Mestre redefine su estrategia

Ramón Mestre volvió a mover el tablero del radicalismo cordobés. El exintendente de la ciudad de Córdoba profundiza su recorrida por el interior provincial y por los barrios de la Capital en modo campaña, en el marco de una interna partidaria que todavía no tiene calendario ni reglas claras. Pero, más allá del despliegue territorial, lo que empieza a llamar la atención es el giro político de su discurso: apertura al diálogo con el oficialismo partidario, construcción de un proyecto común de la UCR y, por primera vez, la posibilidad —hasta hace poco impensada— de acuerdos con los libertarios como parte de una estrategia para que el peronismo no vuelva a ser gobierno en la provincia.

En cada parada de su gira, Mestre insiste con un mensaje que combina presión institucional y tono conciliador. Reclama públicamente a Marcos Ferrer y al Comité Provincia la presentación del calendario electoral para las internas que deben disputarse este año, pero al mismo tiempo encripta una señal de apertura: el diálogo es necesario para construir una idea de UCR a futuro. Desde su entorno repiten una consigna clara, dirigida al actual esquema de conducción: “el que conduce, convoca”. El mensaje es directo hacia Ferrer y Rodrigo de Loredo, a quienes responsabilizan por dar el puntapié inicial para abrir un espacio de discusión real y terminar con la fragmentación interna.

El propio Mestre reforzó esa línea en redes sociales hace pocos días:
“Desde un sector del radicalismo de Córdoba creemos, firmemente, que el tiempo del peronismo provincial está agotado. Por eso, desde la oposición llegó el momento de construir una alternativa. Esta vez, en serio; con responsabilidad, con cordura, con generosidad, entendiendo, puntualmente, que el programa de gobierno le tiene que ganar a los intereses personales”.
La consigna se repite como mantra en su armado: el plan de gobierno por encima de los egos, el proyecto colectivo por encima de las ambiciones individuales.

En el trasfondo, el radicalismo sigue empantanado en la indefinición. Desde sectores que supieron ser aliados tanto de De Loredo como de Mestre sostienen que el actual presidente del partido buscará una prórroga para continuar al frente del Comité Provincia. El cálculo político es doble: la prórroga fortalece a Ferrer, que sin esa banca quedaría reducido al rol de un intendente más en un año clave de definiciones, y al mismo tiempo le sirve a Mestre, que gana tiempo y mantiene su función en el Comité Nacional.

Sobre el calendario electoral, el silencio es absoluto. A fines de diciembre de 2025, el deloredista e intendente de Río Tercero había confirmado en la Casa Radical que habría comicios internos, pero desde entonces no hubo avances concretos. Para algunos militantes fue un mensaje para “calmar las aguas” y cerrar el año sin conflicto; para otros, una promesa que se diluyó en el verano. En el mestrismo, en cambio, insisten en que primero debe haber un acuerdo político puertas adentro, luego un programa y recién después las reglas del juego.

En ese contexto, Mestre inició el año político a mediados de enero con una foto de alto impacto simbólico: la visita del presidente del partido a nivel nacional, Leonel Chiarella. Desde entonces, sus redes funcionan como una hoja de ruta política, marcando el rumbo de su espacio y dejando señales hacia adentro del radicalismo.

La novedad más fuerte, sin embargo, es estratégica. En su línea interna ya no descartan abrir canales de conversación con La Libertad Avanza. Una postura impensada en 2025, pero que hoy aparece como una posibilidad en el marco de un objetivo mayor: construir una oposición competitiva frente al peronismo cordobés. La condición que repiten es clara: cualquier diálogo debe estar subordinado al proyecto de radicalismo que se construya dentro del Comité, no a acuerdos oportunistas ni personales.

Puertas adentro del partido, el debate es intenso. La consigna de unidad aparece como consenso discursivo, pero con una condición política: no puede basarse en proyectos individuales ni en armados de corto plazo. “Cuando trabajan por intereses personales, solo terminan generando una bolsa de trabajo para militantes cercanos y no un proyecto común”, resume un dirigente.

El capítulo de los intendentes agrega complejidad. En general, los jefes municipales no ven con buenos ojos la realización de internas provinciales. Están concentrados en la gestión, en sus urgencias locales y, sobre todo, en evitar que La Libertad Avanza les dispute poder territorial con candidatos propios. En ese esquema, el “acopio de intendentes” se vuelve un factor volátil: no alcanza con la defensa del sello partidario cuando la lógica dominante es la supervivencia local.

Mientras tanto, los escenarios se multiplican. Las declaraciones de Gabriel Bornoroni en Canal 12, cuando aseguró que “La Libertad Avanza tendrá candidato propio en Córdoba”, no pasaron desapercibidas y reactivaron alarmas en el radicalismo. A eso se sumaron las especulaciones sobre posibles entendimientos entre los libertarios y el gobernador Martín Llaryora, alimentadas por los votos de diputados del peronismo cordobés a favor de las reformas de Javier Milei y por antecedentes en otras provincias, como los casos de Raúl Jalil, Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo y Claudio Poggi.

En ese tablero inestable, Mestre intenta posicionarse con una estrategia que combina territorialidad, presión institucional y redefinición discursiva. Diálogo interno, proyecto común, unidad opositora y apertura táctica hacia nuevos actores. Un combo que, lejos de cerrar la interna radical, la recalienta, pero que también expone una certeza compartida: sin un proyecto claro y una conducción ordenada, la UCR cordobesa seguirá discutiendo nombres mientras el peronismo sigue administrando el poder. Y en política, ese suele ser el peor de los escenarios.

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