Un socio político funcional al oficialismo

Hay momentos en la política en los que los discursos se caen y los hechos hablan solos. La última sesión de la Legislatura de Córdoba dejó al descubierto una verdad incómoda: el oficialismo no gobierna solo, lo hace con socios circunstanciales que aparecen cuando más los necesita.

El proyecto que crea la Procuraduría Penitenciaria, con sueldos varias veces millonarios y jubilaciones de privilegio, no habría sido aprobado sin una complicidad clave. Mientras toda la oposición decidió no convalidar con su presencia una maniobra que rechazamos de plano, un solo legislador eligió quedarse y votar, garantizando el quórum necesario para que el peronismo de Llaryora lograra su objetivo.

Ese legislador fue Agustín Spaccesi.

El contexto no es menor. En la Córdoba real, la que no aparece en los discursos oficiales, jubilados, docentes, médicos, policías y empleados públicos sobreviven con salarios de pobreza. En esa misma provincia, se pretende crear una estructura diseñada para asegurar cargos, sueldos y beneficios extraordinarios para amigos del poder de turno.

Frente a este escenario, toda la oposición —con fundamentos, responsabilidad institucional y respeto por la sociedad— decidió retirarse de la sesión. No íbamos a legitimar con nuestra presencia un proyecto rechazado incluso por la Asociación de Magistrados y por el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura. No era un capricho político: era una señal clara de que así no se legisla.

Sin embargo, la sesión continuó. ¿Por qué?
Porque alguien eligió ser funcional al oficialismo.

Quedó evidenciado que sin esa presencia, el proyecto no se aprobaba. Y quedó aún más expuesta la incongruencia cuando, apenas horas antes, el propio legislador Spaccesi había publicado un video asegurando que no iba a acompañar esta iniciativa.

¿Qué pasó entre ese video y la votación?
¿Qué explicación puede dar ante la sociedad por un cambio de postura tan abrupto?

No se trata de una diferencia ideológica menor ni de un desacuerdo técnico. Se trata de haber habilitado un esquema de privilegios, en un momento crítico, con miles de cordobeses haciendo malabares para llegar a fin de mes.

Cuando alguien se presenta como opositor, como “libertario” o como alternativa al poder, sus actos deben estar a la altura de sus palabras. En este caso, las palabras fueron desmentidas por los hechos.

La verdad sobre este cambio de actitud tiene que salir a la luz. Porque la política no se mide por los discursos grabados, sino por las decisiones que se toman cuando hay que elegir entre el interés general y la conveniencia del poder.

Y esta vez, esa elección fue clara.

Por Miguel O. Nicolás – Legislador Provincial
Bloque UCR

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