De Loredo marca agenda en Jesús María

Rodrigo de Loredo eligió con precisión quirúrgica el momento y el escenario para volver a escena. Tras poner fin a sus vacaciones, el dirigente radical reapareció este jueves por la noche en el Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María, una de las vidrieras políticas más potentes del verano cordobés, apenas un día antes de la llegada del presidente Javier Milei. Nada fue casual: tiempo, forma y mensaje respondieron a una estrategia cuidadosamente diseñada.

El ex jefe del bloque UCR en Diputados definió al festival como uno de los “más importantes de la República Argentina”, subrayando su valor cultural, histórico y económico. En un contexto social atravesado por el rechazo a la “casta” y la hipersensibilidad frente a la sobreactuación política, De Loredo optó por un equilibrio medido: presencia territorial sin estridencias, respaldo institucional sin subordinación explícita.

En su entorno buscaron desactivar rápidamente las versiones que circularon sobre un supuesto “veto” presidencial para compartir agenda con Milei. “Desde el inicio estaba previsto que viniera el jueves; el viernes nunca estuvo en los planes”, aclaró un colaborador cercano. La precisión no es menor: en el actual tablero opositor, cada gesto se sobredimensiona y cada ausencia se traduce en especulación política.

Respaldo al rumbo libertario, con identidad propia

En clave nacional, De Loredo eligió enfatizar coincidencias antes que diferencias con el Gobierno libertario. Recordó su acompañamiento parlamentario a las principales leyes impulsadas por la Casa Rosada, especialmente aquellas vinculadas al orden fiscal y la lucha contra la inflación. Reivindicó su rol en la construcción de gobernabilidad y sostuvo que, aunque duras, las decisiones adoptadas por la administración Milei “fueron acertadas”.

El mensaje fue claro: respaldo al rumbo económico, pero sin diluir su identidad política. Un equilibrio complejo, pero necesario para un dirigente que busca captar al electorado que valida el ajuste, sin resignar volumen propio en una provincia donde el radicalismo conserva anclaje territorial.

De Loredo también valoró la visita presidencial como un gesto de fuerte carga simbólica hacia el interior productivo y como una expresión concreta del federalismo, un concepto que atraviesa su discurso y que busca disputar al oficialismo nacional desde una lógica no confrontativa.

Exhibición de músculo territorial

En una de las noches más convocantes del festival —con Soledad Pastorutti, el Indio Lucio Rojas y Los Carabajal sobre el escenario—, el dirigente radical se mostró rodeado de los suyos. Lo acompañaron los legisladores Alejandra Ferrero, Fernando Luna, Ariel Grich, Ariela Szpanin, Alfredo Nigro y José Bria, además de un grupo de intendentes encabezados por el anfitrión Federico Zárate y el jefe comunal de Sinsacate, Carlos Ciprian, integrante de la mesa chica del foro radical de intendentes.

La foto no fue inocente: buscó exhibir estructura, volumen político y territorialidad en un momento donde la centralidad parece monopolizada por La Libertad Avanza. En tiempos de liderazgo presidencial fuerte, De Loredo eligió mostrar que la UCR sigue viva, organizada y con ambición de poder.

Meta 2027: candidatura confirmada y disputa interna en puerta

El mensaje de fondo volvió a ser el mismo: su objetivo es la gobernación de Córdoba. Lo había anticipado antes de cerrar 2025 y lo ratificó ahora, sin eufemismos. Su nombre estará en la boleta en 2027. Ya no se trata de una aspiración individual: legisladores, intendentes, concejales y dirigentes territoriales comenzaron a encolumnarse detrás de su figura, consolidándolo como el candidato “natural” del radicalismo, aunque no exento de tensiones internas.

Ramón Mestre aparece como el principal escollo dentro de la UCR, en un escenario atravesado por el “factor Milei”, que reconfiguró alianzas y liderazgos. Para evitar una nueva implosión partidaria como la de 2025, el deloredismo anticipó que habilitará una interna radical en mayo próximo, una jugada pensada para ordenar la tropa, legitimar liderazgos y llegar fortalecidos a la etapa de negociación política.

La hoja de ruta es clara: primero estructura propia y escudería electoral; después, alianzas. Su paso por Jesús María forma parte de una estrategia de alta visibilidad pública que se intensificará desde febrero, cuando oficialice su candidatura y active un despliegue territorial sostenido por el interior provincial.

El frente no peronista, entre la unidad y la fragmentación

En la carrera por desalojar al peronismo del poder provincial, De Loredo no está solo. Luis Juez y Gabriel Bornoroni también juegan, ambos bajo el paraguas político de Javier Milei. El libertario con tonada llega fortalecido tras la contundente victoria de La Libertad Avanza en las legislativas del 26 de octubre, que tiñeron Córdoba de violeta. Juez, por su parte, cultiva su vínculo personal con el Presidente.

El interrogante central sigue abierto: ¿habrá un frente común no peronista o la dispersión terminará allanándole el camino al PJ? El oficialismo provincial apuesta, precisamente, a esa fragmentación.

Por ahora, De Loredo prioriza su armado propio, mientras Juez y Bornoroni conducen la mesa política provincial de La Libertad Avanza, donde ya conviven figuras como Soledad Carrizo y Luis Picat, radicales alineados con el oficialismo nacional.

En Jesús María, el dirigente radical dejó un guiño calculado a sus eventuales socios opositores. Se mostró optimista sobre la posibilidad de acuerdos futuros, pero al mismo tiempo subrayó el despliegue territorial de la UCR y los números favorables que exhibe en las encuestas. Sin cerrar la puerta a la unidad, volvió a marcar territorio y envió un mensaje directo: el radicalismo ya supo ceder cuando fue necesario; esta vez, cree estar en condiciones reales de liderar la disputa por el poder en Córdoba en 2027.

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