El Frente Renovador (FR) finalmente logró su formalización como partido en Córdoba, un paso que reconfigura silenciosamente el mapa interno del peronismo provincial y le abre una ventana estratégica a Sergio Massa para volver a gravitar en una provincia donde siempre buscó construir volumen político. La herramienta legal le permitirá a numerosos dirigentes desplazados por el esquema del “partido cordobés” de Martín Llaryora volver a tener un sello para competir, presionar o negociar de cara a 2027.

Un nuevo actor para un PJ en transición
Aunque desde el massismo aseguran que no existe intención de erosionar la figura del gobernador —con quien Massa mantiene una relación histórica de cooperación política—, los referentes cordobeses del FR muestran un tono marcadamente crítico. “Llegamos con potencia negociadora ante un proyecto que se está quedando sin ideas y bastante corto de votos”, sostienen en diálogo reservado, apuntando de manera directa a la gestión provincial.
La referencia interna alude al malestar acumulado entre cuadros peronistas que quedaron sin espacio dentro de la arquitectura del “partido cordobés”. Para ellos, el FR reaparece como refugio y plataforma de relanzamiento.
Quiénes mandan en el Frente Renovador cordobés
El espacio está presidido por Tania Kyshakevich, concejala de Deán Funes, exlegisladora y dirigenta delasotista de larga trayectoria. La acompaña como número dos Agustín González, intendente de Cruz Alta, quien deja en claro la posición del FR respecto de Natalia de la Sota, una dirigente con la que mantienen una relación ambigua:
“Ni enojados ni empleados”, resume González, pese a que la diputada recibió apoyo explícito del massismo en las últimas elecciones.
El armado provincial aspira además a convertirse en la pata cordobesa del proyecto presidencial que el massismo impulsa dentro de la oposición nacional. Y en ese esquema, una eventual candidatura de Axel Kicillof podría encontrar en el FR un punto de apoyo que hoy el bonaerense no tiene en Córdoba.
El “vehículo” para los heridos del 2023
En paralelo, el massismo cordobés se presenta como la “ambulancia” para los dirigentes relegados por las distintas tensiones del último proceso electoral:
- El kirchnerismo local perdió representación y se encuentra en retirada.
- El armado de Provincias Unidas dejó afuera a cientos de cuadros peronistas.
- Natalia de la Sota no terminó de romper con Llaryora, pero tampoco consolidó un proyecto propio.
La nueva franquicia massista busca capitalizar ese vacío.
El poder real: los municipios
El mayor poder de daño del FR aparece en los territorios. En cientos de localidades del interior cordobés, donde el Gobierno provincial promueve —al menos por ahora— el esquema del “que siga quien está”, el Frente Renovador emerge como opción para referentes peronistas que quedan sin sello y también para aquellos que quieran competir contra intendentes radicales aliados a Provincias Unidas.
Sin un PJ provincial abierto a internas, el sello massista puede transformarse en una llave para disputar poder municipal. Y eso, en Córdoba, es capital político puro.
Un 2027 que ya empezó
Aunque el FR evita centrar su discurso público en confrontar con Llaryora —“se equivoca solo”, deslizan con ironía quienes conocen la cocina massista—, en el espacio no descartan un choque directo para 2027. Temen que el gobernador busque polarizar con ellos para endilgarles la “marca K”, un estigma que el cordobesismo usa con precisión quirúrgica.
Las lecturas electorales que circulan en el FR son claras:
“Quizá no ganemos, pero si no estamos, podemos hacer perder”, sintetizan en referencia a un eventual escenario de balotaje provincial ampliado, donde cada sello territorial puede inclinar la balanza.
