El gobernador Martín Llaryora llegará este domingo a la apertura de sesiones de la Legislatura con un discurso calibrado: balance de dos años de gestión, reivindicación del rol del Estado provincial en un contexto de fuerte retracción nacional y un mensaje político que buscará mostrar músculo sin confrontar de manera directa con el presidente Javier Milei. La escena elegida vuelve a ser el interior profundo: Laboulaye, al sur provincial, en línea con la estrategia de federalización simbólica que el oficialismo viene sosteniendo y que el año pasado tuvo como escala Deán Funes.

Desde el Panal anticipan que el eje central será la idea de “dos años de gobierno” y la enumeración de lo realizado pese a un escenario adverso, marcado por el recorte casi total de transferencias nacionales y la aplicación de la “motosierra” libertaria sobre las provincias. El mensaje buscará instalar que, aun en ese marco, Córdoba sostuvo gestión, inversión y presencia estatal. El nuevo lema oficial, “Hacer para crecer”, funcionará como paraguas narrativo de ese repaso, reforzado con la difusión de un video institucional cargado de datos duros.
En ese balance ocuparán un lugar destacado la rebaja impositiva lanzada a fines de 2025 —con promesa de profundización en la próxima ley de Presupuesto—, el achique del Estado provincial mediante la reducción de ministerios y agencias, y la ley de igualdad territorial, presentada como una herramienta clave para el desarrollo del noroeste y el sur cordobés. También habrá un tramo inevitablemente sensible: la nueva ley previsional, que tensó al máximo la relación con buena parte del sindicalismo, pero que el oficialismo defiende como el camino para ampliar el universo de jubilados que acceden al 82% móvil.
“Somos un gobierno que cree en el superávit fiscal pero con la gente adentro”, repiten cerca del gobernador. Como respaldo de esa consigna, exhiben la obra del nuevo Hospital del Noroeste, en barrio Policial Anexo, que Llaryora recorrió junto al ministro de Vinculación, Miguel Siciliano, convocando a centros vecinales para mostrar avances y reforzar la idea de gestión visible en el territorio.
El contexto político le agrega capas al mensaje. Aunque 2026 no será formalmente un año electoral —la única elección prevista es la intendencia de Marcos Juárez—, en el oficialismo nadie desconoce que el calendario real ya empezó a correr. Llaryora planea adelantar las elecciones provinciales para abril o mayo de 2027, lo que obliga a ordenar candidaturas y estrategias en la segunda mitad de este año. “El desafío es que los cordobeses valoren la presencia del Estado provincial frente a la retirada de la Nación”, sintetiza un funcionario que trabaja en la cocina del discurso.
En ese marco, el gobernador llega al 1 de febrero con una noticia que oxigena la gestión y también el horizonte político: la colocación de bonos por 800 millones de dólares en Nueva York, a una tasa menor al 9% y a nueve años. Los fondos estarán destinados a obra pública en distintos puntos de la provincia, un dato clave para un oficialismo que hace de la infraestructura uno de sus sellos históricos. No es menor que la operación haya sido posible gracias al aval del gobierno nacional, un detalle que introduce matices en el relato de autonomía y defensa de los intereses cordobeses.
La relación con la oposición también sobrevolará el recinto, aunque sin nombres propios en exceso. El conflicto con el senador Luis Juez por la licitación de drones para el Ministerio de Seguridad —rechazada por el Tribunal de Cuentas con votos alineados al juecismo— enrareció el clima en las últimas semanas. Habrá que ver si Llaryora insiste en la acusación a los “libertarios cordobeses” que “ponen palos en la rueda”, como escribió en X, o si opta por descomprimir para no elevar a Juez al rol de jefe opositor. En paralelo, el Ejecutivo evalúa destrabar la compra del sistema de drones vía una ley específica, una salida política a un conflicto técnico que se volvió simbólico.
Con Milei, en cambio, la consigna es evitar estridencias. El discurso del domingo, aseguran quienes conocen los lineamientos, esquivará referencias directas al plano nacional, salvo los reclamos ya conocidos por la deuda de la Anses con la Caja de Jubilaciones u otros planteos institucionales. La apuesta es clara: defender los intereses de Córdoba sin chocar con un electorado libertario que el cordobesismo considera clave retener.
Así, la asamblea legislativa de Laboulaye será algo más que un acto institucional. Funcionará como una puesta en escena de gestión, un mensaje hacia adentro del oficialismo y una señal hacia afuera: Llaryora busca consolidar su perfil de gobernador administrador, con superávit, obra pública y discurso moderado, en un año que, aunque no figure en el calendario como electoral, empieza a jugarse como tal.
