Radicalismo en modo 2027

El radicalismo cordobés empieza a ordenar su calendario y, con él, su estrategia de poder. En una señal que confirma que el partido decidió no repetir los errores del pasado, el legislador Miguel Nicolás adelantó la fecha tentativa de las internas radicales: 7 de junio. La definición no es menor. Marca el primer mojón concreto del camino hacia el 2027 y revela una conducción partidaria decidida a anticipar las discusiones, ordenar liderazgos y evitar los desgastes que históricamente dejó la indefinición.

La revelación de Nicolás se suma a las declaraciones previas de Oscar Saliba, secretario electoral del Comité Provincial, quien ya había deslizado la necesidad de ubicar la interna antes del Mundial de Fútbol. El mensaje es claro: el radicalismo quiere resolver su ingeniería interna con tiempo, ya sea a través de un consenso amplio en el Congreso Partidario o, si no hay síntesis posible, mediante una confrontación abierta de listas en las urnas.

Porque la interna radical no es un trámite burocrático: es la condición política indispensable para que el centenario partido pueda proyectarse con algo más que buenas intenciones hacia el escenario electoral del 2027. Sin reglas claras, sin liderazgos definidos y sin capacidad institucional para cerrar acuerdos, cualquier estrategia de poder queda reducida a la especulación.

De Loredo, el apuro estratégico y la necesidad de control interno

En ese marco, la jugada de Rodrigo de Loredo aparece como una decisión política calculada. El diputado nacional lanzó tempranamente su candidatura a la Gobernación convencido de una lección básica de la experiencia: estirar las definiciones no juega a favor. Para disputar el liderazgo de una oferta electoral amplia que amalgame al arco opositor, primero necesita garantizarse dos cosas: la conducción real del radicalismo cordobés y la capacidad de cerrar acuerdos electorales a través del Congreso Partidario.

La interna, entonces, no es solo una disputa partidaria: es la llave de acceso al armado político mayor. Sin esa “primera butaca” en la escudería radical, cualquier aspiración provincial queda condicionada.

El plano nacional y la jugada Cornejo

Pero la política rara vez respeta cronogramas prolijos. Mientras el radicalismo cordobés ordena su interna, De Loredo ya empezó a “orejear” el escenario nacional. Y ahí lanzó una definición que agitó el tablero: señaló al gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, como posible acompañante de Javier Milei en una fórmula presidencial para 2027.

El planteo no es ingenuo. Cornejo, impedido constitucionalmente de buscar la reelección, encarna un radicalismo dialoguista, con buena relación con la Casa Rosada y con proyección nacional. Para De Loredo, una fórmula Milei–Cornejo funcionaría como anclaje político de un acuerdo nacional que, por derrame, podría reconfigurar el mapa provincial.

Sin embargo, el terreno es pedregoso. La interna libertaria ya está en ebullición alrededor de la futura vicepresidencia. El eje Karina Milei–hermanos Menem busca imponer un nombre propio, mientras que las llamadas “Fuerzas del Cielo” intentan bloquear cualquier injerencia del clan riojano. En ese conflicto hay una coincidencia tácita: ninguno de los bandos piensa en un radical para la fórmula.

Por eso, más allá del impacto mediático, las palabras de De Loredo difícilmente incidan en la cocina real del poder libertario. Pero sí cumplen otra función: instalar una hipótesis política.

La hipótesis del gran acuerdo y el factor Córdoba

Hoy, una alianza entre La Libertad Avanza y el radicalismo en Córdoba parece lejana. Más aún si se considera que la Casa Rosada todavía capitaliza el respaldo electoral que recibió del Frente Cívico en las legislativas de medio término. La gratitud política también cuenta.

Pero el cálculo estratégico no es erróneo. Si el oficialismo nacional decidiera estructurar un acuerdo con el ala radical que encarnan Cornejo y otros gobernadores UCR que han sostenido al Gobierno en momentos clave, la lógica podría cambiar. En ese escenario, la alquimia de un gran frente que articule libertarios y radicales en Córdoba dejaría de ser una fantasía para convertirse en una hipótesis políticamente viable.

Conclusión: internas como punto de partida, alianzas como horizonte

La fecha tentativa del 7 de junio no es solo un dato de calendario. Es el primer acto de una estrategia más amplia. El radicalismo cordobés entiende que sin orden interno no hay proyección externa. Y que sin proyección nacional, la pelea provincial queda limitada.

De Loredo juega en ambos tableros: ordena la interna y, al mismo tiempo, proyecta alianzas de alcance nacional. Puede que sus definiciones no tengan impacto inmediato en la interna libertaria, pero sí cumplen una función clave: posicionar al radicalismo como actor necesario en cualquier arquitectura opositora del 2027.

En un sistema político fragmentado, donde nadie gana solo, la UCR parece haber entendido que el poder ya no se construye únicamente con identidad partidaria, sino con capacidad de articulación. Y el 7 de junio, más que una interna, puede ser el primer ensayo general de esa nueva lógica.

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