Con una foto que funciona como mensaje político, el gobernador Martín Llaryora y el intendente Daniel Passerini inauguraron el año de gestión con una señal clara: la ciudad de Córdoba será el eje central de la estrategia oficialista rumbo a 2027. Ayer, ambos encabezaron su primera actividad institucional tras el receso estival y supervisaron el avance del altonivel que se construye sobre la Ruta 36, a la altura de avenida Vélez Sarsfield, en la zona sur de la Capital.

La imagen compartida no fue casual ni meramente protocolar. Es, en los hechos, un anticipo de la dinámica que se profundizará durante 2026: recorridas conjuntas, actos de gestión coordinados y una fuerte presencia del llaryorismo en el principal distrito electoral de la provincia. Todo, en un contexto de colaboración obligada, atravesado por una pulseada electoral que se asoma compleja para el oficialismo.
En el Panal lo tienen claro: no hay proyecto de continuidad política sin un buen desempeño en la Capital. Fue Córdoba la que le permitió a Llaryora alcanzar la gobernación en 2023 y es, nuevamente, una pieza irremplazable en el tablero de 2027. “No hay proyecto reeleccionista si la ciudad no acompaña”, repiten cerca del gobernador, donde admiten que apuntalar la gestión municipal es una necesidad estratégica antes que una concesión política.
Por eso, la Provincia apuesta a reforzar la articulación con el municipio, subrayando los “beneficios concretos” de ese trabajo conjunto que fue uno de los ejes discursivos de la campaña pasada. Una continuidad que, para buena parte de los vecinos, no terminó de materializarse como se había prometido y que hoy se traduce en presión sobre Passerini. El intendente debió reconfigurar el rumbo inicial de su gestión, condicionado por un escenario económico adverso, tensiones internas y un margen de maniobra más estrecho del esperado.
No es casual, en ese marco, que las últimas decisiones políticas de Llaryora en torno a su gabinete estén directamente vinculadas a la situación de la Capital. La imposibilidad de reelección de Passerini obliga al oficialismo a empezar a pensar nombres y a instalar, con tiempo, posibles sucesores. La gestión, en ese sentido, se convierte también en plataforma de posicionamiento.
La recorrida de ayer tuvo lugar en el sector sur de la ciudad, donde se ejecuta una de las obras viales más ambiciosas del actual ciclo de gobierno. El altonivel de Ruta 36 se suma a los ya proyectados en Malvinas Argentinas y Valle Escondido, un paquete de intervenciones que Provincia y Municipio buscan mostrar como legado de gestión y, al mismo tiempo, como contraste frente al Gobierno nacional.
Con la obra pública prácticamente paralizada a nivel nacional, el oficialismo cordobés insiste en marcar diferencias con la administración libertaria. No solo desde el discurso, sino también desde la ejecución: cada anuncio viene acompañado de referencias a la generación de empleo y al impacto económico de las inversiones en infraestructura.
Las obras, a cargo de la empresa Caminos de las Sierras, tienen como objetivo optimizar la circulación vehicular en el sur de la Capital y mejorar la conectividad entre la red vial urbana y la Autovía Córdoba–Río Cuarto, uno de los corredores estratégicos de la provincia.
“Es una obra emblemática para la ciudad de Córdoba y para todo el sur provincial. Esta infraestructura va a mejorar la seguridad vial de quienes circulan por este sector y de todos los vecinos de la zona”, señaló Llaryora durante la recorrida. Y reforzó el mensaje político: “Son inversiones trascendentales, que hacemos mientras reducimos impuestos como el Inmobiliario y mejoramos las jubilaciones de quienes menos tienen, sin detener la obra pública”.
Passerini, por su parte, destacó el carácter articulado de la iniciativa y buscó reforzar la idea de gestión compartida: “Esta obra forma parte del trabajo conjunto que realizamos con el Gobierno de Córdoba para mejorar la calidad de vida de los vecinos”.
La agenda, aseguran desde ambos equipos, no se agotará en este primer gesto. El gobernador tiene previsto intensificar su presencia en la ciudad de Córdoba a lo largo del año, participando en anuncios y actos de gestión municipal. Una estrategia que combina gestión y política, con un objetivo claro: blindar la Capital y ordenar el escenario interno antes de que la carrera hacia 2027 entre definitivamente en su tramo decisivo.
