Con más de dos meses de demora tras atravesar una intervención cardíaca de alta complejidad, el ex gobernador de Córdoba y ex candidato presidencial Juan Schiaretti anunció que este jueves asumirá formalmente como diputado nacional, integrando el bloque Provincias Unidas. La novedad no solo marca su regreso institucional al Congreso, sino que también reactiva su proyección política nacional en un escenario de reconfiguración de fuerzas y tensiones federales.

La jura se producirá en el marco de una sesión especial convocada para tratar el régimen penal juvenil y el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, dos temas de alto impacto político y simbólico. Allí, Schiaretti se incorporará a un espacio que busca consolidarse como tercera fuerza nacional, con un discurso centrado en el federalismo productivo y el interior del país.
“Este jueves, en el marco de la sesión especial, voy a jurar como diputado nacional por Córdoba integrando el bloque Provincias Unidas que, siendo la tercera fuerza nacional, expresa una mirada federal y la defensa de los intereses del interior productivo”, expresó el ex mandatario provincial en un mensaje público.
Sin embargo, el anuncio vino acompañado de un gesto político que rápidamente ocupó el centro del debate: Schiaretti comunicó que renuncia a percibir la dieta y los gastos de representación como diputado nacional.
“Asimismo he renunciado a cobrar mi dieta y gastos de representación como diputado nacional, por lo que mis ingresos seguirán siendo los que obtengo por el ejercicio de mi actividad profesional y mi jubilación nacional ordinaria”, sostuvo en un posteo en la red social X.
La decisión, presentada como un gesto de austeridad personal, se inscribe en un contexto social marcado por la crisis económica, el ajuste fiscal y el fuerte deterioro del poder adquisitivo. En ese marco, el mensaje no solo apunta a lo simbólico, sino que también construye un relato político que busca diferenciarse del descrédito generalizado hacia la dirigencia y las instituciones.
Una asunción postergada por razones de salud
Schiaretti había sido electo diputado nacional el 26 de octubre, encabezando la lista de Provincias Unidas por Córdoba. No obstante, no pudo asumir en tiempo y forma debido a complicaciones de salud derivadas de una afección cardíaca.
El 28 de noviembre, fue intervenido quirúrgicamente en la Fundación Favaloro, en la Ciudad de Buenos Aires, donde se le practicó un procedimiento de sustitución de la válvula aórtica mediante cateterismo, una técnica menos invasiva que la cirugía tradicional a corazón abierto. La intervención fue programada y resultó exitosa.
El 14 de enero, ya con el alta médica, el ex gobernador confirmó que asumiría su banca en la próxima sesión parlamentaria. Con el reinicio de las sesiones extraordinarias en febrero, el lunes pasado se formalizó finalmente la convocatoria a la sesión especial que habilita su juramento.
Reconfiguración del mapa legislativo
Con la incorporación de Schiaretti, el bloque Provincias Unidas alcanzará los 18 integrantes, mientras que el interbloque que conforma junto a Encuentro Federal y la Coalición Cívica totalizará 22 diputados, consolidándose como un espacio de peso en el tablero parlamentario.
En un Congreso fragmentado, sin mayorías claras y atravesado por negociaciones permanentes, ese número adquiere relevancia estratégica. No se trata solo de volumen legislativo, sino de capacidad de incidencia, especialmente en debates económicos, productivos y de distribución de recursos federales.
Un resultado electoral que dejó señales
El regreso de Schiaretti al Congreso se produce, además, en un contexto político distinto al que proyectaba el “cordobesismo” meses atrás. En las elecciones, Provincias Unidas quedó segunda en Córdoba con poco más del 28%, a 15 puntos de distancia de La Libertad Avanza, que se impuso con claridad.
Ese resultado, aunque permitió obtener tres bancas para el período 2025-2029 (que se suman a otras tres con mandato hasta 2027), dejó al descubierto un repliegue electoral del espacio provincial frente al avance del fenómeno libertario y la crisis de representación de los espacios tradicionales.
En ese marco, la llegada de Schiaretti al Congreso no es solo una formalidad institucional: es también un intento de reposicionamiento político, de reconstrucción de liderazgo y de proyección nacional desde un bloque que busca ocupar el lugar de “tercera vía” en un sistema cada vez más polarizado.
Entre el gesto simbólico y la estrategia política
La renuncia a la dieta, el discurso federal y la incorporación a un bloque intermedio configuran una estrategia clara: reinstalar a Schiaretti como figura nacional, con perfil institucional, discurso moderado y distancia del oficialismo y de la oposición más dura.
El desafío, sin embargo, no será solo discursivo. La verdadera prueba estará en su capacidad de incidir en la agenda legislativa, construir acuerdos reales y traducir el relato federal en resultados concretos para las provincias.
En un Congreso atravesado por la crisis de credibilidad, la fragmentación política y el ajuste estructural, el regreso de Schiaretti abre una nueva etapa: la de un dirigente que vuelve a la escena nacional, no desde el Ejecutivo, sino desde el Parlamento, intentando reconstruir poder en un escenario mucho más hostil, volátil y competitivo que el que dejó al salir de la gobernación.
