En un movimiento que busca romper con la tradición interna de la Unión Cívica Radical (UCR) en Córdoba, los dirigentes Javier Bee Sellares, Juan Balastegui, Javier Fabre y Juan Negri, junto a la concejala Claudia Luján, presentaron este martes el proyecto “Viva Córdoba”, una iniciativa que propone reordenar la construcción política en la capital desde una lógica distinta: menos rosca interna, menos núcleos partidarios y más planificación estratégica de largo plazo para la ciudad.

El lanzamiento se realizó en el Paseo Sobremonte, en el patio trasero del Palacio 6 de Julio, un escenario cargado de simbolismo institucional. Allí, los dirigentes radicales expusieron una plataforma común centrada en ideas y propuestas concretas para Córdoba, evitando deliberadamente personalismos y candidaturas. En el público acompañaron las legisladoras Daniela Gudiño y Ariela Szpaning, reforzando el mensaje de armado político con respaldo territorial.
Una ruptura con la lógica histórica de la UCR
El gesto político no es menor. En las últimas dos décadas, la UCR cordobesa se caracterizó por un esquema previsible: primero negociación entre líneas internas, luego definición de candidaturas y recién después discusión programática. “Viva Córdoba” intenta invertir ese orden. La apuesta es construir primero una agenda de ciudad, generar consensos estratégicos y postergar la disputa de nombres para una etapa posterior.
El objetivo explícito es separar la carrera por la intendencia de Córdoba en 2027 de las internas partidarias que el radicalismo podría enfrentar ya en 2026. En otras palabras: descomprimir la competencia interna para evitar que el debate político quede atrapado en lógicas facciosas que desgastan antes de tiempo a los actores.
2027 en el horizonte y oportunidad política
Detrás del discurso programático hay una lectura clara del contexto. El radicalismo percibe una ventana de oportunidad en la ciudad:
- Una gestión municipal erosionada
- Un peronismo que muestra signos de desgaste como marca política en la capital
- Un gobierno provincial que intenta sostener al municipio con fondos y protagonismo de funcionarios propios
- Un intendente que no podrá buscar la reelección
Ese escenario abre una posibilidad concreta para que la oposición vuelva a disputar seriamente el control del Palacio 6 de Julio. “Viva Córdoba” no solo propone pensar la ciudad: también busca ordenar el mapa de aspiraciones dentro del radicalismo, legitimando quiénes serán los actores que se sienten en las mesas de negociación futura y delimitando, de hecho, el lote de precandidatos reales para 2027.
Cambio de época: menos marcas partidarias, más esquemas amplios
El proyecto también se inscribe en una tendencia más amplia: el debilitamiento de las estructuras partidarias tradicionales como marcas electorales y el desgaste de los liderazgos unipersonales. La comunicación política ya no gira exclusivamente alrededor de sellos partidarios ni figuras únicas, sino de espacios amplios, con diversidad de referentes, discursos múltiples y capacidad de interpelar a públicos distintos.
En ese marco, “Viva Córdoba” intenta diversificar volumen político, sumar densidad territorial y construir una identidad más amplia que la del radicalismo clásico, sin renunciar a su base partidaria.
Una señal de largada en la capital
La jugada funciona como una bandera de largada en la política cordobesa. Marca el inicio de una nueva etapa para un sector del radicalismo que, al menos por ahora, propone:
- Menos acuerdos de cúpula
- Más debate territorial
- Menos internas anticipadas
- Más construcción programática
Sin embargo, la nota al pie es inevitable: el sistema político tiende a reabsorber las lógicas que intenta romper. La cercanía de las internas partidarias, la presión de los tiempos electorales y la eventual irrupción de figuras con alto nivel de conocimiento público pueden volver a tensar la cuerda.
Por ahora, la señal está dada. En la ciudad de Córdoba, el radicalismo empezó a moverse con una jugada que no busca solo competir con el peronismo, sino cambiar primero sus propias reglas de juego antes de salir a disputar puertas afuera. Una apuesta estratégica que, más allá del resultado, ya reconfigura el tablero político rumbo al 2027.
