La visita de Javier Milei al Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María no será solo una postal costumbrista ni un guiño al electorado tradicionalista del interior. Será, sobre todo, un gesto de ordenamiento político. Y en ese movimiento, Gabriel Bornoroni decidió marcar territorio con una señal clara: dejó fuera de la comitiva oficial a Rodrigo de Loredo y lo desplazó de la escena central del libertarismo cordobés.

El jefe del bloque de La Libertad Avanza en Diputados eligió no invitar al referente de la UCR provincial —hasta hace poco socio parlamentario clave del oficialismo nacional— y, en cambio, sí convocó a Soledad Carrizo, ex diputada radical alineada con el gobernador mendocino Alfredo Cornejo. El mensaje fue doble: exclusión hacia adentro de Córdoba y reafirmación de un acuerdo político que se cocina fuera de la provincia.
La decisión no pasó inadvertida en el ecosistema político local. En momentos en que Milei busca ordenar su armado territorial y evitar “franquicias” provinciales con autonomía propia, Bornoroni se posiciona como el administrador exclusivo de la marca presidencial en Córdoba. En esa lógica, De Loredo aparece como una figura incómoda: con volumen propio, discurso opositor moderado y vínculos cruzados que no terminan de cerrar en la narrativa libertaria.
La exclusión fue leída como un mensaje directo. La lapicera libertaria no se comparte, y las alianzas se definen en Buenos Aires, no desde el radicalismo cordobés. Milei llegará a Jesús María para reforzar su vínculo con el interior productivo y con sectores culturalmente afines a su discurso, mientras Bornoroni se mostrará como anfitrión político del Presidente en la provincia. En ese esquema cuidadosamente armado, De Loredo quedó corrido de la foto principal.
Lejos de resignarse, el diputado radical activó un plan alternativo. Viajará igual a Jesús María, acompañado por intendentes del interior provincial, en una jugada que apunta a exhibir dos activos que Bornoroni todavía no logra mostrar por fuera del paraguas presidencial: estructura territorial y volumen político propio. No será parte del círculo presidencial, pero buscará construir una escena paralela que lo mantenga en carrera.
El desplante, sin embargo, no es un hecho aislado. En el entorno libertario hace tiempo que circula una acusación persistente: que De Loredo “juega a dos puntas”. Le reprochan intentar capitalizar su vínculo con Milei sin asumir los costos políticos del ajuste, al tiempo que mantiene canales abiertos con el peronismo cordobés que lidera Martín Llaryora. Para Bornoroni, ese doble juego lo vuelve un socio poco confiable.
La exclusión del evento fue, en ese marco, una forma de bajarle el precio a su rol como aliado estratégico en el Congreso y de reordenar la jerarquía opositora en Córdoba. La discusión de fondo vuelve a escena: quién lidera la oposición provincial y quién puede apropiarse políticamente del vínculo con el Presidente.
Bornoroni apuesta a un armado puro, sin intermediarios y con control total de la marca Milei. De Loredo, en cambio, sostiene que es el único con chances reales de derrotar al peronismo en una elección provincial, una convicción que dice respaldar en encuestas que, por ahora, no muestra. Mientras tanto, el libertarismo ya empezó a trazar su línea divisoria. Y en Jesús María, más que folklore, lo que se verá será una disputa abierta por el liderazgo opositor en Córdoba.
