Llaryora mueve sus fichas

El gobernador Martín Llaryora decidió convertir el verano en una plataforma política. Lejos de ser simples recorridas institucionales, la presencia sistemática de funcionarios provinciales en festivales y eventos culturales expuso una estrategia clara: posicionar a un tridente de dirigentes como posibles herederos del poder municipal en la ciudad de Córdoba, pensando en la sucesión del intendente Daniel Passerini en 2027.

Los protagonistas son Miguel Siciliano, Juan Pablo Quinteros y Marcelo Rodio. Tres nombres, tres perfiles distintos, una misma lógica política: presencia territorial, alta visibilidad pública y una construcción anticipada de poder en la capital.


El verano como escenario político

La estrategia se hizo particularmente visible en la última edición del Cosquín Rock, donde la presencia conjunta de los tres funcionarios no pasó desapercibida. Sin embargo, puertas adentro del oficialismo provincial advierten que no se trató de un hecho aislado: el tridente estuvo presente en prácticamente todos los festivales del verano, en una lógica de construcción de imagen y territorialidad que excede lo cultural y lo institucional.

“Son las apuestas de Llaryora por la ciudad y esto se vio reflejado, primero con los cambios en el gabinete a fines del año pasado, pero mucho más por la presencia de los tres en casi todos los festivales”, sintetizó un dirigente del entorno del gobernador.

La lectura es clara: no se trata solo de acompañamiento político, sino de una intervención sutil de la Provincia sobre la gestión municipal, con actores provinciales ocupando centralidad simbólica en el espacio urbano.


Siciliano: experiencia, estructura y proyección nacional

Siciliano es, probablemente, el jugador con mayor volumen político propio. Fue jefe del bloque oficialista en la Legislatura Unicameral, candidato en 2023 y uno de los nombres que sonaron con fuerza cuando Llaryora debía definir al postulante a intendente, decisión que finalmente favoreció a Passerini.

Su ingreso al Ministerio de Vinculación Comunitaria generó tensiones internas dentro del PJ capitalino, particularmente en el viguismo, que interpretó el movimiento como una señal de avance provincial sobre la estructura local. Aunque oficialmente se aclaró que no se trataba de una jugada contra ese armado, el malestar persistió.

En el llaryorismo circula otra hipótesis: si no entra en la pelea por la intendencia, Siciliano podría ser el sucesor de Manuel Calvo en el Ministerio de Gobierno, en un escenario donde Calvo proyecta una candidatura nacional y un armado político rumbo al 2031. En cualquier caso, pocos se animan a sacarlo definitivamente de la carrera por la Capital.


Quinteros: visibilidad, respaldo y resistencias internas

Quinteros cuenta con un activo clave: alto nivel de conocimiento público. En El Panal lo definen como “el ministro más conocido del gabinete”. Su gestión al frente de Seguridad le otorga exposición permanente, aunque también lo mantiene bajo presión constante por tratarse de una de las carteras más sensibles del gobierno.

Tiene el respaldo explícito de Llaryora, pero enfrenta resistencias internas dentro del peronismo tradicional, especialmente por su pasado crítico hacia el exgobernador Juan Schiaretti. Ese antecedente lo convierte en una figura incómoda para la vieja guardia del PJ, que ve con recelo su proyección.

La tensión es estructural: alto respaldo político desde la gobernación, pero fricciones con los sectores históricos del peronismo cordobés.


Rodio: cultura, visibilidad y construcción simbólica

Rodio capitalizó el verano desde su nuevo rol en Cultura, tras su pase desde Transporte en diciembre. No fue un movimiento casual: el propio Llaryora le pidió que utilizara la “pantalla cultural” como herramienta de posicionamiento político.

Con la llamada “agenda naranja” bajo su órbita, Rodio se convirtió en una figura central del circuito cultural y festivalero, un espacio clave para la construcción de imagen pública en Córdoba. Aunque en 2023 existieron tensiones con Siciliano durante su paso por el gabinete municipal, hoy el vínculo aparece ordenado.

“Están bien entre ellos”, reconocen en el entorno provincial, señalando que la competencia no rompió la convivencia política.


La lógica Llaryora: competencia controlada y tablero abierto

El esquema es deliberado: tres jugadores en carrera, un solo conductor del juego. Llaryora administra el equilibrio interno, regula protagonismos y evita cerrar prematuramente la definición.

“Le encanta poner a varios jugadores en carrera. Además, cree que la oposición tampoco tiene claro qué va a poner en la Ciudad. No lo tienen en la Provincia, menos para la intendencia”, deslizó un dirigente llaryorista.

La estrategia es doble: mantener motivados a los propios y aprovechar la fragmentación opositora. Mientras la oposición no logra consolidar una figura clara en Córdoba Capital, el oficialismo provincial ya construye alternativas múltiples.


Una sucesión que se empieza a jugar ahora

Aunque 2027 parece lejano, en el llaryorismo la sucesión de Passerini ya se discute en tiempo presente. El tridente Siciliano–Quinteros–Rodio no es una casualidad ni una foto de verano: es una arquitectura política planificada, con despliegue territorial, exposición mediática y construcción simbólica.

La Capital es la madre de todas las batallas. Y Llaryora, lejos de improvisar, ya puso a sus piezas en el tablero. No eligió todavía a su heredero, pero sí dejó claro algo: la sucesión se va a definir dentro de su propio esquema de poder, y con reglas escritas desde El Panal.

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