En plena recuperación, el exgobernador de Córdoba se apresta a asumir su banca y reordenar equilibrios en un Congreso tensionado. El impacto se proyecta sobre la reforma laboral, el rol del peronismo federal y la negociación clave entre Córdoba y la Nación por la Caja de Jubilaciones.

El 2026 político arranca con una expectativa que excede largamente las fronteras de Córdoba y se proyecta sobre el funcionamiento mismo de la Cámara de Diputados: el inminente retorno de Juan Schiaretti a la actividad legislativa. Electo diputado nacional, pero ausente desde el inicio del período por razones de salud, el exgobernador transita el tramo final de su recuperación y, según coinciden en su entorno, se prepara para volver a escena en un Congreso donde su sola presencia promete alterar dinámicas, números y climas.
Schiaretti fue sometido meses atrás a una intervención quirúrgica para el reemplazo de la válvula aórtica. La operación resultó exitosa, aunque derivó en una complicación posterior no prevista, ya superada. Hoy, quienes lo frecuentan describen una evolución sostenida, con recuperación de la rutina diaria y un estado general que habilita pensar en una reincorporación plena a la vida política en el corto plazo. El mensaje que baja desde su círculo íntimo es directo y sin matices: el “Gringo” vuelve.
El primer test: reforma laboral y sesiones clave
El calendario legislativo ofrece una primera estación decisiva. En el oficialismo nacional ya descuentan un nuevo llamado a sesiones extraordinarias, con la reforma laboral como eje central, prevista para fines de enero o comienzos de febrero. Aunque no se descarta su presencia en ese tramo, en el interbloque Provincias Unidas proyectan con mayor certeza su regreso formal para el inicio de las sesiones ordinarias de marzo, cuando Schiaretti ocuparía su banca casi con seguridad.
Sin embargo, la centralidad de la reforma laboral en la agenda del Gobierno nacional abre la puerta a un retorno anticipado. En un tema que combina impacto social, resistencia sindical y negociación política, la voz y el voto del exgobernador podrían adquirir un peso específico, especialmente en una Cámara Baja fragmentada y con mayorías siempre inestables.
Números que importan, pero no explican todo
En el interbloque federal no esperan una vuelta simbólica. Con Schiaretti sentado en su banca, el espacio que integra junto a Encuentro Federal superaría en un miembro al interbloque PRO-UCR, inclinando a su favor la disputa por la conformación de comisiones. Ese terreno, muchas veces silencioso, es donde se definen buena parte de las batallas políticas reales del año legislativo.
Pero el dato más relevante no es aritmético, sino político. En un Congreso atravesado por tensiones permanentes, gestualidades extremas y debates cada vez más crispados, Schiaretti encarna un perfil poco frecuente en la actualidad: gestión, pragmatismo y volumen político. En su entorno sostienen que no solo su bloque, sino la Cámara en su conjunto, necesita dirigentes con trayectoria y sentido de realidad para devolverle cierta racionalidad a un clima donde lo estridente y lo bizarro ganan terreno.
El peronismo federal y el factor Milei
El regreso del exgobernador reaviva una pregunta de fondo: ¿qué rol jugará el peronismo no alineado, federal y de gestión, en un año donde el Gobierno de Javier Milei buscará avanzar con reformas estructurales mientras enfrenta resistencias crecientes? Schiaretti no encaja cómodamente ni en la oposición dura ni en el oficialismo dialoguista. Su lugar histórico ha sido el del equilibrio incómodo: diálogo sin subordinación y defensa de los intereses productivos del interior.
Ese posicionamiento, que en otros contextos parecía residual, vuelve a cobrar valor en un escenario de polarización extrema. Y es, justamente por eso, un factor que puede trastocar los cálculos de la Casa Rosada, obligada a negociar cada voto en un Congreso que no le es propio.
Córdoba, Llaryora y la Caja
En clave provincial, el retorno de Schiaretti coincide con el proceso mediante el cual Martín Llaryora busca consolidarse como figura excluyente del cordobesismo. En ese marco, la gravitación del exgobernador en el Congreso podría configurar un esquema de protagonismo compartido, con roles diferenciados pero complementarios.
Aunque desde ambos entornos remarcan que los márgenes de acción entre el Panal y el Parlamento están claramente delimitados, el diálogo entre Llaryora y Schiaretti aparece como una pieza central de la estrategia frente al gobierno libertario. Según fuentes cercanas a ambos dirigentes, nunca dejaron de hablar, aunque cuestiones vinculadas a la salud del exgobernador postergaron una reunión clave para planificar un rumbo común hacia 2027. Ese encuentro, aseguran, estaría próximo.
La sincronía no es casual. Córdoba se encamina a una instancia decisiva en su vínculo con la Nación: la negociación por los fondos de la Caja de Jubilaciones, un déficit estructural que vuelve a tensar la relación con la Casa Rosada. Allí, el “Gringo” podría aportar no solo experiencia, sino canales de diálogo que hoy escasean.
Un regreso que no será silencioso
Así, el arranque del 2026 encuentra a Juan Schiaretti lejos del retiro y cada vez más cerca del centro de la escena política nacional. Su recuperación es una buena noticia en lo personal, pero también un dato político que comienza a reordenar expectativas en el Congreso. Cuando vuelva a ocupar su banca, no será en silencio: la del exgobernador asoma como la voz legislativa más consistente de un federalismo decidido a hacerse oír.
Con el ojo puesto en Córdoba y la agenda nacional, y fiel a un enfoque de análisis político con tono crítico sutil que ya es marca registrada en tu trabajo periodístico y en tu blog, este regreso no solo interpela a los actores del poder, sino que anticipa un 2026 donde el equilibrio y la gestión volverán a disputar espacio en un Congreso habituado al ruido.
