Siciliano, ¿ministro de Gobierno? Crecen las versiones y se recalienta la interna en el llaryorismo

En medio de rumores cada vez más insistentes y operaciones cruzadas dentro del peronismo cordobés, comenzó a tomar fuerza una versión que podría reordenar —y tensar— el tablero político del oficialismo: Miguel Siciliano, diputado nacional electo, suena como posible reemplazante de Manuel Calvo en el Ministerio de Gobierno.
El movimiento abriría además una puerta clave: que Ignacio García Aresca, suplente de Siciliano e integrante del núcleo duro llaryorista, conserve su banca en Diputados, con la misión explícita de sostener los vínculos con Diego Santilli, con quien mantiene una amistad de décadas nacida en la Juventud Peronista.

El costo interno: Calvo, sin silla y con destino municipal incierto

El posible enroque dejaría a Manuel Calvo sin lugar en el gabinete provincial. En el Panal ya deslizan la idea de que podría recalar en la Municipalidad de Córdoba, aunque no pertenece al círculo íntimo de Daniel Passerini, lo que agrega fricción a la ecuación.
En el llaryorismo intentan “vender” las virtudes de Calvo como gestor experimentado:
“Calvo es un gestor nato que conoce la maquinaria; sería un gran apoyo para Passerini”, repiten en voz alta quienes empujan su desembarco municipal.

Además, Calvo tiene un amortiguador institucional: es legislador provincial en uso de licencia, lo que le permitiría regresar a la Unicameral como plan B. Y no falta quien lo imagine utilizando una eventual gestión municipal como plataforma para construir una candidatura a futuro.

Detrás de estos movimientos aparece una frase que circula en el peronismo provincial y que revela la preocupación real:
Antes de pensar en candidatos, debemos garantizar la elección provincial. Si ganamos la Provincia, retener la Municipalidad será un trámite”.

La lógica interna es clara: con una elección provincial prevista para marzo o abril —según especulan en el peronismo—, la prioridad absoluta es sostener el poder en el Panal, incluso si para eso hay que intervenir, de manera más o menos explícita, la gestión municipal.

Passerini rechaza una “intervención” y responsabiliza a la herencia financiera

La sola posibilidad de que Calvo sea enviado como “refuerzo” o “auditor encubierto” abrió resistencia inmediata en el Palacio 6 de Julio.
En la Municipalidad descartan que Passerini necesite una intervención de Llaryora:
Sostienen que los problemas operativos se explican por la pesada deuda municipal heredada de la gestión de Ramón Mestre —que Llaryora refinanció— y por la caída de los subsidios al transporte, un golpe que la ciudad todavía no logra amortiguar.

Bajo esa visión, con asistencia financiera de la Provincia, un interventor no sería necesario.

Siciliano, la llave de una “intervención por arriba”

No obstante, en el Gobierno provincial admiten lo que en la Municipalidad niegan: la eventual llegada de Siciliano al Ministerio de Gobierno sería, de hecho, una “intervención por arriba”.
Con el ambicioso plan de obras provinciales ya lanzado —y que aseguran que no se detendrá pese al ajuste—, Siciliano podría convertirse en la cara visible de los proyectos conjuntos Provincia–Municipio, recuperando la iniciativa política en la ciudad en plena antesala electoral.

“El objetivo central es recuperar Córdoba capital para la campaña provincial”, reconocen en el peronismo. En esa estrategia, tener a un ministro hiperactivo coordinando obras y recursos en el territorio urbano brinda una ventaja innegable.

Siciliano niega todo, pero el tablero se mueve igual

Cerca de Siciliano rechazan que haya existido un ofrecimiento formal.
Está haciendo los trámites para asumir como diputado nacional el 4 de diciembre”, repiten en su oficina, donde destacan la excelente relación con Santilli, por si finalmente le toca ocupar su banca en representación directa del llaryorismo.

La eventual designación de Siciliano tendría un componente adicional: ya fue secretario de Gobierno de Llaryora en la Municipalidad, por lo que su ingreso al gabinete provincial sería un regreso natural.
Pero también un paso que podría incomodar a Passerini, con quien no mantiene una sintonía fina, lo que explica que hasta ahora nadie imaginara una convivencia diaria fluida en la gestión municipal.

Un tablero abierto y una interna en ebullición

La danza de nombres, la pelea por los espacios y la disputa por el control de la capital dejan a la vista un hecho indiscutible: el llaryorismo está entrando en una etapa de reacomodamientos profundos, de cara a una elección provincial que definirá mucho más que cargos.
Porque, en el fondo, lo que se discute no es solo quién ocupará una silla.
Lo que está en juego es quién controla la narrativa, el territorio y la proyección de poder del peronismo cordobés en 2025.

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