El clima en la Unión Cívica Radical volvió a enturbiarse. Y esta vez, el malestar no llega desde afuera: tiene nombre y apellido. Ramón Mestre volvió a agitar la interna partidaria y desató una ola de bronca entre dirigentes del interior, que lo acusan de empujar al radicalismo “al barro de siempre” y, peor aún, de terminar siendo “funcional al PJ” en un año donde el partido debería concentrarse en reconstruir volumen político para 2027.

El jefe del bloque radical en la Unicameral, Matías Gvozdenovich, fue uno de los más duros. Sin rodeos, disparó contra Mestre por su intención de volver a competir por la presidencia del partido:
“Si yo saco el 3% me voy a mi casa. Él debería hacer lo mismo”.
La herida del 3% y un enojo que no baja
La resistencia interna hacia Mestre no es nueva, pero ahora vuelve con fuerza. Muchos radicales del interior no le perdonan la interna judicializada de 2022 ni la debacle electoral del 26 de octubre pasado, donde el exintendente capitalino apenas cosechó un 3% de los votos en su intento de volver al Congreso.
Para muchos, aquel resultado marcó un piso histórico y dejó a la UCR provincial expuesta y debilitada.
Gvozdenovich no dudó en atribuirle responsabilidad directa:
“Si yo saco en mi pueblo el porcentaje de votos que él sacó, me retiro y dejo el lugar a otro”, repitió, subrayando que Mestre “no entendió el mensaje de la sociedad”.
Para el legislador oriundo del sudeste provincial, el exintendente “cansa” y su intento de liderar la renovación radical “es más una muestra de soberbia que de lectura política”.
El cronograma que presiona y la interna que ya se siente “funcional al PJ”
El mestrismo asegura tener lista su “hoja de ruta” para forzar una interna en 2026. Según ese plan, el mandato de la actual conducción –presidida por Marcos Ferrer– vence el 29 de septiembre, lo que obligaría a activar el cronograma electoral varios meses antes.
“Debería arrancar el 1 de junio”, advierten cerca de Mestre, una presión explícita sobre el tándem Ferrer–De Loredo.
Pero en el deloredismo no muestran apuro. Por el contrario, ya circula la idea de una prórroga de mandatos, lo que dejaría sin efecto la jugada mestrista.
La posibilidad de que un nuevo proceso termine judicializado encendió alarmas:
“Si él piensa judicializar permanentemente, está favoreciendo al peronismo”, lanzó Gvozdenovich, dejando en claro que la interna, en este contexto, “solo complica a quienes quieren construir un proyecto serio para 2027”.
La UCR piensa en 2027 y Mestre vuelve a quedar en el centro del conflicto
En el radicalismo ya leen todo en clave electoral. El 2027 está a la vuelta de la esquina, y el partido necesita orden más que fuego amigo.
En ese escenario, Gvozdenovich fue contundente al reafirmar su apoyo a Rodrigo de Loredo como el “candidato natural” del radicalismo cordobés para la gobernación. Según el legislador, Mestre representa lo contrario a lo que necesita el partido:
“El capricho de querer algo cuando la gente no lo va a acompañar”.
El reclamo interno es claro: pacificar la UCR, diseñar una propuesta de gobierno robusta y construir un equipo competitivo.
“La gente quiere que le resolvamos los problemas, no que hablemos de internas”, concluyó el jefe de bloque.
De Loredo ya se lanzó: “A eso me voy a dedicar”
Mientras la interna se recalienta, De Loredo ya dio el paso que todos esperaban. En un video de despedida de su labor en la Cámara de Diputados, confirmó sin rodeos su objetivo: ser gobernador en 2027.
“Me vuelvo a una Córdoba que quedó en el tiempo y que necesita reformas profundas”, expresó, dejando en claro que dedicará los próximos dos años a construir volumen político y territorial.
Si bien promueve un “gran frente no peronista”, el legislador aclaró que por ahora no se sumará a la mesa opositora que integran Luis Juez y Gabriel Bornoroni. La arquitectura de alianzas sigue abierta.
Un radicalismo en tensión: entre el pasado que insiste y el 2027 que apremia
El encono hacia Mestre vuelve a exponer la fractura interna que la UCR arrastra desde hace años. Su intento de regresar a la conducción partidaria llega en el peor momento: con un radicalismo que aún siente los efectos del 3%, con un peronismo reconfigurado y con La Libertad Avanza plantada como tercera fuerza capaz de repartir costos y beneficios.
De fondo, la discusión no es solo sobre cargos. Es sobre liderazgo, futuro y lectura de época.
El radicalismo cordobés enfrenta una disyuntiva: seguir empantanado en sus viejas disputas internas o enfocarse en el 2027 con un proyecto competitivo.
Y en ese dilema, la figura de Mestre vuelve a funcionar como una mecha encendida.
