En la previa de la reforma laboral, se acelera la construcción de una CGT “llaryorista”

La inminente presentación de la Reforma Laboral en el Congreso volvió a mover las placas del sindicalismo cordobés, atravesado por la fractura peronista y por un oficialismo provincial que busca reordenar su influencia en un escenario incierto. En ese marco, avanza —con bajo perfil pero pasos firmes— un armado gremial alineado con el Centro Cívico, bautizado en los pasillos como la “CGT llaryorista”, una estructura destinada a contener y disciplinar a los sindicatos cercanos al gobernador Martín Llaryora ante un debate legislativo tan sensible como estratégico.

El Gobierno Nacional enviará el proyecto de Reforma Laboral el 9 de diciembre, fecha que abre el primer gran round entre el oficialismo libertario, sus aliados y los bloques dialoguistas. Allí aparece un actor clave: Provincias Unidas, el flamante espacio que aglutinará a mandatarios no alineados con el PJ nacional y que jugará un rol determinante para acercar o bloquear los votos necesarios.

Una ambivalencia que incomoda

En Córdoba, el posicionamiento del gobernador Llaryora sobre la reforma ha sido, hasta ahora, calculadamente ambiguo. Reconoce la necesidad de aggiornar un sistema laboral que dejó por fuera a más de la mitad de los trabajadores, pero sabe que el apoyo explícito podría convertirse en un búmeran político frente a un sindicalismo que conserva poder, territorios y capacidad de fuego.

Además, el visto bueno provincial a la reforma podría convertirse en moneda de negociación frente a otros temas abiertos con Nación: obra pública paralizada, asistencia a las cajas previsionales no transferidas y fondos para programas provinciales. A nadie escapa que cada voto vale y que Córdoba, con su peso legislativo, cotiza alto.

La sombra del delasotismo y un PJ fragmentado

El panorama se vuelve aún más complejo tras la última elección provincial, donde emergió con fuerza la candidatura de Natalia de la Sota (Defendamos Córdoba), que reabrió heridas dentro del peronismo. No es un dato menor: el delasotismo tuvo históricamente una relación más profunda con el movimiento obrero que la que construyeron Juan Schiaretti y, ahora, el propio Llaryora. Esa identidad sindical, todavía viva en las bases, inquieta al Centro Cívico.

Con ese antecedente fresco, el oficialismo provincial quiere evitar cualquier fuga de sectores gremiales hacia espacios peronistas disidentes que podrían capitalizar el malestar frente a la reforma laboral.

La ingeniería de una nueva CGT

Bajo el monitoreo del ministro de Justicia, Julián López, un grupo de dirigentes comenzó a diagramar un nuevo agrupamiento sindical que responda políticamente al Panal. Esta “CGT llaryorista” reúne a figuras de peso:

  • Pablo Chacón (Comercio), con fuerte influencia en la capital y vínculo directo con el oficialismo.
  • Gustavo Pedrocca (Suvico), concejal y referente en el rubro Seguridad.
  • Ricardo Moreno y Marcelo Díaz (Alecyt), conductores de las 62 Organizaciones Peronistas y, en el caso de Moreno, también concejal.
  • María Eugenia Romero (Utedyc), candidata en la lista de Provincias Unidas.

Son nombres que combinan músculo gremial, presencia institucional y alineamiento político, elementos esenciales para sostener un armado que aspira a convertirse en interlocutor privilegiado del Gobierno Provincial en tiempos de tensión.

Próximos pasos: territorio, foto y mensaje unificado

La hoja de ruta ya está en marcha. El próximo movimiento será la presentación de la regional San Justo de las 62-O, donde Moreno y Díaz encabezarán una reunión con 25 dirigentes gremiales y funcionarios provinciales cercanos a Llaryora y al ministro de Gobierno, Manuel Calvo.

Tras ese encuentro llegará el gesto político más esperado: la foto pública del núcleo dirigente de esta CGT llaryorista, acompañada de un pronunciamiento categórico en contra de la Reforma Laboral de Javier Milei, postura que contará con el aval del Panal pese a la ambivalencia discursiva del gobernador.

Blindaje político frente al avance delasotista

El objetivo del armado es doble:

  1. Contener el frente sindical en pleno debate nacional para evitar rupturas que debiliten al gobierno provincial.
  2. Bloquear cualquier intento de avance del delasotismo, que durante la última campaña cosechó apoyos en ambas centrales (CGT Regional y CGT Córdoba) y abrió su lista a referentes gremiales.

La batalla por la representación sindical será, otra vez, un capítulo clave en el peronismo cordobés, donde nada permanece inalterable por demasiado tiempo. La reforma laboral aceleró los tiempos y obligó al Panal a mover piezas. Lo que viene no es solo una discusión legislativa: es una disputa por el control de un territorio donde el poder —territorial, político y simbólico— siempre se define cara a cara con los gremios.

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