En pleno clima de definiciones políticas y con un calendario interno que empieza a acelerarse, el espacio que conduce Rodrigo de Loredo decidió marcar un antagonista claro dentro del radicalismo cordobés: el legislador provincial Dante Rossi.
Mientras el deloredismo despliega una estrategia de diálogo amplio con prácticamente todas las terminales de la Unión Cívica Radical, Rossi fue ubicado en la “vereda de enfrente”, como el principal factor de tensión interna en la disputa que se avecina.

La lógica del esquema es doble. Por un lado, apertura política: canales activos con la mayoría de los sectores boinablancas, predisposición a construir consensos y, si eso no prospera, la decisión explícita de ir a internas. Por otro, un límite público y político: con Rossi no hay margen de entendimiento. En el entorno de De Loredo lo dicen sin rodeos: ven “muy difícil” cualquier acuerdo con el legislador.
Internas sí, consenso también (pero sin Rossi)
Desde el deloredismo confirman que están dispuestos a disputar una interna partidaria si no se logra una síntesis. Incluso empieza a circular la posibilidad de una convocatoria al Comité Provincia en los próximos días. La puerta al acuerdo sigue abierta, pero condicionada a que haya consenso con la mayoría de los núcleos internos. En ese esquema, Rossi aparece como el único actor explícitamente excluido de cualquier negociación política.
No se trata solo de una diferencia coyuntural, sino de una disputa estratégica. El roce se profundizó durante 2024, cuando Rossi reclamó formalmente la conformación de su núcleo interno. Ante la falta de respuesta partidaria, optó por judicializar el proceso, un gesto que en el deloredismo fue leído como una escalada directa del conflicto y una ruptura de los canales políticos tradicionales.
Armado propio y disputa de poder real
A pesar de no contar aún con un núcleo formalizado, “El Colorado” avanzó con su propio armado territorial y político. El sábado pasado, en Mina Clavero, impulsó la candidatura del intendente Luis Quiroga para presidir la UCR provincial. El mensaje fue inequívoco: Rossi no solo cuestiona la conducción actual, sino que está dispuesto a disputar de manera directa el control partidario.
Ese movimiento marca un punto de inflexión. Ya no se trata de reclamos internos o posicionamientos discursivos, sino de una construcción concreta de poder dentro del partido, con candidatos, estructura y proyección.
2027 en el horizonte: la pelea ya no es solo partidaria
La disputa no se agota en la UCR. El foco ya está puesto en 2027. En paralelo a la interna partidaria, Rossi comenzó a mostrarse en la calle con una instalación política explícita: “Dante Rossi, intendente de la ciudad de Córdoba”. La propaganda no pasó inadvertida y en el deloredismo la interpretan como un anticipo de la batalla mayor.
La lectura es clara: la confrontación no será solo institucional dentro del partido, sino también territorial, con la ciudad de Córdoba como escenario central. La interna radical empieza a mezclarse con la futura disputa por el poder municipal, adelantando un escenario de superposición de conflictos.
El fantasma del 2025 y el antecedente Mestre
En el entorno de De Loredo sobrevuela un recuerdo incómodo: el desenlace de las legislativas de 2025, cuando una resolución judicial terminó habilitando la candidatura a diputado nacional de Ramón Mestre en medio de una UCR fracturada. Aquella jugada, que dejó heridas internas profundas, es hoy un espejo que genera alertas.
El temor es que se repita una dinámica similar, pero esta vez con Rossi ocupando el rol de opositor interno, utilizando el sistema judicial y la fragmentación partidaria como herramientas para disputar poder.
Sintonías cruzadas y sospechas políticas
A ese cuadro se suma un elemento más, que empieza a circular en sectores del radicalismo: la supuesta sintonía política entre Rossi y la vicegobernadora Miriam Prunotto. No se habla de un acuerdo formal ni de una alianza explícita, pero sí de una afinidad estratégica que genera ruido interno y alimenta suspicacias.
Un antagonista funcional
En términos políticos, el deloredismo parece haber tomado una decisión clara: ordenar el tablero interno necesita un antagonista definido. Rossi cumple ese rol. La construcción de un “frente amplio” dentro del radicalismo requiere también un “afuera” interno que funcione como límite y contraste.
Así, la interna de la UCR cordobesa entra en una nueva fase: menos ambigüedades, más polarización, y una disputa que ya no se esconde detrás de formalismos partidarios. El mensaje es claro: el diálogo es amplio, pero no infinito. Y Rossi, para el deloredismo, ya quedó del otro lado de la línea.
