Llaryora reordena el poder en su gabinete

En un movimiento que reacomoda el mapa interno del oficialismo y anticipa las tensiones que marcarán la previa del 2027, el gobernador Martín Llaryora reforzó el poder de dos figuras de su máxima confianza: Miguel Siciliano y Gustavo Brandán. Ambos emergen como ganadores de un rearmado ministerial que, más allá de los títulos formales, expone la decisión del mandatario de apuntalar a los propios y marcar distancia de sectores que ya muestran desgaste.

El gesto político tuvo nombre y apellido desde el primer minuto. Llaryora creó para Siciliano el flamante Ministerio de Vinculación y Gestión Comunitaria, una cartera diseñada a medida para llevarlo a los barrios de la ciudad y colocarlo, sin disimulo, en la grilla de largada para la intendencia de Córdoba.

El gobernador me ha pedido que pongamos el foco en el motor de la gente en los barrios”, dijo Siciliano durante su asunción, dejando claro que la misión oficial y la ambición personal corren por carriles paralelos. El nuevo ministro habló de “continuidad del proyecto” iniciado en 2019, cuando Llaryora desembarcó en el Palacio 6 de Julio junto a Daniel Passerini, y él —entonces secretario de Gobierno— adquirió notoriedad en el territorio.

Una agenda sin costos y con beneficios

La cartera de Siciliano llega con un detalle nada menor: a diferencia de otros ministerios que cargan con conflictos, ajuste o herencias incómodas, el suyo aparece como un terreno fértil. Tendrá bajo su órbita programas de economía naranja, vínculos con centros vecinales y, sobre todo, la posibilidad de capitalizar las grandes obras que la Provincia ejecuta en la Capital.

La nueva distribución de poder también golpea a otra figura del gabinete: Manuel Calvo, ministro de Gobierno, que vería recortada su incidencia política en agencias estratégicas como Turismo, Cultura y Joven.

Y hay un dato interno que en el PJ nadie deja pasar: Victoria Flores, esposa de Siciliano y jefa del peronismo capitalino, retuvo su silla como ministra de Ambiente. La dupla, con dos áreas “amables”, queda bien posicionada para abrir mesas, sumar voluntades y disputar músculo dentro del partido. De hecho, tras la asunción se reactivaron espacios del PJ Capital vinculados a la generación que surgió de la JP de principios de los 2000, un universo del que Passerini y su equipo no provienen.

Brandán, el otro beneficiado del rearmado

Más silencioso pero igual de fortalecido quedó Gustavo Brandán, ministro de Cooperativas. Su ascenso se explica por contraposición: recibe programas que hasta ahora manejaba Laura Jure, la ministra de Desarrollo Social, duramente cuestionada tras el derrumbe de dos polideportivos y sus fallas de ejecución presupuestaria.

Las cifras hablan por sí solas: de los 357.989 millones de pesos que tenía asignados para 2024, Jure ejecutó menos del 60%. En El Panal no lo esconden: “No pudo ejecutar todos los programas”, repiten como mantra quienes responden a Llaryora. Y en un contexto de repliegue del schiarettismo después de la derrota electoral de octubre, el recorte a la histórica dirigente era casi inevitable.

Brandán, en cambio, gana volumen en un área que puede proveer territorialidad, cercanía y presencia en sectores populares. Un premio a la lealtad, pero también una apuesta para diversificar vocerías dentro del llaryorismo en construcción.

Un mensaje hacia adentro

La reconfiguración del gabinete tiene una lectura clara hacia el interior del PJ: Llaryora quiere ordenar el poder y encaminar la discusión hacia 2027 con los propios al frente y con los heridos políticos contenidos… o desplazados.

Siciliano y Brandán simbolizan la fase dos del proyecto provincial: gestión territorial, bajada a los barrios e instalación política sin rubor, mientras el schiarettismo cede terreno y los sectores más jóvenes del peronismo buscan su momento.

En un Panal donde nadie ignora que cada movimiento abre una nueva disputa, Llaryora acaba de enviar un mensaje inequívoco: las piezas clave para la próxima etapa ya están sobre el tablero.

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