La ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, convocó para este martes a todos los ministros provinciales del área para formalizar la presentación de su sucesora, Alejandra Monteoliva. Entre los asistentes estará el cordobés Juan Pablo Quinteros, quien viaja a primera hora a Buenos Aires y llega al encuentro con una ventaja política evidente: su vínculo previo y fluido tanto con la ministra saliente como con la futura funcionaria nacional.

La reunión está prevista para las 13 en el histórico edificio de Gelly y Obes, en Recoleta, donde Bullrich encabezará una de sus últimas actividades formales antes del recambio de autoridades. Aunque aún no hay fecha oficial para las asunciones en Seguridad y Defensa, en Córdoba dan por descontado que los ministros provinciales estarán presentes en los actos que se realizarán en Buenos Aires, estimados para antes del 10 de diciembre.
Señales hacia Córdoba: continuidad política y respaldo a Quinteros
En el Centro Cívico reconocen que la llegada de Monteoliva al Ministerio de Seguridad Nacional fue leída como un gesto favorable hacia Córdoba. No solo por la buena relación personal con Quinteros, sino porque la propia futura ministra ha mantenido reuniones reiteradas en la provincia y conoce de primera mano el esquema local.
Mientras en los últimos días se agitaban versiones sobre una eventual salida de Quinteros del gabinete de Martín Llaryora, en el oficialismo provincial niegan rotundamente esa posibilidad. De hecho, interpretan la convocatoria y la presencia de Quinteros en la cumbre federal como una ratificación indirecta de su continuidad.
El movimiento en el gabinete de Milei, además, refuerza el armado que buscaba preservar a Quinteros en su rol, aunque —admiten en el Panal— los ruidos internos en el equipo provincial aún no están del todo despejados y podría haber reacomodamientos en las próximas semanas.
Un vínculo que sobrevivió a las tensiones políticas
A lo largo del año, Quinteros y Bullrich desarrollaron un canal de articulación que funcionó sin interferencias, incluso en medio de las diferencias políticas entre Milei y Llaryora. Nación y Provincia avanzaron en acuerdos vinculados a la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado y el intercambio de tecnología y capacitación.
Ese terreno ya consolidado prepara ahora el desembarco de Monteoliva, cuyo perfil técnico promete continuidad. Su paso por el Ministerio de Seguridad de Córdoba durante la gestión de José Manuel de la Sota estuvo marcado por la crisis del motín policial de 2013, que precipitó su salida. Desde entonces se mantuvo como asesora especializada dentro y fuera del país, antes de volver a la función pública en 2015 de la mano de Bullrich.
Su estilo, reservado y técnico, contrasta con el rol más político de la ministra saliente. En la administración Milei aseguran que Bullrich mantendrá influencia “desde atrás”, incluso tras su inminente llegada al Senado, lo que configura un tándem que seguirá operando en el corazón de la seguridad nacional.
Un nuevo tablero político y una ventaja para Córdoba
El resultado de las legislativas de octubre reordenó el mapa de poder en Córdoba y reconfiguró la relación del gobernador Llaryora con la Casa Rosada. En este escenario, los funcionarios provinciales que ya desarrollaron vasos comunicantes con el mileísmo se vuelven piezas clave.
Para el gobierno cordobés, la presencia de Quinteros en la cumbre Bullrich–Monteoliva es más que un gesto protocolar: es una señal de que Seguridad seguirá siendo uno de los pocos puentes firmes entre Nación y Provincia, en un clima nacional marcado por las desconfianzas políticas y el reacomodamiento permanente.
