En una jugada política que reconfigura el mapa de poder del oficialismo cordobés, el gobernador Martín Llaryora decidió retocar su esquema de liderazgo: Miguel Siciliano no asumirá como diputado nacional y pasará a ocupar un cargo de alto perfil en el gabinete provincial, mientras que Ignacio García Aresca seguirá en la Cámara de Diputados como nexo directo con el Gobierno nacional a través de Diego Santilli.
La decisión, explican en el Centro Cívico, “no es un movimiento menor”, sino un enroque estratégico que prepara el terreno para la áspera disputa que se avecina por la Municipalidad de Córdoba en 2027.

Siciliano, proyectado para la Capital
El exsecretario de Gobierno municipal y actual legislador electo por Provincias Unidas tenía un pie puesto en el Congreso, pero la Provincia lo reorientó hacia un rol con exposición plena: manejará las áreas de vinculación institucional, deportes, juventud, consejos barriales, centros vecinales y cooperación institucional. En términos prácticos, una especie de “vocería ampliada” del Gobierno de Llaryora.
El objetivo es claro: posicionarlo para la carrera por el Palacio 6 de Julio. Fuentes oficiales confirmaron que Siciliano competirá en 2027 y que su nuevo cargo funcionará como plataforma política, comunicacional y territorial.
No será el único. Fiel al estilo llaryorista de “competencia interna controlada”, varios ministros y funcionarios se moverán también en la ciudad para medir músculo, siguiendo una lógica darwinista que el propio Llaryora promueve: sobrevive el que mejor performa en territorio.
Siciliano, a diferencia de otros posibles competidores, ya tiene un recorrido directo con el actual gobernador. Fue su mano derecha en la Municipalidad, luego jefe de bloque en la Legislatura y primer llaryorista en la lista de diputados. Ahora vuelve al gabinete para replicar un esquema que conoce de memoria.
Obras clave y una agenda de alto impacto
Siciliano tendrá bajo su control áreas sensibles que marcan presencia territorial diaria. Y, además, se prepara para capitalizar políticamente dos de las obras más grandes que la Provincia ejecuta hoy en la Capital: los ingresos en altura de Vélez Sarsfield y de Valle Escondido, este último un bastión electoral de La Libertad Avanza.
A eso se suman programas de fuerte llegada barrial, algunos ya en marcha y otros en vías de firma:
- Plan de asfalto y cloacas en 800 cuadras
- Plan intensivo de bacheo
- Recuperación y mejora de espacios verdes
Todos son proyectos cofinanciados con el municipio, lo que obliga a Siciliano a mantener una buena sintonía con el intendente Daniel Passerini.
El actual jefe comunal enfrenta un desgaste marcado por problemas financieros, herencias de gestiones anteriores y la caída de subsidios nacionales al transporte. Pasarini ya avisó que no seguirá poniendo fondos municipales para sostener el boleto, una decisión que complica al llaryorismo y tensiona con los aliados de Milei en Córdoba. En el Panal repiten, sin embargo, que la sociedad Llaryora-Passerini es “inquebrantable” y que parte del desafío es levantar los indicadores de gestión municipal antes del año electoral.
Aresca, el operador ante Santilli
Mientras Siciliano vuelve al Ejecutivo, Ignacio García Aresca permanecerá en el Congreso nacional. Hombre de máxima confianza del gobernador —y prácticamente un hermano de crianza—, será el interlocutor cotidiano con el santillismo en la Cámara Baja.
La relación personal entre Llaryora, Aresca y Diego Santilli se remonta a los años 90, cuando todos militaron en la Juventud Peronista de Ramón Ortega. Ese vínculo político-emocional es hoy un activo que el gobernador quiere explotar al máximo en plena disputa por los fondos nacionales.
La principal urgencia es una vieja y onerosa batalla: el déficit de la Caja de Jubilaciones, un agujero que la Casa Rosada se niega a cubrir y que compromete seriamente las cuentas provinciales. A eso se suman recursos para obras, subsidios frenados y transferencias recortadas.
Aresca será, en términos prácticos, el negociador estable del gobernador en Buenos Aires, cargo que requiere un operador de absoluta confianza. Y pocas personas tienen un vínculo tan íntimo con Llaryora: durante la niñez, el hoy gobernador vivió varios meses en la casa de los Aresca cuando su padre tuvo que pasar a la clandestinidad durante la dictadura. Esa historia compartida terminó de sellar una lealtad que hoy se traduce en poder.
Un tablero que se mueve mirando 2027
La reorganización interna deja en claro que el llaryorismo ya activó su cronograma electoral. Mientras Aresca se consolida en el plano nacional, Siciliano será una de las caras visibles en la ciudad. Y, a la sombra, el gobernador apuesta a un esquema competitivo en el que todos se midan, todos sumen y el más fuerte encabece.
Un movimiento pragmático y, a la vez, una señal del estilo político de Llaryora: nada se deja librado al azar y el terreno se prepara con tiempo.
