El peronismo de la ciudad de Córdoba atraviesa una tensión silenciosa pero profunda. La necesidad de redefinir autoridades partidarias en el PJ Capital abrió un debate que excede la rosca interna y que amenaza con alterar un equilibrio que, por décadas, sostuvo el poder territorial del partido. En el distrito que concentra casi la mitad del electorado provincial, la palabra “renovación dirigencial” dejó de ser un slogan y empezó a funcionar como advertencia.

La preocupación de presidentes de seccional: no perder la llave de la gestión
Los presidentes de seccional —figura histórica del engranaje peronista— observan con inquietud el proceso en marcha. No se trata de preservar un cargo simbólico, sino la llave que ese rol les otorgó siempre: acceso directo a la gestión, capacidad para resolver reclamos vecinales y, sobre todo, incidencia real en la asignación de poder dentro del oficialismo.
Pero el resultado de la última elección, que en el Centro Cívico atribuyen en parte a falencias de la gestión municipal, aceleró una revisión interna largamente postergada. El modelo actual, sostienen varios dirigentes provinciales, “ya no garantiza ni conducción política ni eficacia territorial”.
El desgaste del esquema tradicional
No es la primera señal de agotamiento. Desde 2017, el oficialismo viene apelando a coordinadores de seccional cada vez que enfrenta una elección, una suerte de “parche operativo” que evidenció las limitaciones de los presidentes de seccional para sostener volumen político y territorial. El diagnóstico se fue acumulando.
Ahora, aseguran fuentes del Panal, la decisión sería avanzar más a fondo: desdoblar definitivamente la vida partidaria de la gestión. Así, junto a los presidentes de seccional se instituiría un nuevo actor: los “gestores”, en su mayoría funcionarios con responsabilidades provinciales encargados de articular directamente entre territorio y gestión.
Un cambio de lógica que altera el ADN peronista
La idea implica romper con un histórico principio del PJ: acumular territorio para ganar un cargo partidario y, desde ahí, acceder a la gestión. El nuevo modelo plantea dos líneas paralelas. Por un lado, la vida interna del partido. Por otro, la gestión y la articulación territorial, ahora en manos de estos gestores designados desde arriba.
Para los caciques capitalinos, la movida es mucho más que un retoque administrativo. Supone, en los hechos, vaciar de poder real a los presidentes de seccional y fortalecer una estructura cuyo control político estaría más cerca del Centro Cívico que del Palacio 6 de Julio.
Interpretación 1: ¿Un modo de Llaryora para operar en la ciudad?
En un peronismo donde nadie desconoce las tensiones entre Provincia y Municipalidad, la primera lectura apunta directo al llaryorismo. Según esta visión, la creación de gestores sería un mecanismo para incidir en la dinámica cotidiana de la ciudad, salteando intermediarios que, hoy, responden más al intendente Daniel Passerini que al gobernador.
Los referentes que sostienen esta hipótesis remarcan que la gestión municipal quedó expuesta por un combo que la supera: pérdida de subsidios nacionales, retracción de fondos que históricamente llegaban desde la Casa Rosada, repliegue del Estado nacional en materia de contención social, disminución de adelantos de coparticipación que la Provincia otorgó entre 2019 y 2023, y la pesada herencia de la deuda en dólares tomada en la gestión Mestre y rolleada por Llaryora.
El mensaje implícito del Panal sería claro: si la gestión municipal muestra grietas, la Provincia no puede quedar atada a ellas.
Interpretación 2: ¿Un fantasma agitado por los propios caciques?
La segunda lectura es menos sofisticada pero no menos plausible. Según este análisis, serían los propios presidentes de seccional quienes estarían difundiendo la versión de la estructura paralela para desalentar a eventuales competidores internos. Es decir: si el rol partidario pierde peso frente a la gestión, ¿qué incentivos quedarían para disputarlo?
En ese escenario, el presunto “nuevo orden” funcionaría más como advertencia que como realidad, y como mecanismo defensivo para que los caciques actuales retengan sus espacios sin tener que enfrentar internas desgastantes.
Un peronismo que se mira al espejo
En cualquiera de las dos interpretaciones, el PJ Capital atraviesa un punto de inflexión. La discusión no es técnica ni burocrática: se trata de quién controla la articulación entre Estado y territorio, el insumo esencial del poder peronista.
Y, sobre todo, quién pierde cuando las reglas del juego cambian.
