Juez y los libertarios tantean unidad mientras Llaryora afila su defensa territorial

La inauguración del 148° período de sesiones ordinarias de la Legislatura de Córdoba, este domingo en Laboulaye, será algo más que un acto institucional. En la previa, el movimiento de las principales figuras opositoras y los gestos —explícitos y subterráneos— entre el cordobesismo y la Casa Rosada convierten al sur provincial en una vidriera política anticipada del 2027.

El martes por la noche, Luis Juez ofició de anfitrión en su casa en una cena que reunió al senador con los diputados libertarios Gabriel Bornoroni y Gonzalo Roca. En el encuentro se habló, sin estridencias pero con intención, de asistir juntos a Laboulaye para presenciar el discurso del gobernador Martín Llaryora. La foto no está garantizada: tanto Juez como el jefe del bloque de La Libertad Avanza deslizan dudas por compromisos asumidos para el lunes 2, cuando comienzan las sesiones extraordinarias en el Congreso. Pero la señal política ya fue emitida.

El senador del Frente Cívico retomó el diálogo con el presidente Javier Milei y no se descarta una reunión en Buenos Aires la próxima semana. Con el olfato entrenado, Juez se mueve con cautela. Habla de “un equipazo” que empieza a consolidarse con los violetas, aunque jura que en las conversaciones no se discuten nombres propios ni candidaturas. Pese a haber manifestado públicamente su intención de volver a competir por la Gobernación en 2027, insiste en que el objetivo hoy es otro: “construir confianza”. Todo lo demás —repite— “afecta la construcción”.

En esa coreografía, los roles parecen repartidos. Juez juega al policía malo; Bornoroni, al bueno. No es un detalle menor que los 800 millones de dólares con los que se fondeó el Panal para obras y gestión hayan contado con el aval del Gobierno nacional. La colocación de bonos fue celebrada incluso por La Derecha Diario, medio cercano a la Casa Rosada, como un logro del equipo económico que conduce Guillermo Acosta. Gestos libertarios que no se explican solo por la macroeconomía y que podrían traducirse en respaldo legislativo cordobés para las leyes que necesita impulsar Bornoroni en Diputados.

De estos malestares y reacomodamientos sabe bien Rodrigo de Loredo. El diputado radical se adelantó en el calendario y anunció su candidatura provincial, movimiento que tuvo costos inmediatos: Bornoroni le soltó la mano y De Loredo quedó, al menos por ahora, fuera de la mesa política opositora a Llaryora que en febrero empezará a moverse con mayor intensidad. Para amortiguar el aislamiento, el radical viajó a Mendoza y se mostró con Alfredo Cornejo, gobernador que aparece como modelo aspiracional: cercanía con Milei sin afiliación a La Libertad Avanza, acuerdo electoral con Karina Milei y una gobernación que combina gestión y pragmatismo político. El mensaje a la Casa Rosada es claro: hay aliados “confiables” fuera del esquema de Provincias Unidas.

De Loredo también estará en Laboulaye, acompañado por intendentes radicales a los que busca mantener alineados mientras La Libertad Avanza actúa como las sirenas de Ulises, tentándolos a saltar de barco. Algunos ya lo hicieron, y el radicalismo violeta —con Bornoroni como recolector— mantiene la red lista. El malestar de los intendentes con la UCR, fenómeno que excede a De Loredo, es una realidad difícil de disimular. Luis Quiroga, intendente de Mina Clavero, es uno de los disconformes. Este sábado, en esa ciudad, se realizará un festival de verano que contará con la presencia de la exdiputada Soledad Carrizo, figura que articula el vínculo libertario con los intendentes y que se referencia nacionalmente en Cornejo. También estará Karina Figueroa, de Salsacate. Señales de un armado que avanza por fuera de las estructuras tradicionales.

En ese contexto, Llaryora llegará el domingo a las 16 al Cine Teatro Sporting de Laboulaye, tras un fin de semana de recorridas políticas por el sur-sur provincial, una región esquiva para el oficialismo en las elecciones de 2023. Hasta último momento, aseguran, el gobernador retocaba el mensaje de apertura de sesiones.

El momento no es cómodo. La oposición, con Juez al frente, agitó en las últimas semanas los fantasmas de “licitaciones a medida” y de una justicia permisiva, especialmente tras el freno del Tribunal de Cuentas a la compra de drones para la Policía —operación que podría reencauzarse vía ley en la Unicameral—. En paralelo, los gremios ya organizan protestas en Tribunales y en la calle contra la ley de Equidad Previsional, una norma que el Gobierno presenta como equilibrada pero que dejó más heridos que conformes en el universo sindical.

Con un año político que promete endurecimiento opositor y escrutinio permanente, el llaryorismo comenzó a desplegar sus anticuerpos. El oficialismo trabaja en la construcción de un colchón territorial apoyado en clubes, centros vecinales, bibliotecas, organizaciones sociales y eventos barriales. Una red de contención pensada para amortiguar críticas, denuncias y conflictos en el que, probablemente, sea el año más determinante para el gobernador desde que llegó al Panal.

Laboulaye será, entonces, algo más que una ceremonia legislativa. Será una postal del reordenamiento político cordobés, con opositores midiendo fuerzas, aliados nacionales enviando señales ambiguas y un gobernador que, mientras inaugura sesiones, empieza a jugar su propio partido de supervivencia.

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