Tras varios días de silencio y luego de la fuerte polémica desatada por los dichos de Luis Juez, el diputado nacional Rodrigo de Loredo reapareció públicamente con una estrategia clara: no entrar en el barro, evitar la confrontación personal y enfocarse de lleno en el armado político de la oposición de cara al escenario electoral de 2027.

Las declaraciones de Juez —realizadas en un programa de streaming— habían sacudido al radicalismo cordobés, al asegurar que De Loredo había pactado con el peronismo en 2023 para bajar la fórmula a la gobernación y competir únicamente por la intendencia de la ciudad de Córdoba. Una acusación de alto voltaje político que reavivó tensiones internas en la oposición y expuso las fracturas aún latentes del armado no peronista.
Sin embargo, el dirigente radical optó por una salida discursiva medida y estratégica. “No es algo de lo que tenga que opinar. Priorizo la unidad de la oposición: no quiero ser funcional al peronismo”, marcando distancia del conflicto y dejando en claro que su prioridad no pasa por la disputa personal, sino por el armado político a mediano plazo.
Un diagnóstico político con foco en el poder provincial
Lejos de la polémica, De Loredo centró su discurso en el escenario provincial y en un diagnóstico estructural sobre el desgaste del oficialismo. Según su análisis, el peronismo atraviesa un proceso de agotamiento político que se refleja en el humor social y en la percepción ciudadana sobre la gestión de gobierno.
El blanco principal de sus críticas fue el gobernador Martín Llaryora, a quien acusó de profundizar una identidad política que —según su visión— no conecta con el ADN histórico de la provincia.
“Lo veo muy acelerado a Llaryora, casi en campaña permanente. Ha peronizado el gabinete y está profundizando el perfil peronista en la provincia menos peronista del país”.
La crítica no se limitó al estilo político, sino también a la gestión:
“Tiene muchos errores de gestión y un desgaste que incluso excede su propia responsabilidad. Carga con el desgaste de 30 años de peronismo en Córdoba”.
En ese marco, De Loredo planteó una lectura estratégica del escenario: el oficialismo no dependería tanto de sus logros de gobierno como de la fragmentación opositora.
“Depende más de la pelea nuestra (la oposición) que de lo que pueda mostrar como gestión”, afirmó, dejando entrever que el verdadero riesgo para el peronismo no es su fortaleza, sino la posibilidad de una oposición ordenada.
Competencia opositora y disputa por el liderazgo
Uno de los ejes centrales del discurso del dirigente radical fue el reconocimiento explícito de una competencia interna dentro de la oposición. Sin eufemismos, De Loredo habló de una disputa abierta por el liderazgo político del cambio en Córdoba.
“Falta un año y estamos trabajando para posicionarnos. Cada uno está compitiendo para llegar lo mejor posible a fin de año”.
En ese esquema, marcó diferencias estratégicas entre los distintos espacios opositores:
“Algunos lo hacen apoyándose en la marca de La Libertad Avanza y otros lo hacemos con dirigentes del territorio y con una agenda provincial”.
La frase no es menor: revela una tensión de fondo entre los proyectos que buscan capitalizar el fenómeno libertario a nivel nacional y aquellos que intentan construir poder político desde estructuras locales, presencia territorial y discurso provincializado.
De Loredo se ubicó claramente en este segundo modelo:
“Yo lo hago con mi propia impronta, recorriendo la provincia, proponiendo y provincializando el discurso”.
Encuestas, clima social y demanda de alternancia
El diputado también introdujo un dato clave para el análisis político: el clima social. Según su lectura, las encuestas muestran una fuerte expectativa de cambio en Córdoba, incluso con un nivel de anticipación inédito.
“Nunca vi encuestas con este nivel de posicionamiento sobre la necesidad de cambio con tanta anticipación. Supera el 70% de los cordobeses”.
En ese contexto, reconoció el crecimiento del espacio libertario, pero lo relativizó como factor exclusivo de cambio:
“La marca de La Libertad Avanza tiene un crecimiento importante, pero nosotros estamos trabajando para construir una alternativa sólida desde la provincia”.
Para De Loredo, el año electoral estará atravesado por tensiones permanentes, disputas de poder y una competencia intensa entre los distintos espacios opositores:
“Va a ser un año intenso. La presión y la disputa van a crecer en todos los espacios”.
Una estrategia de largo plazo
El mensaje del dirigente radical no fue solo coyuntural. Apunta a una construcción política de largo plazo, con eje en propuestas, territorio y narrativa provincial. En lugar de confrontaciones personales, elige instalar un marco conceptual: desgaste del peronismo, demanda social de cambio, fragmentación opositora y disputa por liderar ese proceso.
“Estamos frente a un proceso de cambio que se va a profundizar y que va a marcar la agenda política del próximo año”, concluyó.
En un escenario donde la oposición cordobesa aún no logra consolidar una conducción clara, De Loredo busca posicionarse como una figura que combine estructura partidaria, territorialidad y discurso provincial, evitando —al menos por ahora— la lógica del conflicto personal y apostando a una competencia política más estratégica que emocional.
La pelea por el 2027 ya empezó. Y, aunque algunos eligen el barro, otros ya juegan a largo plazo.
