Siciliano sube al PJ a la grilla de Jesús María y el festival se consolida como vidriera política

La 60ª edición del Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María quedará marcada no sólo por su cartel artístico, sino también por una densidad política poco habitual. En un anfiteatro José Hernández acostumbrado a recibir multitudes y tradiciones, este año desfilan —en distintos días y formatos— referentes del oficialismo provincial, la oposición radical y el propio presidente de la Nación. La política, una vez más, se mezcla con la cultura popular.

En ese marco, el peronismo cordobés decidió no quedar al margen. Aunque el gobernador Martín Llaryora no tiene previsto asistir y retomará formalmente su agenda recién el próximo lunes, el Gobierno provincial dijo presente a través del ministro de Vinculación y Gestión Institucional, Miguel Siciliano, quien encabezó la representación oficial en la noche del miércoles.

Siciliano llegó al festival acompañado por intendentes y dirigentes de Hacemos Unidos del departamento Colón, aportando volumen político a una jornada que, puertas adentro del PJ, fue leída como una señal: el oficialismo provincial también juega en la vidriera festivalera, aun cuando el centro de atención esté puesto en la inminente llegada de Javier Milei.

El ministro fue recibido por el intendente anfitrión, Federico Zárate, con quien brindó una conferencia de prensa y luego compartió el palco oficial. El gesto no fue menor. Jesús María es una ciudad con un electorado afín a las ideas libertarias y gobernada por un intendente radical que, según repiten en el Panal, “aplica un manual de gestión compatible con el clima de época”. En ese territorio, el peronismo buscó mostrarse sin estridencias, pero con presencia institucional.

La visita de Siciliano se dio en la antesala de una grilla política que irá in crescendo. Hoy será el turno del radicalismo, con la presencia de Rodrigo De Loredo, exdiputado y precandidato a gobernador, quien llegará escoltado por intendentes y legisladores de la UCR para exhibir musculatura propia. Mañana, en tanto, la atención se concentrará en la denominada “noche libertaria”, con la llegada del presidente Milei.

Será la primera vez que el actual jefe de Estado pise el festival, un dato que no pasa inadvertido si se recuerda que, apenas asumido, Jesús María fue blanco de críticas por el aporte estatal a los festivales populares. En el oficialismo cordobés leen esa visita como un giro: entienden que Milei da por cerrada aquella polémica y, de algún modo, convalida un esquema que antes cuestionaba.

“No habrá un cruce institucional entre la Provincia y la Nación”, aclaran cerca del gobernador, pero sí un reconocimiento implícito. Para Hacemos Unidos, la presencia presidencial permite exhibir el modelo cordobesista que apuesta a la economía naranja y defiende el rol del Estado en el sostenimiento de la cultura como motor de desarrollo.

En esa línea se expresó el propio Siciliano en la previa de su recorrida: “Este emblemático festival forma parte de nuestra identidad y también impulsa el turismo, una industria clave para el desarrollo provincial. Genera un fuerte movimiento económico y promueve la creación de puestos de trabajo en sectores como el hospedaje, la gastronomía, el comercio, el transporte y los distintos emprendimientos que integran esta actividad”.

El ministro insistió además en el carácter estratégico de los festivales para Córdoba: no sólo como expresión cultural, sino como política pública que dinamiza economías regionales y posiciona a la provincia como destino turístico de primer orden.

Con Milei a punto de desembarcar, sin recepción formal del gobernador —a diferencia de lo ocurrido en 2017, cuando Mauricio Macri visitó el festival junto a Juan Schiaretti—, Jesús María vuelve a confirmarse como una caja de resonancia política. Silbidos, aplausos o indiferencia: el público, como siempre, tendrá la última palabra.

Mientras tanto, el festival avanza y la grilla política se completa. Peronistas, radicales y libertarios se turnan el escenario simbólico. La doma y el folklore siguen siendo el centro, pero la rosca, esta vez, también baila al ritmo de Jesús María.

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