Más política que homenaje: el cordobesismo copó el acto por Illia

Cruz del Eje volvió a ser, como cada enero, el punto de encuentro del radicalismo para homenajear a Arturo Umberto Illia. Sin embargo, a 43 años de su fallecimiento, la tradicional postal dejó este año una lectura política imposible de ignorar: el acto terminó siendo capitalizado por el cordobesismo, mientras que las principales figuras del radicalismo oficialista provincial optaron por la ausencia.

El homenaje, originalmente previsto en la Casa Museo Arturo Illia pero trasladado de lugar por cuestiones climáticas, fue encabezado por la vicegobernadora Myrian Prunotto, quien no solo concentró el protagonismo político sino también la organización del encuentro. La logística y las invitaciones partieron desde la Dirección de Protocolo de la Vicegobernación, que convocó a dirigentes y militantes tanto al acto conmemorativo como al posterior traslado de la comitiva al Festival Nacional del Olivo.

Acompañada por el intendente local Renato Raschetti —radical que gobierna Cruz del Eje y que desde 2025 se integró formalmente al armado de Provincias Unidas— Prunotto logró convertir un homenaje históricamente partidario en una escena atravesada por alineamientos provinciales y señales de poder.

Las ausencias hablaron tan fuerte como las presencias. No estuvieron ni el presidente del Comité Provincia de la UCR, Marcos Ferrer, ni el diputado nacional Rodrigo de Loredo, dos de las principales referencias del radicalismo cordobés que hoy se posicionan por fuera del esquema cordobesista. El vacío contrastó con la presencia de Leonel Chiarella, flamante presidente del Comité Nacional de la UCR, quien asumió en diciembre tras un acuerdo entre gobernadores radicales —con la excepción del mendocino Alfredo Cornejo— y responde políticamente al santafesino Maximiliano Pullaro, aliado de Juan Schiaretti en Provincias Unidas.

En ese contexto, Prunotto aprovechó el homenaje para dejar un mensaje con alto contenido simbólico. “La democracia necesita acuerdos, pero sobre todo convicciones”, expresó en redes sociales, reivindicando la figura de Illia como ejemplo de ética, diálogo y firmeza. El mensaje, cuidadosamente construido, funcionó tanto como tributo histórico como definición política: un llamado a los acuerdos amplios sin resignar identidad, una idea que dialoga directamente con el discurso del cordobesismo actual.

El anfitrión Raschetti terminó de completar la escena. Electo intendente en 2023 por Juntos por el Cambio y alineado desde el año pasado al frente que lidera Schiaretti, su rol confirmó que el radicalismo que hoy orbita alrededor del oficialismo provincial no solo participa, sino que ocupa el centro del escenario.

También dijo presente Ramón Mestre, en su carácter de secretario del Comité Nacional de la UCR, acompañado por su militancia. Antes del inicio del acto, las autoridades nacionales mantuvieron una reunión privada, y luego el exintendente capitalino destacó en redes la participación de dirigentes nacionales, senadores, intendentes y referentes juveniles, marcando volumen institucional en un contexto de dispersión interna.

Un detalle no menor: el acto comenzó con una hora y media de retraso para aguardar la llegada de la vicegobernadora, un gesto que para muchos terminó de confirmar quién conducía realmente el encuentro.

Del sector que responde a Rodrigo de Loredo, la representación fue mínima pero ruidosa. El legislador departamental Fernando Luna fue el único presente y se encargó de dejar la frase más comentada de la jornada. Tras la bendición de un cura párroco que abrió su intervención preguntándose qué hacía allí, Luna tomó el micrófono y replicó con ironía filosa: “Ustedes se preguntarán qué hace un cura párroco en este acto. Pero lo que yo me pregunto es qué hacen tantos peronistas entre radicales”. La chicana arrancó aplausos de un sector y gestos de incomodidad en otro. Según relatan los presentes, hoy se habla más de esa frase que del homenaje en sí.

El acto en honor a Illia dejó así una postal nítida del presente radical en Córdoba: un partido atravesado por múltiples identidades, alianzas cruzadas y disputas de conducción. El cordobesismo logró apropiarse de un símbolo histórico del radicalismo, mientras que el radicalismo orgánico volvió a exhibir su fragmentación y sus dificultades para marcar territorio propio.

Entre gestos, silencios y chicanas, el homenaje a Illia terminó siendo menos una evocación del pasado y más una radiografía del presente: en el radicalismo cordobés, hoy conviven tantos radicalismos como correligionarios dispuestos a disputarse su legado.

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