Rodrigo de Loredo: unidad, liderazgo y disputa abierta en el frente no peronista

El exdiputado nacional por Córdoba de la Unión Cívica Radical, Rodrigo de Loredo, salió a responder con firmeza a las acusaciones del senador de La Libertad Avanza, Luis Juez, quien lo había señalado como responsable de haber sido funcional al oficialismo provincial en las elecciones de 2023. En una serie de declaraciones que revelan el nivel de tensión dentro del arco opositor cordobés, De Loredo no sólo rechazó de plano esas versiones, sino que además comenzó a delinear una estrategia política con horizonte claro: la disputa por la Gobernación en 2027.

No lo abandoné nunca. Estuvimos muy cerca, casi ganamos la provincia. Lloré con él ese día”, afirmó De Loredo, visiblemente afectado por los dichos de Juez, quien había asegurado que el dirigente radical fue “un instrumento del Gobierno provincial” para que él perdiera los comicios. Lejos de esquivar el golpe político y emocional, el radical fue directo: “Me duele un montón”. Y ante la repregunta sobre la veracidad de esas afirmaciones, fue tajante: “Absoluta y totalmente falsas. Él sabe que es falso, pero voy a poner todo de mí, como hice la vez pasada, para que este frente no peronista esté unido”.

Unidad discursiva, disputa real

El discurso de De Loredo combina dos planos que hoy atraviesan a la oposición cordobesa: la apelación permanente a la unidad del espacio no peronista y, en paralelo, la construcción de liderazgo propio. En ese marco, anunció la organización de un gran acto político en el Quality Espacio, donde —según explicó— hablará “a los cordobeses de la Córdoba que vemos, de las cosas que vamos a proponer en concreto”.

Sin embargo, el mensaje más político llegó cuando marcó diferencias con el armado de Juez. De Loredo reveló que el mismo día de su acto, el senador realizará otro evento junto al diputado Gabriel Bornoroni. Lejos de esquivar la confrontación, dejó una frase que grafica el clima interno:
Yo los invito a ellos a este acto. No sé por qué hacen otro, si ya se sabía que nosotros íbamos a hacerlo. No me parece mal, no tengo ningún problema. Es más, a mí me viene bien porque toda la dirigencia que trabaja conmigo me va a servir para saber quién es quién y con quién está cada uno. Gabriel y Juez ese día estarán jugando su semifinal y yo los espero para la final”.

La metáfora deportiva no es ingenua: De Loredo empieza a instalar la idea de competencia interna, de liderazgo en disputa y de una carrera política que ya no se esconde detrás del discurso de unidad.

2027 como horizonte político

Consultado directamente sobre la posibilidad de competir por la Gobernación de Córdoba en 2027 y si será él quien defina la candidatura dentro del espacio opositor, respondió con una frase que condensa ambición y mensaje político:
Está mal que yo lo diga, pero hoy somos los que garantizamos en Córdoba la derrota del PJ, y ellos no. Somos el frente unido con nosotros a la cabeza”.

La afirmación no solo interpela al peronismo provincial, sino también a sus socios y competidores internos dentro del espacio no peronista. En el fondo, De Loredo instala una idea clave: la conducción de la oposición no es colectiva, sino que —según su visión— hoy tiene un centro de gravedad claro.

Reacomodamiento opositor y tensión creciente

Las declaraciones se dan en un contexto de fuerte reconfiguración del mapa opositor cordobés, con movimientos tácticos, reposicionamientos discursivos y disputas por el liderazgo real del espacio. La convivencia entre radicales, libertarios y sectores aliados aparece cada vez más frágil, atravesada por desconfianzas, reproches cruzados y estrategias divergentes.

De Loredo insiste públicamente en la necesidad de mantener la unidad del frente no peronista, pero al mismo tiempo construye un relato de centralidad política propia. En los hechos, ya no se muestra como un socio más, sino como un actor que busca conducir, ordenar y definir el rumbo electoral.

Con 2027 como horizonte, la oposición cordobesa entra en una etapa donde la unidad discursiva convive con una interna real cada vez más explícita. Y Rodrigo de Loredo, lejos de correrse de esa tensión, parece decidido a capitalizarla políticamente.

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