Chiarella desembarcó en Córdoba y abrió la interna que la UCR venía postergando

Córdoba fue el punto de partida de la gira federal del nuevo titular del Comité Nacional. Catarsis militante, pases de factura, reclamos por internas y un mensaje de unidad que dejó al desnudo el malestar acumulado del radicalismo con tonada.

Córdoba no fue una escala más. Fue el escenario elegido por Leonel Chiarella para dar el puntapié inicial de su primera gira federal al frente de la UCR nacional y, al mismo tiempo, para habilitar una discusión que el radicalismo cordobés venía esquivando. La Casa Radical se llenó de militantes, dirigentes y afiliados —unos 500— y funcionó como caja de resonancia de una interna que, lejos de saldarse, exhibió fisuras, reproches y una demanda clara de las bases: abrir el partido, ordenar la vida interna y terminar con el internismo crónico.

El presidente del Comité Nacional logró, al menos por un rato, lo que parecía improbable: sentar en el mismo ámbito a los polos enfrentados de la UCR cordobesa. El clima fue áspero desde el inicio y por momentos rozó el desborde. “Estuvimos cerca de los sillazos”, ironizó un dirigente opositor al final del encuentro, en una síntesis gráfica del tono que atravesó la jornada.

La militancia de base —los boina blanca sin cargos— se llevó el protagonismo. Y el aplausómetro marcó un destinatario inequívoco de las críticas: Marcos Ferrer, presidente de la UCR Córdoba, fue señalado por no haber habilitado antes un debate interno amplio. “Me alegra que se haya abierto la Casa Radical para debatir, pero este debate tiene que ser con todos”, lanzó una militante, en un dardo directo que desató una ovación y expuso el malestar acumulado.

Los reclamos se repitieron como un mantra: recuperar los valores históricos del radicalismo, renovar la dirigencia y discutir primero el partido antes que las candidaturas. “Tenemos siete candidatos a intendente y uno a gobernador, pero todavía no elegimos autoridades partidarias”, reprochó otro militante, poniendo el foco en la interna que se definirá en mayo, cuando se renueve la conducción del Comité Provincia, una pieza clave para el armado rumbo a 2027.

Ante la presión por el llamado a internas, Ferrer ratificó que la decisión está tomada y adelantó que en febrero se presentará un cronograma tentativo. La advertencia de las bases fue contundente: “No debe haber prórroga de mandatos”. El eco de la implosión radical en las últimas legislativas sobrevoló cada intervención. “Si seguimos jugando a la chiquita, no vamos a meter ni un concejal”, resumió un afiliado, en una crítica directa al internismo de cúpula.

En los pasillos, un dirigente alineado con el deloredismo deslizó otra lectura: la “tribuna” estuvo dominada por el mestrismo, una interpretación alimentada por la dureza de los cuestionamientos a Ferrer y que agregó una capa más a la compleja rosca radical con tonada.

En ese clima cargado, Chiarella eligió bajar decibeles sin esquivar el debate. Con un tono conciliador, llamó a escucharse y a construir consensos. “Es necesario que nos juntemos a escucharnos. Cada uno con sus posturas, cada uno con sus verdades, pero creo en la posibilidad de encontrarnos”, sostuvo. El santafesino, hombre de confianza del gobernador Maximiliano Pullaro, reivindicó una UCR sin liderazgos mesiánicos y apostó a las construcciones colectivas, con posiciones comunes frente a los grandes debates nacionales.

“Cada radical, en cualquier punto del país, tiene que poder decir: esto es lo que piensa la UCR”, afirmó, en una autocrítica implícita sobre la pérdida de identidad partidaria. Y fue más allá: reconoció que el partido supo representar a amplios sectores de la sociedad, pero que luego dejó de hacerlo. “Vamos a priorizar el diálogo y la construcción de posturas comunes para volver a ser un proyecto de poder que exprese a la mayoría”, planteó.

La consigna que dejó en Córdoba fue clara y repetida: “Tenemos que encontrarnos los radicales”. Un mensaje que sonó a llamado de atención hacia adentro, en un partido atravesado por disputas que postergan la discusión de fondo.

El acto mostró una foto amplia, con presencias y ausencias que no pasaron inadvertidas. Chiarella estuvo flanqueado por Ferrer; la secretaria general nacional, Piera Fernández; los cordobeses de la conducción nacional Javier Bee Sellares, Ramón Mestre y Elisa Caffaratti; el jefe del bloque radical en la Unicameral, Matías Gvozdenovich; y el titular del Foro de Intendentes, Rubén Dagum. La ausencia de Rodrigo de Loredo no fue leída como un desaire: dirigentes de su espacio dijeron presente y el diálogo con Chiarella se mantiene abierto.

También se vio a Mario Negri —de paso fugaz—, a Jorge Sappia y a referentes alfonsinistas de Más Radicalismo, además de la Franja Morada. Bee Sellares destacó que estos encuentros “fortalecen el diálogo intergeneracional” y llamó a recuperar la vocación de gobierno. “Gobernamos cinco provincias y más de 500 municipios. La UCR es un partido competitivo”, remarcó, en un intento por levantar la autoestima partidaria.

Antes del cónclave, Chiarella se reunió con unos 50 intendentes radicales. Allí, Mestre pidió “hacer una raya y arrancar de nuevo”, sin descartar las internas si no hay acuerdo. En el cierre, Gvozdenovich puso el acento en el poder territorial de los 170 intendentes radicales en Córdoba como base para el armado de 2027 y llamó a “ordenarnos y arreglar nuestros propios quilombos”, al tiempo que invitó a volver a la calle y reconectar con la sociedad.

El paso por Córdoba se inscribe en la estrategia del nuevo titular del Comité Nacional de recorrer, en sus primeros 100 días, los distritos con peso territorial. La gira arrancó en San Luis y Córdoba, continuará en Cosquín junto a Pullaro y tendrá escala en Santa Fe con el encuentro nacional de intendentes radicales.

El mensaje final de Chiarella apunta a ordenar el partido, reposicionarlo a nivel nacional y volver a hablar de los problemas reales de la gente. “Hablar hoy de 2027 es poner el carro delante del caballo”, sintetizó un dirigente de su entorno. En Córdoba, al menos, el debate empezó. Falta saber si esta vez la UCR está dispuesta a sostenerlo y resolverlo.

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