El silencio también es una forma de decidir

Por Miguel O. Nicolás – Legislador provincial – Bloque UCR

En política, no siempre hace falta levantar la voz para tomar una posición. A veces alcanza con correrse. Y eso fue, precisamente, lo que ocurrió en el debate por la reforma laboral. La decisión del gobernador Martín Llaryora de otorgar “libertad de acción” a sus diputados nacionales puede leerse como un gesto de respeto institucional, pero también como una forma elegante de no involucrarse en una discusión incómoda.

No lo digo desde la estridencia ni desde la descalificación. Lo digo desde la lógica política: cuando un tema es estructural, sensible y profundamente social, la ausencia de una posición clara no es neutralidad, es definición por omisión.

Los números hablan solos. De los seis diputados del bloque, solo tres estuvieron en sus bancas. No hubo postura común, no hubo señal política nítida, no hubo identidad de bloque. Hubo dispersión. Y la dispersión, en política, también comunica.

Entre esas ausencias, hubo una que concentró todas las miradas: la de Juan Schiaretti. No fue una ausencia más. Fue una presencia simbólica desde el silencio. Porque cuando una figura central del cordobesismo no participa de un debate de esta magnitud, el mensaje no es ingenuo: es político, aunque no se verbalice.

Entiendo que gobernar implica priorizar la gestión, evitar desgastes innecesarios y administrar tiempos. Pero también implica algo más profundo: dar orientación política. Gobernar no es solo administrar; es conducir. Y la conducción, incluso cuando es prudente, necesita dejar huellas claras.

La “libertad de acción” puede ser un recurso válido, pero no puede transformarse en una lógica permanente. Porque cuando se convierte en método, termina diluyendo responsabilidades, fragmentando espacios y desdibujando identidades políticas.

Desde la UCR creemos que la sociedad no demanda gritos ni confrontación permanente, pero sí coherencia, claridad y definiciones. No hace falta sobreactuar posiciones, pero tampoco esconderlas detrás de fórmulas ambiguas.

Lo que quedó de este episodio no fue una derrota parlamentaria. Fue una señal política tenue, difusa, difícil de interpretar. Y cuando la política deja de ser clara, otros ocupan ese espacio.

A veces, el silencio no evita el costo. Solo lo posterga.
Y, en algunos casos, lo hace más caro.

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