A una semana del inicio formal del período legislativo en Córdoba, la imagen de supuesta cohesión entre Luis Juez, Rodrigo de Loredo y Gabriel Bornoroni sigue generando más ruido que certezas dentro del arco opositor. La postal de unidad exhibida en la apertura del 148° período de sesiones legislativas, realizada en Laboulaye, mostró hacia afuera un bloque compacto frente al gobierno de Martín Llaryora, pero dejó al descubierto tensiones, desconfianzas y un protagonista inesperado que alteró los equilibrios internos: Rodrigo de Loredo.

La ceremonia, realizada en el Cine Teatro Sporting, bajo una jornada de intenso calor en la cabecera del departamento Presidente Roque Sáenz Peña, fue cuidadosamente construida desde lo simbólico. Las cámaras oficiales y las redes sociales difundieron una imagen clara: Juez, De Loredo y Bornoroni juntos, una foto que no se repetía desde hacía meses y que buscaba transmitir orden, coordinación y estrategia común. Sin embargo, detrás de esa escena prolija, la jornada estuvo atravesada por episodios que desnudaron incomodidades y lecturas cruzadas dentro de la propia oposición.
El primer ruido: el protocolo y el lugar de De Loredo
El primer foco de tensión surgió con el protocolo oficial. A más de un dirigente le llamó la atención que De Loredo —quien desde diciembre no ocupa ningún cargo institucional tras dejar su banca de diputado nacional— fuera ubicado en un lugar central, junto al senador Luis Juez, al jefe del bloque de La Libertad Avanza en Diputados, Gabriel Bornoroni, y a Gonzalo Roca.
“Es raro”, admitió un dirigente presente en el acto. “Ese espacio era para legisladores con mandato. Estaban diputados como Marcos Patiño Brizuela o Laura Soldano, que por protocolo debían estar ahí y sin embargo fueron ubicados más atrás; ver a Rodrigo en ese lugar nos llamó mucho la atención”.
El dato no fue leído como un error menor. En la previa ya existía desconfianza cuando desde la Legislatura se informó que cada bloque podía llevar un invitado. Para varios sectores opositores, esa “concesión” fue interpretada como una jugada política del propio oficialismo provincial: darle visibilidad y centralidad a De Loredo, aun sin cargo, como forma de “subirlo al ring” y reconfigurar el tablero opositor de cara a 2027.
La hipótesis que circula en voz baja es clara: el llaryorismo busca atomizar la oferta opositora, multiplicar liderazgos y tensiones internas, y evitar que se consolide un esquema único y ordenado entre juecismo y libertarios.
El discurso de Llaryora y un destinatario exclusivo
El mensaje del gobernador terminó de confirmar esas sospechas. En un discurso donde enumeró ejes de gestión vinculados a obra pública, jubilaciones y políticas provinciales, el único destinatario directo de los ataques políticos fue Rodrigo de Loredo.
Con ironía y dardos explícitos, Llaryora lanzó una frase que no pasó desapercibida:
“Ojalá que Milei les dé bola, ya no son ni diputados nacionales y pronto no le van a quedar ni concejales”.
El mandatario mantuvo un tono encendido, pero midió cuidadosamente sus palabras para no confrontar de lleno con el presidente Javier Milei. En cambio, eligió a De Loredo como blanco político exclusivo, algo que dentro de la oposición fue leído como una señal deliberada de centralización del conflicto.
Hubo también mensajes dirigidos al juecismo, especialmente en torno al conflicto del verano por la compra de drones para el combate contra el narcotráfico y el freno impuesto por el Tribunal de Cuentas, pero el tono fue claramente distinto: más institucional, menos confrontativo, y sin la carga simbólica que tuvo la embestida contra el dirigente radical.
Irrupciones, reuniones privadas y malestar interno
La tensión no se limitó al acto formal. En la previa, mientras Juez y Bornoroni mantenían una reunión privada con el intendente local Gino Chiapello, se produjo una escena que terminó de incomodar a varios dirigentes opositores.
“Estábamos reunidos dirigentes de La Libertad Avanza y del Frente Cívico cuando se escucharon golpes en la puerta. Entró Rodrigo, de sport. Sorprendió a todos porque no había anunciado que venía”, relató un testigo.
La irrupción inesperada, sin aviso previo y con vestimenta informal, fue interpretada como un gesto forzado para no quedar afuera de la foto política con los jefes comunales del interior. En sectores libertarios y juecistas, el episodio fue leído como una señal de ansiedad política y búsqueda de centralidad personal más que de construcción colectiva.
Juez acelera y busca cerrar filas
Tras lo ocurrido, Luis Juez movió rápido. Un posteo en redes sociales donde afirmó que ya trabaja para la reelección de Milei en 2027 fue leído como un intento explícito de abroquelar la sociedad política con La Libertad Avanza, especialmente con Gabriel Bornoroni, y cerrar filas ante cualquier ruido interno.
En las filas libertarias y del Frente Cívico remarcan que el acuerdo entre ambos espacios está firme, aceitado y en expansión territorial. Sin embargo, la figura de De Loredo aparece como un elemento disruptivo dentro de ese esquema.
Una centralidad que genera sospechas
El dato político más relevante que dejó Laboulaye es que, sin cargo, sin mandato y sin figurar en el orden del día, Rodrigo de Loredo terminó siendo el eje gravitacional de toda la jornada. Entre el lugar privilegiado otorgado por el protocolo oficial, la centralidad discursiva que le concedió Llaryora y su propia versatilidad política, el dirigente radical logró una visibilidad que incomodó tanto a aliados como a socios tácticos.
La foto de unidad existió. Fue real. Pero también fue frágil.
Detrás del relato de cohesión, Laboulaye dejó una oposición atravesada por desconfianzas internas, liderazgos en disputa y estrategias cruzadas. En ese escenario, De Loredo aparece como una figura que no termina de encajar en el armado Juez–Bornoroni, pero que tampoco queda al margen del juego de poder.
La postal fue de unidad.
La política real, de fisuras.
