El cierre de 2025 dejó al descubierto un clima de alta tensión política en Córdoba, con la oposición de Juntos por el Cambio atravesando uno de los episodios internos más ásperos del año legislativo. Cruces, reproches y pases de factura entre el juecismo y la UCR reavivaron las versiones de una fisura que el peronismo provincial observa con atención —y cierto entusiasmo— de cara a la disputa por el poder en 2027. Sin embargo, puertas adentro del interbloque opositor insisten en una consigna clara: hay tensión, pero no ruptura.

El contexto potencia cada movimiento. En el arco político dan por hecho que el calendario electoral se adelantará en 2027, lo que convierte a 2026 en un año de máxima intensidad. En ese marco, cualquier desacuerdo opositor es leído por el PJ como una oportunidad para debilitar a su principal adversario. Y el oficialismo no disimula su estrategia: fogonear diferencias, amplificar roces y sembrar dudas sobre la capacidad de Juntos por el Cambio para sostener la unidad.
El interbloque que nuclea a las bancadas referenciadas en Rodrigo de Loredo y Luis Juez quedó envuelto así en una polémica que rápidamente escaló. Desde el peronismo hablaron de “fisura”; desde la UCR denunciaron directamente una operación política. “Sí, ellos lo ven así, pero no hay fisura”, afirmó Alejandra Ferrero, referente deloredista en la Unicameral. “Tenemos una relación construida desde hace mucho tiempo. No es de ayer y no se rompe tan fácil”, remarcó, en un intento de bajar la espuma a un conflicto que ya había ganado volumen público.
El disparador fue el pliego de designación de Florencia Degano como adjunta de la nueva Procuración Penitenciaria. La nominación, presentada como “radical”, desató un choque frontal entre el Frente Cívico y la UCR. En el juecismo acusaron a “unos pícaros radicales” —con señalamientos directos a Julio Ochoa, alineado con Marcos Ferrer— de haber negociado con el gobernador Martín Llaryora. En el radicalismo lo negaron de plano y devolvieron la acusación: sostienen que se trató de una maniobra deliberada del PJ para sembrar división, una estrategia que, advierten, se profundizará durante 2026.
“Lo de Degano fue una operación del peronismo. No tengo más herramientas que mi voto para demostrar mi coherencia”, sostuvo Ferrero, al recordar que su bancada rechazó todos los pliegos judiciales impulsados por el oficialismo en la última sesión del año. Esa votación, lejos de cerrar el capítulo, reavivó el fuego cruzado en torno al control del Poder Judicial y dejó expuesta la fragilidad del equilibrio interno opositor.
A la controversia se sumó otro episodio que irritó al Frente Cívico: el nuevo reclamo de De Loredo para que Juez haga “un gesto” en pos de ganarle al peronismo. La respuesta fue inmediata y sin matices. “Nuestro gesto es decirle que se quede tranquilo: nunca Luis Juez ni el Frente Cívico van a negociar con la corrupción. No negociamos cargos. Ni dos, ni veinte, ni doscientos”, disparó Walter Nostrala, uno de los dirigentes más cercanos al senador. El fuego amigo, amplificado, le dio al PJ la excusa perfecta para instalar la idea de una oposición partida.
Desde la UCR relativizan el impacto del cruce y recuerdan antecedentes similares. “Así como pasó cuando ellos votaron al fiscal general, no se rompió nada”, señaló Ferrero. “Sabemos que tenemos que estar juntos. Nuestro norte es ese. El peronismo no va a lograr rompernos tan fácil”, insistió, marcando que la experiencia compartida funciona como un dique de contención frente a las provocaciones externas.
Unidad, fuera de discusión
Lejos de replegarse, el juecismo contraatacó poniendo el foco en las propias tensiones del oficialismo. “En el PJ tienen que preocuparse de no quebrarse ellos. Observamos, como no había ocurrido antes, a legisladores oficialistas muy críticos con el gobierno de Llaryora. El fin de ciclo trae consecuencias en algunos casos irreparables”, lanzó Nostrala, en una lectura que busca invertir el eje del debate.
