Mientras la dirigencia política cordobesa organiza los tradicionales brindis de fin de año, en la Unión Cívica Radical ya empezó a respirarse un clima de interna. Aunque el mandato del presidente partidario Marcos Ferrer se extiende hasta septiembre de 2026, un sector del mestrismo empezó a mover fichas para forzar la definición del calendario electoral antes de que termine 2025. La jugada reabre tensiones históricas y vuelve a traer a escena los fantasmas que el radicalismo cordobés nunca terminó de exorcizar.

Un año que comienza con ansiedad y heridas abiertas
En 2026 la UCR deberá cumplir el plazo estatutario de dos años para renovar sus autoridades. La coincidencia de ese proceso con la definición de candidaturas para la gobernación y la intendencia de Córdoba capital genera un nivel de ansiedad mayor al habitual en un partido acostumbrado a resolver sus problemas con parches y decisiones de último minuto.
En ese contexto, el mestrismo —junto a aliados minoritarios— evalúa presentar en los próximos días un pedido formal para fijar el calendario electoral. Sostienen que el proceso para seleccionar candidaturas debe planificarse con tiempo y que los plazos deben permitir una competencia real. El argumento parece razonable, aunque contrasta con la tradición radical: listas armadas a las apuradas, negociaciones frenéticas sobre el cierre y conflictos que muchas veces terminaron judicializados. Basta recordar la última elección legislativa, cuando la definición no se logró en una mesa de diálogo sino en los tribunales.
El fantasma de las prórrogas, otra vez en escena
En paralelo, otros sectores del radicalismo plantean la posibilidad de extender el mandato actual de Ferrer. No lo dicen abiertamente, pero lo deslizan como una opción previsible si el clima interno no mejora. No sería una novedad: las prórrogas son casi una costumbre en el partido.
El caso más reciente es el de Marcos Carasso, quien asumió la presidencia del Comité Central en 2021 por dos años, pero terminó prolongando su mandato hasta septiembre de 2024 tras dos extensiones consecutivas. Desde el Comité Provincia sostienen que todavía no existe discusión interna sobre este tema y recuerdan que Ferrer tiene mandato vigente. Sin embargo, en la UCR nadie ignora que las postergaciones son moneda corriente cuando las tensiones internas aprietan.
Un radicalismo que busca orden, pero no encuentra el momento
En algo coinciden todas las tribus internas: la elección es necesaria para ordenar al partido y legitimar liderazgos. La definición a través de las urnas permitiría ordenar candidaturas para 2027 y clarificar el panorama para quienes aspiran a competir por cargos ejecutivos. Sin embargo, admiten que hoy no están dadas las condiciones para avanzar: demasiadas heridas abiertas, demasiadas dudas sobre el rumbo, demasiada preocupación por el “músculo político” que cada sector pueda exhibir.
Incluso las generaciones emergentes del radicalismo muestran señales de dispersión. Los espacios que nacieron como Generación X y Más Radicalismo comienzan a fragmentarse y a generar alternativas paralelas, sin perder la impronta folclórica que suele caracterizar los períodos preelectorales dentro del partido.
La madre de todas las batallas: un lugar en la boleta
El trasfondo de esta disputa es más profundo que la renovación de autoridades. Cada sector sabe que la verdadera batalla será por los lugares expectables en las listas para 2027. La interna se convierte, así, en un ensayo general: un test de fuerza para determinar quiénes sobrevivirán al reacomodo que se avecina y quiénes quedarán relegados en una estructura que no siempre premia la coherencia, pero sí la acumulación de poder.
Primer movimiento: el Foro de Intendentes Radicales se renueva
Mientras tanto, el primer paso institucional será la renovación del Foro de Intendentes Radicales, que tendrá lugar a mediados de diciembre. Si bien se trata de un espacio con peso territorial más que electoral, su recambio será leído como un anticipo de lo que podría venir en 2025.
