Por estas horas, en el Palacio 6 de Julio reina una mezcla de alivio, resignación y cálculo político. Después de semanas de versiones cruzadas, tensiones soterradas y negociaciones discretas, Daniel Passerini parece haber aceptado lo que en política suele ser inevitable: que Miguel Siciliano desembarque en un ministerio diseñado a medida para él y con fuerte incidencia en la Capital. Un movimiento que no solo reordena el tablero provincial, sino que obliga al intendente a revisar su propia estrategia frente al Centro Cívico.

Siciliano inauguró su gestión en la cartera de Vinculación y Gestión Institucional con un gesto tan simbólico como incómodo: una visita al despacho de Passerini, ese mismo sillón que ambos disputaron en la carrera preelectoral rumbo a 2023. Ahora, con la bendición de Martín Llaryora y una estructura nueva para su proyección, el ministro vuelve a la Casa de Gobierno municipal por la puerta grande.
Una designación que no tomó por sorpresa… pero que tampoco cayó bien
Lejos de lo que pudiera suponerse, Passerini no se enteró de la creación del ministerio ni de la unción de Siciliano por los diarios. Tras su recuperación quirúrgica, mantuvo dos largas reuniones con el gobernador. Allí repasaron los resultados legislativos, las heridas internas, los desafíos por delante y, sobre todo, los roles que cada uno debía jugar en esta nueva etapa del peronismo cordobés.
En ese mano a mano, Passerini dejó clara su posición: los cambios fuertes en su gabinete ya estaban hechos. Con Vigneta, Folloni, Bruera y Cravero afuera, y Gabriel Martín y Matías Vicente adentro, el intendente solo preveía retoques menores en las segundas líneas. Ningún terremoto político.
Pero Llaryora tenía otro diagnóstico. Menos administrativo, más territorial. Le habló de coordinación, de músculo político y de comunicación centralizada. Y, en ese esquema, el nombre de Siciliano era inevitable.
Dos estilos y dos sistemas que chocan
La tensión entre ambos no es nueva. Aunque ahora intenten minimizarla, Passerini y Siciliano representan tradiciones distintas dentro del peronismo cordobés, por momentos directamente antagónicas. Y el ministro recién nombrado, más que un colaborador, luce como un competidor reubicado estratégicamente.
No es casual que en la Municipalidad la medida haya generado resistencia. Para muchos passerinistas, crearle una cartera “ad hoc” a Siciliano es una señal delicada, sobre todo después de meses de versiones sobre supuestas “intervenciones” del Centro Cívico en la Capital. Passerini viene repitiendo una idea que sintetiza su visión: “no necesito funcionarios, necesito recursos”.
El problema de fondo: los números municipales
El reclamo no es antojadizo. El municipio transita uno de los escenarios financieros más complejos de los últimos años:
- Sin subsidios nacionales al transporte,
- Con recaudación en caída,
- Con un Estado nacional retirado de funciones clave,
- Con la deuda radical todavía pesando,
- Y con la coparticipación adelantada entre 2019 y 2023 impactando en las cuentas.
En pocas palabras, en la Municipalidad lo resumen así: “Manden fondos, quédense los funcionarios”.
Pero como los fondos no vienen sin condiciones, el pragmatismo se impuso.
“No hay mal que por bien no venga”
El nuevo clima político en el Palacio 6 de Julio muestra que la resignación puede ser un punto de partida para un acuerdo táctico. Si Siciliano llega, que llegue con algo para mostrar. Y ese “algo”, admiten puertas adentro, no sería cualquier cosa: obras. La materia prima de todo proyecto político.
En un punto clave de la negociación, los passerinistas reconocen una realidad incómoda: Passerini no tiene un heredero natural para la Capital. La irrupción de Siciliano en el escenario no destruye ninguna construcción sucesoria porque, directamente, no la hay. Y, además, cualquier avance en la ciudad redundará en mejorar la imagen del propio intendente, quien –aunque no pueda reelegir– sí mira con ambición el 2027.
Un reloj que ya empezó a correr
En esa disputa de mediano plazo, no se trata solo de quién controlará la carrera para la Intendencia. También está en juego quién será el nombre que Llaryora impulse para la fórmula provincial y para la estratégica pelea por el Senado. La gestión municipal, guste o no, será un insumo clave en esa ecuación.
Por eso, en el entorno de Passerini ahora impera una lógica distinta a la de semanas atrás. Una que acepta lo inevitable y apuesta, sin demasiada épica pero con solvencia pragmática, a capitalizar cada obra que aterrice en la ciudad, sin importar quién aparezca en la foto.
La política cordobesa avanza así hacia un acuerdo tácito, donde cada uno obtiene algo a cambio. Siciliano gana volumen. Llaryora ordena su esquema. Y Passerini, aunque con reparos, empieza a ver ese “lado bueno” que la coyuntura le empuja a reconocer.
Porque, al final del día, en tiempos de recursos escasos, toda obra suma. Y toda buena noticia, venga de donde venga, siempre conviene.