“En el interbloque tenemos diferencias desde siempre. Pero también coincidencias, y creo que eso es lo que cuenta”, agregó el dirigente ultrajuecista. “Mantener la unidad no estuvo nunca en discusión. Hay diálogo permanente y mucho respeto. El Frente Cívico tiene su identidad y eso no es negociable”. La definición marca un límite claro: unidad estratégica, identidades preservadas.
La UCR acompaña ese diagnóstico. Para Matías Gvozdenovich, jefe de la bancada radical, “las bases reclaman la unidad” del alineamiento opositor. “Los dirigentes, los intendentes, los concejales en cada pueblo nos piden que estemos juntos”, sostuvo. Y añadió una señal política hacia adentro: “De nuestra parte vamos a hacer todo lo posible para que eso continúe”.
En la vereda opositora, sin embargo, nadie desconoce que 2026 será un año de afirmación individual. Cada espacio buscará mostrar músculo propio antes de sentarse a negociar un frente más amplio. El PJ, mientras tanto, intentará profundizar cada diferencia. “Depende más que todo de las cabezas”, resumió Gvozdenovich. “Porque las bases quieren la unidad”.
Lógicas distintas, una misma meta
Pese a los tironeos y a un vínculo que algunos admiten “enfriado”, en el entorno de De Loredo aseguran que no hay ruptura con Juez. “Tienen muy buen vínculo, pero los dos quieren lo mismo. Eso genera roces, pero no nos van a hacer pelear”, sintetizó una voz deloredista. En ese marco reaparece un tema sensible: el acuerdo original de alternancia, una discusión que nunca terminó de cerrarse y que sigue latente como una cuenta pendiente.
“Vamos a administrar de la mejor manera posible ese aspiracional de ambos”, afirmó Ferrero, en un intento de despejar fantasmas. Pero las estrategias ya muestran diferencias. Juez decidió avanzar con La Libertad Avanza e integrarse a la mesa política junto a Gabriel Bornoroni. “Estamos muy cómodos jugando ahí”, confían en el juecismo, aunque reconocen una relación “un poco fría” con De Loredo.
En la UCR, en cambio, el foco está puesto en el reordenamiento interno. De Loredo apuesta a fortalecer primero la estructura partidaria antes de ampliar alianzas. En febrero lanzará su despliegue territorial por el interior provincial, aceitó el vínculo con los intendentes radicales e incluso recompuso relaciones con quienes jugaron para Juan Schiaretti en las legislativas. “Les abrió los brazos a todos”, admiten cerca suyo, conscientes del juego de presiones del PJ sobre los jefes comunales radicales.
Ese proceso se completa con la interna partidaria. La convocatoria a elecciones internas en mayo próximo para renovar autoridades de la UCR, comunicada por Marcos Ferrer tras una reunión “tirante” del Comité Provincia, se inscribe en esa lógica de reordenamiento. El choque con el mestrismo, las disputas por candidaturas y el factor Milei condicionan el escenario.
Desde la oposición interna, Martín Lucas reclamó que el partido “se mantenga fiel a sus principios, ideas y valores”. “No es aferrarse a algo viejo, sino revalorizar y modernizar una herramienta que debe ser de resistencia y esclarecimiento, pero también de propuesta y vanguardia”, planteó el alfonsinista. Ferrero, por su parte, destacó la fortaleza territorial y política del radicalismo y admitió que el partido está en plena revisión de su vida interna.
Con la mira puesta en 2027, Juntos por el Cambio transita un equilibrio delicado: sostener la unidad sin licuar identidades, administrar ambiciones sin romper puentes. El peronismo apuesta a que las tensiones hagan el trabajo sucio. Por ahora, la oposición resiste. La pregunta no es si habrá más roces, sino cuánto resistirá esa delgada línea entre la competencia interna y la ruptura que otros esperan.
