Llaryora entra en modo reelección: territorio, obra pública y blindaje cordobés

Martín Llaryora ingresa en la segunda mitad de su mandato con una hoja de ruta política nítida: consolidar poder territorial, ordenar al peronismo cordobés y construir, sin estridencias, las bases de su reelección. La proyección nacional, que supo asomar en los primeros meses de gestión, queda en pausa. El gobernador decidió volver a lo esencial: Córdoba, la gestión y el control del tablero local.

“Lo viejo funciona”, sintetizó un funcionario con varias campañas encima. La receta es clásica, pero probada: concentrarse durante los próximos 14 meses en la provincia, mostrar capacidad de ejecución y capitalizar una ventaja comparativa que hoy pocos gobernadores pueden exhibir sin ruborizarse: hacer obra pública en un país paralizado por el ajuste nacional. En ese esquema, Llaryora apuesta a despegarse definitivamente de las gestiones que lo precedieron y, al mismo tiempo, cambiar la piel del justicialismo provincial.

La decisión de inaugurar el período legislativo en Laboulaye no es casual. Ciudad del sur provincial, perfil agroproductivo y tradición opositora, aparece como un punto elegido con bisturí político. “Ahí también hay que remontar”, admiten en el Panal. Cemento y patrullaje son las dos palabras que más se repiten en los despachos oficiales cuando se habla del 2026 que se viene. Obra pública y seguridad, una combinación que el oficialismo considera infalible para recuperar terreno.

En ese acto todavía es una incógnita la presencia del exgobernador Juan Schiaretti, abocado —según su entorno— a estudiar los proyectos que encarará como diputado nacional y a terminar de recuperarse de una intervención quirúrgica. Tampoco se descarta la asistencia de Alejandra Vigo. Por ahora, la agenda nacional del peronismo cordobés transita por carriles paralelos: Diego Santilli pasó por varias provincias, pero no recaló en Córdoba. “Ya habrá tiempo”, relativizan desde el oficialismo, mientras remarcan que hoy la prioridad del jefe de Gabinete nacional pasa por el Senado y que el músculo cordobés del PJ sigue estando en Diputados, con Schiaretti como referencia.

Puertas adentro, el diagnóstico es optimista. En el Centro Cívico aseguran que los dos primeros años sirvieron para “preparar el terreno” y que ahora llega el tiempo de cosechar. Se viene, prometen, un año cargado de inauguraciones tanto en la Capital como en el interior, con la idea de reconstruir confianza a partir de lo tangible.

Una encuesta reciente de la consultora Sicchard refuerza ese clima: en cinco escenarios distintos, Llaryora gana encabezando el oficialismo. Solo un candidato ungido directamente por Javier Milei logra acercarse, aunque sin superarlo. En el Panal descartan esa hipótesis y hasta la leen como riesgosa para la Casa Rosada. “Si el presidente se mete a hacer campaña en las provincias y le va mal, puede afectar la confianza en la economía y jugarle en contra”, reflexionó un funcionario entre cafés.

El estudio le asigna al gobernador un piso electoral del 35%. “Trabajo para solidificar ese núcleo”, explicó Facundo Torres desde la presidencia del bloque oficialista en la Legislatura. El paralelismo con Schiaretti aparece de inmediato: reconstruir la liturgia del PJ, ordenar la tropa y crecer desde ahí. En el oficialismo admiten que tras la última elección se perdieron entre 7 y 8 puntos, y el objetivo es recuperarlos para volver a niveles de aprobación del 60 o 65 por ciento, que —sostienen— se traducen casi linealmente en votos.

La reelección, creen, no debería ser una carrera cuesta arriba. “La gente es conservadora cuando vota gobernador o intendente”, repiten. Otro relevamiento mostró que el 61% de los cordobeses busca un cambio, un dato que en el Panal celebran: “Eso quiere decir que el 40% nos vota seguro y el resto se dispersa entre libertarios, izquierda, vecinalistas y hasta la UCR”.

En ese tablero opositor, Rodrigo de Loredo ya juega su “campaña permanente”. En el oficialismo dan por hecho que será candidato y que su desafío será liderar un bloque propio fuerte en la Unicameral. Luis Juez y Gabriel Bornoroni, en cambio, aparecen atados a la lapicera de Javier o Karina Milei. “Sin juego propio”, chicanean desde Córdoba.

La estrategia se completa con una avalancha de obra pública. El eslogan “Gestión Martín Llaryora” desapareció de la vía pública y fue reemplazado por un mantra más funcional al clima de época: “Hacer para crecer”. En Wall Street ya están los fondos: 800 millones de dólares a una tasa del 8,6%, bajo la órbita del ministro de Finanzas Guillermo Acosta. “Plata no va a faltar”, aseguran, tanto para la gestión como para la política.

La narrativa oficial insiste en una idea central: solo el gobierno provincial puede llevar adelante grandes proyectos. Terminar la Autovía 19 hasta San Francisco es el ejemplo predilecto. “Eso no lo va a hacer Milei”, repiten. En la Capital, Daniel Passerini sumará obras de infraestructura, iluminación y urbanizaciones sociales financiadas por la Provincia, con mejoras en barrios populares que también buscan impactar en la seguridad.

El mensaje es claro: cambiar de signo político implica riesgo. El 2026 llegará con nuevas sedes de la Universidad Provincial, avances en infraestructura estratégica y la Autovía 19 como símbolo de cierre. “Después veremos cómo termina el partido con los intendentes que coquetean con La Libertad Avanza”, desafían.

En seguridad, la Capital vuelve a estar en el centro. Juan Pablo Quinteros, señalado como “ministro candidato”, deberá dejar atrás la crisis de los drones y mejorar indicadores en el departamento más poblado, donde se concentra el 70% de los robos. Tendrá respaldo político y legislativo, mientras la Justicia observa con cautela planes como el de territorialidad y el proyecto de flagrancia, que consideran bien intencionados pero apurados.

Habrá también avances tecnológicos en salud: telemedicina en Apross, recetas electrónicas y optimización de turnos. Todo forma parte de una lógica de cercanía y gestión cotidiana.

“Un gobernador más intendente”, lo define un legislador del sur. Llaryora abre el año político en el interior, en territorio adverso, pero con la mirada fija en Córdoba. Sin épica nacional ni confrontación directa, el gobernador vuelve a alambrar la provincia. A su manera, y con las herramientas de siempre.

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