Schiaretti vuelve al Congreso

Juan Schiaretti confirmó esta semana, a través de sus redes sociales, que tras recibir el alta médica asumirá en febrero su banca como diputado nacional dentro del bloque Provincias Unidas. El regreso del ex gobernador cordobés a la actividad parlamentaria marca el fin de un paréntesis forzado por razones de salud y abre una nueva etapa de protagonismo político, tanto en el plano nacional como en la siempre compleja interna del peronismo cordobés.

Tres veces gobernador de Córdoba y una de las figuras más influyentes del federalismo argentino en las últimas dos décadas, Schiaretti no modificará la aritmética de la Cámara de Diputados con su llegada, pero sí aportará una voz con peso propio en un Congreso que se encamina a debatir reformas estructurales de alto impacto. Su desembarco coincide, además, con un momento de especial sensibilidad política: a partir de febrero comenzará el tratamiento de las denominadas “reformas de segunda generación” impulsadas por el oficialismo nacional tras el recambio legislativo que dejaron las elecciones de medio término.

Con La Libertad Avanza consolidada como primera minoría desde diciembre, con 95 diputados propios, el oficialismo se prepara para discutir un nuevo marco legal para las relaciones laborales y una reconfiguración profunda del sistema tributario argentino. A ese núcleo se le suma el interbloque Fuerza del Cambio, presidido por Cristian Ritondo, que aporta 22 voluntades: 12 del PRO, seis de la UCR, dos del MID y las bancas individuales de Karina Banfi y José Luis Garrido. En total, 117 diputados, apenas a doce del quórum.

En la vereda opuesta, Unión por la Patria reúne 93 legisladores, lo que deja un escenario de paridad inestable donde los bloques intermedios adquieren un rol decisivo. Allí se ubica el interbloque Unidos, con 22 bancas, de las cuales 18 corresponden a Provincias Unidas, el espacio que integrará Schiaretti. En ese esquema, cada voto cuenta y la capacidad de articulación política se vuelve tan relevante como la aritmética pura.

El regreso del ex gobernador reabre, además, una pregunta clave: ¿cómo se alineará la estrategia parlamentaria de Provincias Unidas con los intereses del Gobierno de Córdoba, que mantiene una negociación permanente y pragmática con la Casa Rosada? La incógnita no es menor en un contexto donde el llaryorismo, ya plenamente instalado en el poder provincial, comenzó a introducir cambios en el gabinete que, de manera progresiva, van desplazando estructuras heredadas del schiarettismo.

Aunque en el peronismo rige una regla no escrita pero inalterable —“el que gobierna conduce”—, la transición interna dista de estar completamente cerrada. Con el schiarettismo en un visible cuarto menguante, la renovación del oficialismo cordobés todavía parece tener capítulos pendientes, algunos de ellos atravesados por tensiones soterradas entre pasado reciente y presente en construcción.

Paradójicamente, para el propio Gobierno Provincial, la figura de Schiaretti continúa siendo un activo político de alto valor. Su experiencia, su perfil moderado y su inserción nacional pueden amplificar la voz de Córdoba en debates clave del Congreso, en especial aquellos que afecten de manera directa a las economías regionales, la obra pública y el esquema de coparticipación.

Desde su entorno insisten en que el ex mandatario no presidirá el bloque, una decisión que relativizan al señalar que se trata de una función más administrativa que política. Schiaretti, subrayan, no necesita de títulos formales para incidir en la agenda legislativa ni para convertirse en un referente ineludible dentro del recinto.

El rol de diputado nacional lo devolverá, además, a una mayor exposición en el debate público. No solo en cuestiones de política nacional, sino también en asuntos provinciales que, en más de una ocasión, aparecen estrechamente vinculados a las decisiones que se toman en Buenos Aires.

Con su regreso, Córdoba recupera en el escenario nacional a un actor de primera línea. Un dirigente que, aun fuera del Ejecutivo, conserva capacidad de influencia y que probablemente volverá a gravitar en la reconfiguración del tablero político y electoral que ya empieza a perfilarse rumbo a 2027.

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