La votación de la reforma laboral en la Cámara de Diputados no solo reordenó el tablero político nacional, sino que también agitó las aguas en Córdoba. A nivel país, el gobierno de Javier Milei consiguió una victoria parcial que ahora deberá refrendar en el Senado, con la expectativa de llegar al 1° de marzo —Apertura de Sesiones Legislativas— con un triunfo legislativo bajo el brazo. En el plano provincial, en cambio, el foco estuvo puesto en la fragmentación del bloque cordobés y, sobre todo, en la ausencia de Juan Schiaretti, lo que disparó especulaciones sobre un supuesto acuerdo político entre el Panal y la Casa Rosada.

Desde el Centro Cívico, sin embargo, la respuesta fue inmediata y tajante: no hubo estrategia, ni alineamiento, ni orden partidaria. “Les dimos libertad de acción total a los diputados”, repiten en los despachos oficiales. La aritmética parlamentaria, según esa lectura, confirma el argumento: tres legisladores no estuvieron presentes (Schiaretti, Alejandra Torres e Ignacio García Aresca), dos votaron a favor y uno en contra. “Ni siquiera dimos quórum. El oficialismo nacional lo consiguió por otro lado”, subrayan.
La ausencia del exgobernador, además, es explicada en clave práctica, no política: “No podía estar por el paro y no asistió”. Sin dramatización ni sobreactuación. En la misma línea, relativizan el impacto político del episodio: “La reforma laboral es del presidente. Si le va bien, le va bien a él; si le va mal, también”.
Donde sí admiten tensiones internas es en el Fondo de Asistencia Laboral (FAL). Allí aparecen los matices del oficialismo provincial. “La opinión personal de Martín es que hacía falta una modernización, pero sin afectar derechos. El FAL no nos gustaba”, reconocen, marcando un límite claro entre la idea de reforma y el contenido concreto del proyecto.
Gestión primero, Congreso después
La línea política que baja del Panal es clara: el centro de la estrategia no está en el Congreso, sino en la gestión cotidiana. “La elección se va a definir por lo que muestre el gobierno, no por el armado opositor”, repiten cerca de Martín Llaryora. La consigna es casi binaria: “Si llegamos bien con la gestión, ganamos. Si no, no tenemos futuro”.
En ese marco, 2026 aparece como el año clave de consolidación. “Sembramos en 2024 y 2025, ahora tiene que florecer lo que pusimos en marcha”, sintetizan. La hoja de ruta incluye finalización de obras viales estratégicas, fortalecimiento del programa Córdoba en Alerta (con el objetivo de alcanzar 250.000 adherentes), ordenamiento del espacio público en la Capital, mejoras en la experiencia hospitalaria y una agenda educativa destinada a recomponer el vínculo con el sector docente.
La lógica es simple y cruda: “A los gobiernos que funcionan, la gente los valida. Si estamos bien, hacen fila para venir. Si estamos mal, todos se quieren ir”.
Milei, la economía real y el modelo productivo
En el análisis del oficialismo cordobés, la clave nacional está atada al desempeño económico. “Si la economía funciona, Milei va a estar fuerte. Si no, se complica. La gente decide según su metro cuadrado”, repiten. De hecho, una encuesta que circuló por despachos oficiales muestra una baja de casi 15 puntos en la imagen presidencial en ciudades productivas de Córdoba donde grandes empresas atraviesan situaciones complejas.
La preocupación no es solo política, sino fiscal y social: desaceleración económica, caída de recaudación y deterioro del tejido social. Llaryora lo expuso con crudeza en una reciente entrevista en Canal 10: aumento del 40% en la cobertura hospitalaria, pérdida de empleos, abandono de prepagas y una señal alarmante —“hay gente que deja de tomar medicamentos por la situación económica”— que dibuja un escenario de caída del ingreso, del consumo y endeudamiento creciente.
El segundo eje es el modelo productivo. Allí se da el diálogo más delicado con la Casa Rosada. Llaryora reconoce el orden macroeconómico, pero marca un límite político y estructural: “Está bien ordenar la macro, pero ahora ordename la política de desarrollo”. La advertencia es directa: sin política industrial, la estabilización puede derivar en destrucción del tejido productivo y cierre de empresas. Para el gobernador, la convivencia entre una “macro ordenada” y una “economía real golpeada” es el principal riesgo de 2026.
Oposición, libertarios y la mirada hacia 2027
Sobre la interna opositora, en el Panal bajan la espuma. Cruces entre radicales y libertarios, disputas de liderazgo y reposicionamientos no generan alarma. “No vemos nada que nos preocupe. La clave es gestión”.
Incluso el mapa libertario es leído con frialdad: el “candidato natural” sería Gabriel Bornoroni, por su vínculo directo con Karina Milei. “No les importa Juez ni De Loredo”, arriesgan. Y agregan un dato estratégico: creen que La Libertad Avanza no priorizará la elección provincial, concentrada en la reelección presidencial.
Relación institucional y deuda
Pese a las diferencias discursivas, en el Centro Cívico destacan que la relación institucional con el Gobierno nacional fue, hasta ahora, “beneficiosa” para Córdoba, especialmente por el acuerdo de refinanciación de deuda por 1.600 millones de dólares. “Nos adaptamos a las reglas nacionales, pero defendiendo lo nuestro”, resumen.
El cierre del diagnóstico es político y estratégico: “Arrancamos febrero con un piso interesante en imagen e intención de voto. Estamos mejor que a esta altura de 2022. La clave es que la gente vea que hacemos. Lo demás es ruido”.
En definitiva, el mensaje del Panal es consistente: libertad de acción en el Congreso, distancia táctica de la Casa Rosada, pero una apuesta total a la gestión como único capital real de poder. La reforma laboral agitó el tablero, pero en Córdoba la jugada no pasa por la rosca, sino por el resultado. Y ese es, quizás, el dato más político de todos.
