
Lo que ocurrió en el polideportivo de barrio Los Álamos no fue simplemente una consecuencia del temporal. Fue la consecuencia directa de la irresponsabilidad política con la que Schiaretti y Llaryora vienen manejando la obra pública en Córdoba: apuro, descontrol y oportunismo electoral.
El 26 de junio de 2023, apenas tres días después de ganar las elecciones provinciales, Schiaretti y Llaryora se mostraban en los medios inaugurando esta obra. Una estructura que hoy, ante el primer viento fuerte, se derrumbó como si hubiese sido armada sin controles, sin normas de seguridad y sin responsabilidad técnica.

Podría haber sido una tragedia mucho mayor. Dos niñas resultaron heridas; una de ellas, Luz Milagros, tuvo que ser operada y terminó en terapia intensiva. Una adolescente que, además de sufrir las consecuencias, mostró una valentía heroica al salvar a otros chicos segundos antes del derrumbe.
Los testimonios de su familia son estremecedores:
—“No podés poner semejante estructura sin nada”, reclamó el padre.
—“Que alguien dé la cara y explique”, exigieron los vecinos.
Las imágenes y descripciones del lugar son claras: la estructura no tenía sujeción adecuada. No fue el viento. Fue la negligencia.
Este episodio deja al descubierto, una vez más, cómo los apuros de campaña del oficialismo los llevan a inaugurar obras sin terminar, sin controles, sin garantizar la seguridad mínima. Obras utilizadas como escenografía electoral, donde lo importante no es la calidad ni la seguridad, sino la foto para ganar votos.
Los cordobeses ya dijeron basta. El 26 de octubre, la provincia le dio la espalda a esta forma de gestionar, a ese “modelo Córdoba” que Schiaretti y Llaryora pretendían exportar al país mientras ocultaban la precariedad de las obras que entregaban a las apuradas.
Por eso, sostengo y lo digo con total claridad: la Justicia deberá determinar quiénes son los responsables. Las autoridades políticas, los responsables técnicos, los funcionarios que firmaron habilitaciones y quienes dispusieron que esta obra fuera inaugurada en condiciones que hoy ponen en riesgo vidas humanas.
La política tiene responsabilidades. La obra pública no es un escenario para propaganda partidaria. Es infraestructura que debe garantizar seguridad, estabilidad y durabilidad.
Y cuando el apuro electoral se impone sobre la responsabilidad, pasan estas cosas: obras que se desploman, niños heridos, familias desesperadas y un gobierno que, otra vez, mira hacia otro lado.
No es un accidente: es una forma de gobernar.
Una forma que ya está agotada.
Y que los cordobeses, con el voto, ya comenzaron a ponerle fin.

Legislador Provincial – Bloque UCR
