El último informe trimestral del 2025 volvió a exponer una realidad incómoda para el Ejecutivo municipal: las cuentas cerraron en rojo y consolidaron una tendencia que ya se había insinuado a fines del 2024. El déficit corriente alcanzó casi los $2.500 millones, lo que representa un 1,7% de los ingresos municipales, mientras que el déficit financiero rozó los $10.000 millones, equivalente al 7% del total de ingresos.

Los números confirman que la gestión municipal volvió a cerrar un ejercicio sin superávit, tanto en términos corrientes como financieros, y abren un interrogante central hacia el inicio del 2026: ¿podrá el pago anual de tributos en el primer trimestre generar una mejora estructural o será apenas un alivio coyuntural?
Un arranque positivo que no se sostuvo
El contraste con el primer trimestre del 2025 resulta inevitable. En aquel inicio de año, el Municipio había mostrado un superávit del 7%, aunque sin un discurso celebratorio. Ese resultado estuvo explicado en buena parte por factores excepcionales: el pago de deuda de corto plazo y el ingreso de recursos extraordinarios producto del pago anual de tributos como Inmobiliario, Agua y Cloacas.
Incluso entonces, el propio secretario de Economía, Pablo Antonetti, había puesto paños fríos al resultado al advertir sobre la fuerte caída de la coparticipación y la baja en la recaudación de tributos clave como Comercio e Industria, anticipando un escenario complejo para el resto del año. La advertencia terminó materializándose: el repunte no llegó y el ejercicio cerró nuevamente en déficit.
Además, aquel superávit del 7% ya estaba lejos de los números que la gestión Llamosas solía exhibir en años anteriores, cuando el excedente fiscal llegó a superar el 30%. La diferencia no es solo contable: marca un cambio de etapa en el modelo financiero del municipio.
Cambio de discurso: del superávit a la “eficiencia”
Ese giro también se refleja en el plano político y discursivo. A diferencia del inicio de la gestión De Rivas, el superávit y el equilibrio fiscal dejaron de ser presentados como objetivos centrales. En su lugar, el discurso oficial comenzó a girar en torno a conceptos como “eficiencia”, “optimización del gasto” y ahorro en gastos corrientes, una narrativa que admite implícitamente la dificultad de sostener un equilibrio estructural de las cuentas públicas.
Déficit financiero y presión de la deuda
En el plano financiero, el informe de Economía detalla que el déficit llegó a $9.552 millones (7% de los ingresos totales). De ese total, el déficit financiero primario fue de $5.487 millones, pero el monto se amplió de manera significativa por el impacto del pago de intereses de deuda, lo que evidencia el peso creciente del servicio de la deuda sobre las finanzas municipales.
Más ingresos, pero también más gastos
El documento oficial muestra que los ingresos corrientes del Municipio crecieron un 28% real interanual respecto a 2024, impulsados por:
- Un aumento del 38% real en los ingresos tributarios propios.
- Un incremento del 10% en los ingresos coparticipados.
Estas dos fuentes explican el 87% de los ingresos corrientes locales (54% propios y 33% coparticipados), lo que refuerza la alta dependencia del esquema tributario y de la coparticipación provincial.
Sin embargo, del otro lado del balance, los gastos corrientes netos crecieron un 28,6% real, prácticamente al mismo ritmo que los ingresos. Los gastos de consumo, que representan el 73% del gasto corriente, aumentaron un 28,4% real, lo que muestra que la mejora en la recaudación fue absorbida casi por completo por la estructura de gastos.
Deuda en aumento, pero con menor exposición en dólares
La deuda financiera total del Municipio, acumulada al 31 de diciembre de 2025, roza los $18.000 millones, con un incremento real del 108% interanual. Desde la Secretaría de Economía relativizan el impacto estructural señalando que el stock de deuda equivale a 1,4 meses de los ingresos totales anuales, una proporción considerada baja en términos comparativos.
Un dato político y financiero relevante es la composición de la deuda: el 2025 fue el año con menor proporción de deuda en dólares desde 2017. Ese año, la deuda en moneda extranjera representó el 40% del total, en un contexto que generó fuertes cuestionamientos a la gestión económica. Entre 2018 y 2020, incluso superó a la deuda en pesos.
Salvo el pico de 2023 (50% en dólares), la tendencia fue descendente hasta llegar al 13% en 2025, el nivel más bajo desde 2017, lo que muestra una estrategia más conservadora en términos de exposición cambiaria.
Refinanciación y oxígeno financiero
Sobre la deuda vigente (más de $15.000 millones y más de 1,5 millones de dólares), el informe remarca que se cumplió “en tiempo y forma” con intereses y amortizaciones. Además, en marzo de 2025 el Concejo aprobó la adhesión al acuerdo federal con la Provincia, que permite refinanciar pasivos municipales.
En el caso de Río Cuarto, se incorporaron al acuerdo:
- El adelanto de coparticipación de 2024.
- La deuda del EMOS con EPEC, con un esquema de hasta 120 cuotas.
Un esquema que aporta alivio financiero, pero que también prolonga compromisos a largo plazo.
Un 2026 bajo observación
Con este cierre, el interrogante se traslada al primer trimestre del 2026. El ingreso extraordinario del pago anual de tributos podría mejorar los números, pero todo indica que, sin cambios estructurales en el esquema de gastos y en la matriz de ingresos, el equilibrio fiscal seguirá dependiendo de factores coyunturales más que de una consolidación real.
El informe no solo describe una situación contable: marca un cambio de ciclo. El superávit dejó de ser una bandera política, el déficit se volvió un dato estructural y la gestión municipal parece haber desplazado el eje del debate desde el equilibrio fiscal hacia la administración del déficit. Una transición silenciosa, pero profundamente significativa en términos de modelo de gestión y proyección política.
