Siciliano gana terreno, Passerini resiste y la capital se convierte en la “guerra chica” rumbo a 2027

La reciente designación de Miguel Siciliano como ministro de Vinculación y Gestión Institucional abrió una grieta inesperada en el oficialismo cordobés. La movida, diseñada por el gobernador Martín Llaryora, desató sorpresa, recelos y pases de factura dentro de un peronismo capitalino que ya transita, aunque sin admitirlo del todo, la antesala de la disputa por la intendencia en 2027.

El desembarco de Siciliano —con un cargo estratégico, fuerte presupuesto y una lógica territorial que pisa directamente sobre la capital— cayó como un balde de agua fría en el equipo que conduce el intendente Daniel Passerini. Y también entre otros dirigentes que, por fuera del riñón del actual jefe municipal, venían alimentando aspiraciones para ser “el elegido” del oficialismo dentro de dos años.

La lectura que se impone entre propios y ajenos es simple: el exlegislador quedó posicionado en un lugar de privilegio para competir por la sucesión en la ciudad. Y con ello, dicen algunos, Llaryora habría decidido involucrarse activamente en una pelea en la que —al menos en la teoría— debería considerar el peso político del actual intendente, quien lo sucedió hace apenas dos años y con quien parecía tejer una dupla para garantizar la continuidad del cordobesismo.

El ruido en el Palacio 6 de Julio

En los pasillos del municipio, la primera reacción fue de desconcierto. La segunda, de molestia. “Innecesario ruido”, repiten. No cayó bien que el gobernador impulsara a un dirigente con ambiciones claras por el sillón de la Plaza San Martín.

Un experimentado operador lo expresó sin rodeos: “Si Miguel camina la ciudad en nombre de Martín, entonces Daniel pasa a ser ministro. Ministro de la ciudad, con palabra, pero sin la billetera que ahora tendrá otro”.

Del lado del intendente, sin embargo, buscan bajar la espuma. Voces cercanas aseguran que Passerini mantiene el control político de la capital y que no está en “la interna”, insistiendo en que la prioridad es la gestión y no las candidaturas.

Pero esa defensa no clausura las expectativas de quienes orbitan alrededor del intendente desde hace dos años. Leales que no piensan ceder terreno y que sienten que el arribo de Siciliano acelera una competencia que preferían postergar.

Otros dirigentes, con aspiraciones abiertas, recuerdan que largar demasiado temprano puede terminar erosionando cualquier candidatura. Pero la presencia del nuevo ministro cambia las reglas del juego.

Las facturas por la herencia y el 26-O

El enojo no se limita a cuestiones de protagonismos. También emergieron reproches vinculados a la herencia que Passerini recibió del propio Llaryora: la deuda externa renegociada, las retenciones de coparticipación para obras promovidas por la gestión anterior y la falta de apoyo financiero para enfrentar problemas urgentes.

“Con nosotros se hace el duro”, desliza un funcionario municipal, señalando que mientras la Provincia exige mejoras, los principales reclamos barriales —como la inseguridad— dependen directamente del gobierno provincial.

La tensión se mezcla con el análisis pendiente de la dura derrota del 26 de octubre, cuando la lista Provincias Unidas sufrió un cimbronazo en la ciudad. Para muchos, el empoderamiento de Siciliano es también un mensaje hacia los armadores capitalinos, incluidos Passerini y Alejandra Vigo. Un anticipo de que habrá costos por pagar.

Un referente territorial lo plantea con crudeza: “No hay análisis serio del 26-O. Miguel también fue derrotado. Era el representante de la ciudad en la lista. Fue puesto a dedo. Con ese lugar debía garantizar un piso. Eso tampoco hay que olvidarlo cuando se habla de recambio y liderazgo”.

La interna peronista pide pista

El mapa interno del PJ capitalino está lejos de la calma. Crece el pedido para renovar autoridades partidarias, una demanda que atraviesa a sectores que no cuestionan la conducción de fondo, pero sí la falta de claridad en las representaciones.

El peronismo cordobés, por tradición, evita las internas formales. Durante años eligió dejar la presidencia de circuitos principales en manos de los gobernadores de turno. Pero esta vez, la presión es más intensa: hay dirigentes que exigen convocar a elecciones internas para ordenar el tablero antes de que la disputa por el 2027 termine de desbordarse.

Sin liderazgos consolidados en la capital, la figura de Siciliano se vuelve, para algunos, un intento de ordenamiento; para otros, una provocación.

Mientras tanto, Passerini repite que no es tiempo de nombres. Pero en Córdoba todos saben que, en política, cuando alguien dice que no está jugando, lo más probable es que ya esté dentro de la cancha.

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