El mapa opositor en Córdoba empieza a mostrar movimientos subterráneos que anticipan una reconfiguración de alianzas con la vista puesta en 2027. En ese tablero, una figura comienza a concentrar consensos transversales: la del diputado libertario Gabriel Bornoroni, jefe del bloque mileísta en la Cámara baja, a quien distintos sectores ya visualizan como el nombre que la Casa Rosada podría ungir para enfrentar al gobernador Martín Llaryora.

Ese proceso de convergencia no solo interpela a los espacios libertarios y al juecismo, sino que empieza a provocar fisuras dentro del radicalismo. En las últimas semanas, algunos dirigentes de la UCR comenzaron a desacoplarse del liderazgo del exdiputado Rodrigo de Loredo y a enviar señales al campamento libertario. En ese contexto se inscribe un movimiento que generó ruido político: el acercamiento entre Bornoroni y el exconcejal radical Juan Negri.
Según admiten fuentes de distintos espacios, ambos mantuvieron una conversación reservada en la que Negri —hijo del histórico dirigente radical Mario Negri— expresó su intención de competir por la Intendencia de Córdoba en 2027, pero por fuera de la estrategia de De Loredo. “Lo habló, se juntó y le dijo que quiere ser precandidato a intendente. Y que él no está en la jugada de Rodrigo de ser candidato a gobernador”, confió una fuente de línea directa con Bornoroni.
El trasfondo de esa decisión no es menor. En el entorno del exconcejal se menciona la disconformidad con el manejo de la interna radical y, especialmente, el magro desempeño electoral de la UCR en octubre bajo la candidatura de Ramón Mestre. Ese combo de frustraciones habría acelerado la decisión de explorar un nuevo armado político, más alineado con una construcción opositora amplia, con eje en el libertarismo.
La jugada de Negri no es solo discursiva. El actual vocal del Ersep —ente de control de los servicios públicos— anunció que el próximo martes presentará propuestas para la ciudad de Córdoba frente al edificio municipal, en un gesto explícito de instalación como aspirante a la intendencia. Ese cargo en el organismo regulador no es un dato menor: llegó a esa silla por un acuerdo político interno, luego de mostrarse cercano a De Loredo y al presidente del partido, Marcos Ferrer, en el marco de las disputas entre el deloredismo y el mestrismo. La vocalía que hoy ocupa pertenecía al mestrista Facundo Cortés Olmedo, lo que refuerza la lectura de que su ascenso institucional fue parte de un pacto político que ahora empieza a resquebrajarse.
Desde el núcleo duro del radicalismo alineado con De Loredo y Ferrer, aseguran desconocer estos movimientos y miran con recelo el intento de Negri de tender puentes con el espacio que hoy integran libertarios y juecistas, con avales nacionales que incluyen a Karina Milei y sectores vinculados a los Menem. En ese esquema, el radicalismo orgánico todavía no tiene un lugar claro, y mucho menos el propio De Loredo, que por ahora no aparece en la mesa chica del armado libertario.
El escenario se complejiza aún más cuando la discusión baja al plano municipal. La sucesión del actual intendente peronista Daniel Passerini abre una competencia feroz dentro del espacio opositor. Además de Negri, hay múltiples nombres en danza: los libertarios quieren imponer candidato propio; el juecismo pretende hacer valer su rol de socio estratégico; dentro del radicalismo suena Soledad Carrizo; también aparece el legislador con pasado en el lilismo Gregorio Hernández Maqueda; y desde el PRO se menciona a Sebastián García Díaz, primo de la senadora Carmen Álvarez Rivero.
La foto, por ahora, es la de una oposición fragmentada en lo local pero en proceso de alineamiento en lo provincial. Bornoroni emerge como el eje ordenador del armado anti-llaryorista, mientras que dirigentes de distintos espacios comienzan a recalcular lealtades y estrategias. En ese tablero, el movimiento de Juan Negri no es un gesto aislado: es una señal temprana de que la UCR cordobesa empieza a perder cohesión interna y de que el armado libertario se consolida como polo de atracción para quienes buscan subirse a una alternativa con proyección real de poder.
De cara a 2027, el mensaje es claro: la oposición ya no discute solo nombres, discute liderazgos, estructuras y modelos de construcción política. Y en esa disputa, el radicalismo corre el riesgo de quedar atrapado entre su propia crisis interna y la fuerza centrípeta de un nuevo espacio que, por ahora, parece marcar el ritmo del reordenamiento opositor en Córdoba.
