Un gesto legislativo alcanzó para encender las alarmas en el tablero político nacional y, particularmente, en el peronismo cordobés. La firma de la diputada Natalia de la Sota en un proyecto de ley impulsado por Unión por la Patria y acompañado por dirigentes de distintos bloques activó interpretaciones que fueron mucho más allá del contenido de la iniciativa. Desde su entorno reaccionaron rápido y buscaron desactivar de plano cualquier lectura vinculada a un reordenamiento político con proyección electoral.

El proyecto en cuestión fue presentado por el diputado Guillermo Michel y propone la creación del Programa de Desendeudamiento de las Familias Argentinas, una iniciativa que apunta a aliviar la situación financiera de jubilados y sectores medios. Sin embargo, lo que generó impacto no fue el texto sino la composición de las firmas: junto a De la Sota aparecen nombres como Miguel Ángel Pichetto, Nicolás Massot y Victoria Tolosa Paz, lo que disparó especulaciones sobre un eventual armado transversal del peronismo y sectores federales opositores al gobierno de Javier Milei.
En distintos espacios comenzó a circular la idea de que el bloque unipersonal Defendamos Córdoba, que De la Sota conformó tras su salida de Encuentro Federal, podría estar dando señales de integración a un esquema opositor más amplio en el Congreso. Un armado capaz de articular al peronismo en sus distintas vertientes, junto a sectores dialoguistas desencantados con el rumbo del Gobierno nacional, con la mira puesta en el 2027.
La propia diputada reforzó esa lectura al publicar en X un mensaje con fuerte contenido político: “La política económica de @JMilei endeuda a los jubilados y a la clase media trabajadora”. El posteo dejó en claro su confrontación directa con el Ejecutivo nacional, pero también fue leído como una señal de alineamiento con un espacio opositor de mayor volumen político.
Frente a la expansión de esas interpretaciones, el entorno de De la Sota decidió intervenir. En diálogo con el asesor político Alejandro “Topo” Rodríguez, negaron cualquier tipo de acuerdo político o entendimiento estratégico detrás de la firma. “No hay ninguna intención política detrás. Se firmó porque el proyecto es muy bueno”, resumió Rodríguez, marcando una frontera nítida entre coincidencia legislativa y construcción política.
La aclaración buscó separar ambos planos en un contexto de extrema sensibilidad, donde cada movimiento parlamentario es leído como una señal de reposicionamiento. Desde Defendamos Córdoba insisten en que la diputada mantiene una línea propia, sin intención de integrarse a ningún armado mayor ni de diluir su identidad política en estructuras más amplias.
Entre las interpretaciones que circularon, una de las más fuertes fue la que la acercaba nuevamente al espacio de Hacemos Coalición Federal, donde se referencian Pichetto y Massot, y del que De la Sota se fue marcando diferencias con el schiarettismo. Desde su entorno descartaron esa posibilidad y subrayaron la inconsistencia política que implicaría, recordando que la diputada se enfrentó electoralmente con Juan Schiaretti y que la ruptura fue una definición estratégica, no circunstancial.
Otra lectura la ubicó más cerca del kirchnerismo, e incluso de sectores vinculados al gobernador bonaerense Axel Kicillof. En su entorno sostienen que esa interpretación no es ingenua y que responde a los mismos sectores que durante la última campaña buscaron asociarla a Sergio Massa y a Cristina Fernández de Kirchner, una estrategia que en Córdoba suele operar como un factor de desgaste político.
En ese punto reaparece el cordobesismo como actor central en la disputa de sentidos. La lectura interna es que a sectores del oficialismo provincial les resulta funcional instalar la idea de que De la Sota se mueve en la órbita kirchnerista, erosionando su perfil autónomo. En esa clave se inscribe la frase más filosa de Rodríguez: “En vez de ocuparse de las operaciones con Natalia, deberían preocuparse por gobernar bien la provincia. Así como van, pierden las elecciones del 2027”.
Desde Defendamos Córdoba remarcan que la diputada continuará actuando desde su bloque unipersonal, sosteniendo una oposición frontal a las políticas del presidente Milei y diferenciándose tanto de los espacios dialoguistas como de aquellos que adoptan posiciones más ambiguas frente al Ejecutivo nacional.
También aclaran que la necesidad de salir a desmentir versiones no responde a una crisis interna ni a una rectificación política, sino al intento de evitar que una coincidencia legislativa sea utilizada para construir un encuadre político que no se corresponde con su estrategia. “Es coherente con lo que viene planteando desde el inicio de la gestión libertaria”, insisten.
La polémica vuelve a dejar en evidencia el nivel de hiperinterpretación que domina la dinámica parlamentaria actual, donde una firma compartida puede convertirse rápidamente en un disparador de lecturas sobre rearmados, alianzas y proyecciones electorales. En el caso de Natalia de la Sota, el mensaje que busca instalar es claro: no hay una reconfiguración política en marcha, sino una línea propia que combina oposición dura al Gobierno nacional y autonomía frente a cualquier armado partidario mayor.
Sin embargo, el interrogante permanece abierto. La política rara vez tolera largos recorridos en soledad y el camino hacia el 2027 pondrá a prueba si esa autonomía logra sostenerse o si, como ocurre tantas veces, la dinámica del poder termina empujando a definiciones más amplias, incluso sobre las bases del cordobesismo que supo construir su padre, junto a actores con los que hoy mantiene una confrontación abierta.
