.


Quizás el dato más significativo fue la omisión del intendente sobre el pliego de licitación y el marco regulatorio del transporte:

“Durante dos años prometió que en este Concejo íbamos a aprobar el pliego de licitación y el marco regulatorio para transparentar el servicio. Esta vez hizo silencio total”.

Para la oposición, el silencio no es casual: es una decisión política. Implica la continuidad de un sistema “malo y caro”, sin reformas estructurales ni transparencia. No es ausencia de agenda, es definición de agenda.


Lo que quedó expuesto no es solo una respuesta discursiva, sino una disputa simbólica profunda sobre el sentido de ciudad:

  • El oficialismo construye una narrativa de orden, recuperación, integración y modernización.
  • La oposición describe una Córdoba estancada, desigual, con servicios deteriorados y promesas recicladas.

La frase final de la UCR lo sintetiza con claridad:

“Desde la UCR vamos a seguir defendiendo a los vecinos con control, propuestas y transparencia”.

Más que una reacción coyuntural, la intervención opositora marca el inicio de una estrategia política sostenida: disputar el sentido común que el oficialismo intenta instalar, convertir cada anuncio en un campo de debate público y construir una narrativa alternativa de ciudad.

La apertura del año legislativo no ordenó el escenario político: lo tensionó. Y dejó una certeza que empieza a recorrer el tablero: la campaña 2027 ya empezó, aunque nadie la haya declarado oficialmente.

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