Obediencia nacional y silencio provincial: el vacío político de ScKiaretti y Llaryora

Por Miguel Nicolas – Legislador Provincial – Bloque UCR

Escribo estas líneas con indignación, pero también con claridad política. Porque lo que ocurrió en la Cámara de Diputados con la reforma laboral impulsada por el gobierno nacional dejó al descubierto algo que en Córdoba muchos venimos denunciando desde hace años: Schiaretti y Llaryora siempre fueron y siguen siendo funcionales al poder central, sin importar quién gobierne la Nación. Antes fue el kirchnerismo; hoy es el mileísmo. El patrón es el mismo: dependencia política, alineamiento oportunista y sometimiento a cambio de recursos para tapar malas administraciones.

En una sesión clave, donde se debatía una reforma laboral que afecta derechos históricos, condiciones de trabajo, indemnizaciones y el equilibrio entre empleadores y trabajadores, Juan Schiaretti se borró. No estuvo. No dio la cara. No defendió a los trabajadores.
Y Martín Llaryora también se borró políticamente, escondido detrás de ausencias, silencios y ambigüedades, mientras el cordobesismo se partía en pedazos dentro del recinto.

La excusa fue logística, el contexto fue el paro, el argumento fue el clima social. Pero la realidad es una sola: cuando hay que elegir entre el poder y los trabajadores, eligen el poder.

No es casual. Nunca lo fue.

El cordobesismo siempre funcionó como un espacio “bisagra”, útil al poder central de turno. Hoy se llaman Provincias Unidas, ayer se llamaban cordobesismo, antes eran parte del entramado kirchnerista. Cambian los nombres, cambian los discursos, cambian los relatos… pero el comportamiento político es idéntico: alinearse con Nación para conseguir recursos que luego se usan para sostener estructuras de poder, no para transformar la realidad de la gente.

Hablan de federalismo, pero practican dependencia.
Hablan de autonomía, pero negocian sometimiento.
Hablan de Córdoba primero, pero siempre priorizan su vínculo con la Casa Rosada.

Y lo más grave: mienten.

Mienten cuando se presentan como defensores del trabajador.
Mienten cuando hablan de un modelo cordobés distinto.
Mienten cuando se muestran como una alternativa al kirchnerismo y al mileísmo, porque en realidad siempre terminan siendo funcionales a ambos.

Hoy fue con Milei. Ayer fue con el kirchnerismo. Mañana será con quien gobierne.

La ausencia de Schiaretti en esa sesión no es un dato menor: es un símbolo. Es la demostración de que cuando hay conflicto social real, cuando hay tensión, cuando hay costos políticos, eligen no estar. Eligen borrarse. Eligen el silencio. Eligen la comodidad.

Y Llaryora, su heredero político, repite el mismo esquema: discurso provincialista, práctica dependiente. Retórica de autonomía, conducta de subordinación.

Por eso digo basta.
Basta de mentirle a los cordobeses.
Basta de construir relatos que no resisten el archivo.
Basta de vender independencia cuando hay dependencia.
Basta de hablar de gestión cuando hay sometimiento político.

Córdoba no necesita dirigentes alineados al poder nacional de turno.
Necesita dirigentes con coraje.
Con convicciones.
Con coherencia.
Con decisión política para defender a su gente, incluso cuando eso tenga costos.

Porque cuando hay que elegir entre los trabajadores y el poder, hay que tener la dignidad de pararse del lado correcto.

Y esta vez, una vez más, Schiaretti y Llaryora eligieron el lado equivocado.

BASTA DE MENTIR.

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