Alejandra Monteoliva asumió como ministra de Seguridad y promete profundizar la “doctrina Bullrich”

En un breve pero cargado acto político en el Salón Blanco de Casa Rosada, Alejandra Monteoliva, cordobesa con larga trayectoria en políticas de seguridad, juró este martes como nueva ministra de Seguridad de la Nación. La funcionaria reemplaza a Patricia Bullrich, quien dejó el cargo tras casi dos años de gestión para asumir una banca en el Senado.

La ceremonia estuvo encabezada por el presidente Javier Milei y sorprendió por la presencia del embajador estadounidense Peter Lamelas, gesto diplomático que no pasó inadvertido para los observadores del área. También asistieron figuras centrales del gabinete nacional, entre ellos Manuel Adorni, Diego Santilli, Sandra Pettovello, Mario Lugones y Pablo Quirno, además de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. Entre los invitados llamó la atención la jueza Sandra Arroyo Salgado, presente entre familiares y allegados de la flamante ministra.

Un debut marcado por la agenda internacional: el caso Nahuel Gallo

Tras su jura, Monteoliva se mostró confiada respecto a la posible liberación del gendarme Nahuel Gallo, detenido en Venezuela por orden del régimen de Nicolás Maduro. “Confiamos en que vamos a traer a Nahuel Gallo”, afirmó, destacando que se trata de un seguimiento “de todos los días” junto a Gendarmería y Cancillería.

La nueva ministra evitó profundizar en detalles debido a la sensibilidad diplomática del caso, pero dejó claro que el Gobierno considera prioritaria la resolución del conflicto. Su declaración buscó transmitir continuidad institucional y firmeza frente a un tema que ha generado tensiones en la relación bilateral con Venezuela.

Continuidad y endurecimiento: la “doctrina Bullrich”, versión 2025

Escoltada por su antecesora, Monteoliva definió su gestión como una “profundización” del modelo de seguridad impulsado por Bullrich durante estos años. Habló explícitamente de una “doctrina Bullrich más fuerte que nunca”, con foco en la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado, el control de fronteras y el despliegue federal de fuerzas.

Pese al recambio formal, la ministra anticipó que no habrá grandes cambios en el equipo, salvo “bajas mínimas”, confirmando que el rumbo seguirá alineado a la visión de orden público que Milei consolidó en su primer año de gobierno.

Monteoliva también destacó el Plan Bandera, una iniciativa que busca reorganizar la presencia de fuerzas federales, y expresó preocupación por la situación en la provincia de Buenos Aires. No descartó una reunión con el gobernador Axel Kicillof: “Las Fuerzas Federales están para acompañar y complementar el trabajo provincial”, señaló, en una frase que sonó a mensaje político en un territorio clave y siempre tenso en materia de seguridad.

La trayectoria de la cordobesa que llega al centro del poder

Con casi tres décadas de experiencia en gestión pública, Monteoliva es egresada de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, y posee una Maestría en Planificación y Gestión del Desarrollo otorgada por la Universidad de los Andes, en Colombia.

Su carrera la llevó a trabajar en múltiples países de América Latina y el Caribe, vinculada a organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la CAF, donde se especializó en políticas de seguridad y gestión de crisis. Entre 2020 y 2024 se desempeñó como asesora en operaciones de seguridad para el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el PNUD, con base en Centroamérica.

En Argentina, ya había ocupado funciones relevantes: fue parte del Ministerio de Seguridad de Córdoba entre 2001 y 2013 y, más tarde, directora Nacional de Operaciones de Seguridad durante la primera gestión de Bullrich (2015–2019) en el gobierno de Mauricio Macri.

Un regreso a la gestión local en un contexto de alta exposición

Su llegada al gabinete nacional ocurre en un momento en que la seguridad figura entre las principales preocupaciones sociales. Con una impronta técnica y trayectoria internacional, Monteoliva asume el desafío de administrar un área que exige resultados rápidos y una narrativa política sólida. El alineamiento explícito con Bullrich marca continuidad, pero también instala el interrogante sobre cuánto margen tendrá para imprimir su propia impronta en un ministerio siempre delicado.

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