En silencio y sin foto, pero con una carga política imposible de disimular, Rodrigo de Loredo volvió a activar la rosca opositora con la mirada puesta en el 2027. Este martes, el exdiputado nacional abrió las puertas de su casa para recibir a la cúpula de Encuentro Vecinal (EV), en una reunión que, aunque preliminar, dejó señales claras sobre el reordenamiento que empieza a tomar forma en la oposición cordobesa.

Junto a De Loredo estuvieron el presidente de la UCR Córdoba, Marcos Ferrer; el titular del bloque radical en la Legislatura, Matías Gvozdenovich; la jefa del interbloque, Alejandra Ferrero; y las autoridades del Foro de Intendentes Radicales, Rubén Dagum (Almafuerte) y Roberto Casari (Vicuña Mackenna). Del lado visitante participaron el fundador de EV, Aurelio García Elorrio; los legisladores Rodrigo Agrelo y Rosa Marcone; y el intendente de La Calera, Fernando Rambaldi.
No fue un primer contacto. Ya a fines del año pasado De Loredo y García Elorrio habían mantenido una reunión reservada, que recién ahora encuentra continuidad. La insistencia no es casual: en la aritmética electoral cordobesa, los casi tres puntos que EV obtuvo en 2023 fueron exactamente la diferencia que impidió un empate técnico entre Juntos por el Cambio y el peronismo. Un dato que nadie en la oposición pasa por alto.
Una pieza codiciada en un tablero fragmentado
El antecedente de La Calera sobrevoló el encuentro. Allí, antes de las últimas elecciones, se ensayó una alianza entre EV y Juntos por el Cambio —impulsada por el juecismo— que terminó con Rambaldi en la intendencia, derrotando a los divididos primos Rufeil. El experimento funcionó a nivel local, pero nunca escaló a la escena provincial.
Hoy el contexto es otro. Con un peronismo que, según coincidieron los presentes, atraviesa un “fin de ciclo” bajo la gestión de Martín Llaryora, tanto De Loredo como el eje que integran Gabriel Bornoroni y Luis Juez buscan sumar masa crítica para construir la alianza opositora más amplia posible. En ese juego, Encuentro Vecinal aparece como una prenda clave, capaz de inclinar la balanza y, al mismo tiempo, de cargar sobre otros el costo político de una eventual ruptura.
Aunque no hubo acuerdo formal ni comunicado, sí se compartió un diagnóstico muy crítico de la gestión provincial y la convicción de avanzar hacia un “frente opositor amplio no peronista” para las próximas elecciones. En ese marco, los referentes de EV se ofrecieron como puente para acercar posiciones entre la UCR y La Libertad Avanza, una relación hoy marcada más por la desconfianza que por la coordinación.
El mensaje radical: liderazgo, territorio y límites
De Loredo dejó en claro su objetivo: encabezar la boleta opositora en 2027. Lo fundamentó en encuestas propias que lo ubican como el dirigente mejor posicionado para disputarle el poder al peronismo, pero también en el despliegue territorial del radicalismo, que exhibe 170 intendentes como garantía de gestión, equipos y estructura.
En ese punto, tanto Dagum como Ferrer endurecieron el tono frente al accionar libertario. Reprocharon la estrategia de “raspar” intendentes radicales mediante acuerdos individuales, una práctica que —recordaron— ya fracasó en el pasado con intentos similares del Frente Cívico y del PRO, sin lograr consolidación política. Más aún, advirtieron que ese método erosiona la confianza necesaria entre los principales actores opositores.
La posición de la UCR fue explícita: no rechaza un acuerdo institucional que incluya la definición de candidaturas comunes en los municipios, pero considera inconveniente desarmar la estructura de un eventual aliado. “Nadie saca rédito político de avanzar en esa dirección”, fue la síntesis que se escuchó en la mesa.
Bis con concejales y militancia territorial
La jornada tuvo un segundo acto. Por la tarde, la casa de De Loredo volvió a ser punto de encuentro, esta vez con más de medio centenar de concejales del interior provincial. Durante más de dos horas, el exdiputado repasó su lectura del proceso político cordobés desde 2021 hasta hoy, explicó decisiones, respondió preguntas y buscó consolidar respaldo interno.
Allí también dejó compromisos: recorrer la provincia para apuntalar las disputas locales y, a cambio, recibir apoyo para la elección provincial. Además, subrayó la necesidad de sumar con urgencia la dimensión digital al trabajo territorial cotidiano, una deuda persistente en muchas localidades del interior profundo.
Sin anuncios rimbombantes ni fotos para las redes, De Loredo avanzó un paso más en la construcción de su perfil como ordenador opositor. El 2027 todavía parece lejano, pero en Córdoba la carrera ya empezó, y las señales —aunque discretas— empiezan a acumularse.
