La caída de Nicolás Maduro tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela sacudió el tablero internacional, pero también reconfiguró el debate político en la Argentina. El impacto fue inmediato: celebraciones en las calles, protestas contra la injerencia extranjera, grietas ideológicas expuestas y un arco político que, lejos de la unanimidad, mostró posturas tan contundentes como contradictorias. En Córdoba, las reacciones no tardaron en llegar, aunque con matices marcados entre el entusiasmo libertario, la advertencia institucional y el silencio estratégico.

Bornoroni y el festejo libertario
Uno de los primeros dirigentes cordobeses en pronunciarse fue el diputado nacional Gabriel Bornoroni, jefe del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara baja. Fiel a la línea discursiva del oficialismo nacional, celebró sin rodeos la captura del mandatario venezolano tras la incursión estadounidense.
“En Venezuela finalmente cayó Maduro. Celebramos todos los que amamos la libertad”, escribió Bornoroni en su cuenta de X, donde además apuntó contra el kirchnerismo por “salir en defensa de un régimen tiránico que violaba los derechos humanos”. El mensaje cerró con el ya clásico “VLLC!!!”, sello identitario del presidente Javier Milei y del espacio libertario.
La postura no quedó solo en declaraciones individuales. Poco después, el bloque de La Libertad Avanza presentó un proyecto de declaración en Diputados para “manifestar el respaldo de esta Cámara a la captura y remoción del territorio venezolano del dictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores”. El comunicado difundido en redes concluyó con una consigna clara: “Venezuela será libre”.
La posición libertaria se alineó sin fisuras con la del presidente Milei —confeso admirador de Donald Trump— y con la de la senadora Patricia Bullrich, quien incluso participó de una manifestación en el Obelisco y anticipó la disposición de la Argentina a colaborar con Estados Unidos en el proceso de transición, aunque sin precisar alcances ni condiciones.
Natalia de la Sota y el límite del derecho internacional
En la vereda opuesta se ubicó la diputada nacional Natalia de la Sota, referente de Defendamos Córdoba, quien puso el foco en las consecuencias institucionales del operativo militar y cuestionó el silencio del Estado argentino.
“La violación del derecho internacional y el ataque militar al pueblo de Venezuela sientan un grave precedente que Argentina tenía que condenar oficialmente, pero no lo hizo”, sostuvo la legisladora. Para De la Sota, el rechazo al autoritarismo no puede implicar el aval a una intervención armada: “Se debe rechazar el autoritarismo sin avalar una operación ilegal que sólo persigue intereses económicos”.
Su posicionamiento buscó marcar una línea intermedia entre la condena al régimen chavista y la defensa del principio de soberanía, un equilibrio que también fue planteado por otros sectores del peronismo no alineado al kirchnerismo duro.
Llaryora y la estrategia del silencio
Mientras el debate escalaba a nivel nacional, el gobernador Martín Llaryora optó por la prescindencia. De vacaciones hasta el 14 de enero, el mandatario cordobés fue uno de los pocos gobernadores que decidió no pronunciarse públicamente sobre la caída de Maduro y la intervención estadounidense.
Desde el Panal explicaron que la postura responde a una lógica institucional: “Las relaciones internacionales las maneja la Nación”. Bajo ese argumento, ni el gobernador ni sus ministros fijaron posición. En un escenario altamente polarizado, el cordobesismo eligió el muteo.
La única voz suelta —y aclarada como opinión personal— fue la del funcionario municipal Juan Domingo Viola, quien advirtió que, por graves que sean las críticas al contexto venezolano, “no otorgan a Estados Unidos ni a ninguna potencia una carta blanca para intervenir”, y remarcó que la solución debe surgir del propio pueblo venezolano o del respaldo multilateral.
Un mapa político fragmentado
La neutralidad cordobesa contrastó con la reacción de otros mandatarios provinciales. El hecho incomodó especialmente al peronismo kirchnerista, históricamente vinculado al chavismo. Axel Kicillof condenó la intervención por considerar que “viola los principios elementales del Derecho Internacional”, postura compartida por Ricardo Quintela, Gustavo Melella y Sergio Ziliotto.
En el otro extremo, gobernadores como Alfredo Cornejo, Leandro Zdero, Osvaldo Jaldo y Jorge Macri celebraron la caída de Maduro, calificando la jornada como “histórica” y como una “oportunidad” para Venezuela.
El radical Maximiliano Pullaro, en cambio, replicó el comunicado del comité nacional de la UCR, que llamó a una salida “democrática, pacífica y constitucional”, evitando convalidar tanto el régimen caído como la intervención militar.
Córdoba, entre la alineación y la cautela
Las reacciones de Bornoroni y De la Sota sintetizan las dos miradas que hoy conviven en la dirigencia cordobesa: una que celebra sin matices el fin del chavismo aun al costo de validar una intervención extranjera, y otra que advierte sobre los riesgos institucionales de ese camino. En el medio, el gobierno provincial eligió no jugar, apostando a que el conflicto quede encapsulado en la agenda nacional.
La caída de Maduro no solo modificó el equilibrio geopolítico regional. También expuso, una vez más, cómo la política argentina —y la cordobesa en particular— se debate entre convicciones ideológicas, pragmatismo y silencios calculados.
