En una jugada que refleja tanto urgencia política como necesidad de reposicionamiento territorial, el gobernador Martín Llaryora decidió reconfigurar parte del gabinete y apostar abiertamente a la política. En un contexto donde el discurso libertario antipolítico arrasó electoralmente en octubre, el Panal busca corregir el rumbo: menos gestión silenciosa y más presencia en territorio. El encargado de operar ese viraje será Miguel Siciliano, flamante ministro de Vinculación y Gestión Territorial.

Un ministerio para transformar gestión en capital político
Siciliano llegó al nuevo ministerio con una misión clara: dar visibilidad política a cada acción, por mínima que sea. Desde plantaciones en clubes barriales hasta subsidios a cuarteles de bomberos, todo deberá ser “reedituable políticamente”. El propio oficialismo reconoce el diagnóstico que motivó la movida: “Tenemos muchos buenos técnicos ejecutando programas, pero poca venta política”, deslizó un llaryorista de primera línea.
Con ese fin, la nueva estructura absorberá áreas del Ministerio de Desarrollo Social y Promoción del Empleo —que conduce Laura Jure—, parte de Gobierno —a cargo de Manuel Calvo— y posiblemente también la secretaría de Omar Sereno del Ministerio de Justicia y Trabajo, que mantiene el vínculo con los gremios privados. Los estatales, en cambio, seguirán bajo la órbita de David Consalvi, secretario general de la Gobernación.
La misión operativa de Siciliano incluye recorrer dependencias, reunirse con sus pares y rediseñar objetivos políticos. No será un jefe formal de otros ministros, pero sí un par con aval directo del gobernador para solicitar cambios, nuevos criterios de trabajo y acciones con impacto territorial.
Plazos, presión y un marzo decisivo
El Panal definió una fecha límite: en marzo deben verse resultados. Tanto los secretarios que se sumarán al equipo como los funcionarios que cedan áreas tendrán apenas tres meses para demostrar eficacia política en calle. La consigna interna es clara: cada programa, fondo o acción debe traducirse en presencia efectiva en territorio, especialmente en los sectores donde el oficialismo perdió adhesión.
El objetivo es ambicioso y difícil de medir: que cada política pública, desde la más pequeña hasta la más estructural, genere rédito político. De clubes a iglesias, de fundaciones a centros vecinales y organizaciones barriales, todo será parte de un barrido integral que buscará reactivar el vínculo con la ciudadanía.
Capital y Gran Córdoba, el epicentro del operativo
El foco central estará puesto en la ciudad de Córdoba y el Gran Córdoba, el territorio natural de Siciliano. Allí se juega buena parte del humor político provincial y también del desgaste que sufrió el oficialismo en las últimas elecciones. La convivencia con la gestión de Daniel Passerini, intendente de la Capital, será una prueba clave: Siciliano dijo haber conversado con él, pero todavía resta ver cómo se articula la superposición de acciones, prioridades y poder.
Aun así, la cartera tendrá alcance provincial. Manuel Calvo —hasta ahora considerado el único ministro político del Panal— conserva sus bases de operación en las grandes ciudades del interior, por lo que la convivencia interna y el reparto de territorios también formarán parte del delicado equilibrio político que se viene.
La pelea por los fondos: el verdadero tablero
El trasfondo de toda esta reconfiguración es la disputa por los recursos. Desde el Ministerio de Gobierno, Calvo ya hizo un inventario preciso de todo lo que la Provincia tiene para vincularse con los 427 intendentes y jefes comunales. En ese catálogo figuran:
- Fofindes
- Fondo Ambiental
- FOCOM
- Fondos de Vinculación Comunitaria
- ATP (Aportes del Tesoro Provincial)
- Fondos para infraestructura hídrica y gasífera
- Recursos para redes domiciliarias
- Y, en algunos casos, la coparticipación de impuestos
Este menú de fondos exhibe el nuevo mapa de poder dentro del oficialismo: cada cartera busca preservar o ampliar espacios de influencia en un contexto político más exigente, donde ya no alcanza con gestionar, sino que hay que mostrar, explicar y capitalizar políticamente cada peso invertido.
Una apuesta necesaria, pero llena de interrogantes
La creación del Ministerio de Vinculación y Gestión Territorial es tanto un reconocimiento de fallas como una apuesta de alto riesgo. La pregunta es si la maquinaria, con tantas áreas reubicadas y una presión de resultados a corto plazo, podrá producir efectos concretos en territorio.
Queda por ver si esta estrategia se convertirá en una verdadera reconstrucción del vínculo político entre el Panal y la sociedad, o si será solo un reordenamiento interno forzado por la derrota electoral. Lo cierto es que el gobierno decidió jugar en el terreno donde perdió: la política de cercanía. Y ahora quiere que cada acción tenga marca, rostro y efecto.
El éxito —o el fracaso— dependerá de si la gestión logra salir del silencio técnico y volver a ser traducida en hechos visibles, narrables y valiosos para la ciudadanía.
