Por estas horas, en el Centro Cívico crece una preocupación silenciosa: el malestar que comenzó a extenderse entre intendentes peronistas de toda la provincia. Sin estridencias pero con firmeza, varios jefes comunales de Hacemos Unidos por Córdoba empezaron a expresar incomodidad frente a lo que perciben como una preferencia del Panal hacia los intendentes radicales y vecinalistas. Un “desbalance” que, aseguran, se profundizó después de las elecciones legislativas.

En la intimidad política, muchos sintetizan el clima con una frase tan cruda como repetida: “El que no llora no mama”. Y los intendentes comenzaron a llorar. No como desafío al gobernador Martín Llaryora, sino como advertencia preventiva en un contexto en el que el oficialismo necesita cohesión interna para sostener su proyecto de Provincias Unidas.
Un ruido que se amplifica tras las legislativas
Aunque en el Centro Cívico insisten en que no hay favoritismos, la lectura que se instaló entre intendentes del PJ es que la apertura política impulsada por Llaryora terminó otorgando más visibilidad —y más fondos— a jefes comunales extraperonistas. El señalamiento más sensible apunta a las obras: algunos intendentes afirman que hubo municipios radicales que recibieron hasta “tres veces más” inversión durante la campaña.
El tema dejó de ser un murmullo. En los últimos días, intendentes de distintos departamentos comenzaron a intercambiar mensajes y a promover reuniones para consensuar un planteo común. En el sur provincial, incluso, ya hubo encuentros para “ordenar el descontento” de cara a lo que viene. Allí afloraron distintas posturas: mientras algunos piden moderación para no tensar el esquema cordobesista, otros consideran que el fin de año es el momento ideal para forzar señales del Panal.
La tensión de fondo: 2027 ya empezó
La preocupación de los intendentes tiene una explicación que trasciende lo inmediato: la disputa territorial hacia 2027. Muchos jefes comunales peronistas deberán renovar mandato y observan con inquietud el avance de radicales y vecinalistas dentro del armado de Llaryora. A eso se suma un factor extra: el crecimiento del voto libertario en buena parte del interior.
“Queremos evitar que la región se siga pintando de violeta y para eso necesitamos estar más cerca. Los intendentes somos los que nos la jugamos”, resumió uno de los jefes comunales, en referencia al color que identifica a Provincias Unidas y al peso creciente de los aliados extraperonistas.
Para varios dirigentes, el resultado de las legislativas confirma lo que venían advirtiendo puertas adentro: que la apertura política puede fortalecer el armado provincial, pero también desplaza al peronismo territorial que sostuvo al proyecto durante dos décadas.
Llamados, gestos y un presupuesto en el medio
Con el ruido ya instalado, en el Gobierno activaron una estrategia de contención. Desde el Panal comenzaron los llamados telefónicos para desactivar cualquier intento de escalada interna. La primera parada será este viernes, en el sur provincial, con una reunión entre enviados del Gobierno e intendentes que anticipan su incomodidad.
En paralelo, en el Centro Cívico trabajan contrarreloj en la previa a la presentación del Presupuesto 2026, donde podrían aparecer algunos gestos destinados a equilibrar la balanza. No sería la primera vez que el oficialismo utilice una hoja presupuestaria para ordenar discusiones políticas más profundas.
Un mensaje claro al Panal
Aunque la mayoría de los intendentes evita confrontar directamente con Llaryora, la advertencia ya fue transmitida:
no quieren ser meros espectadores de un esquema que contribuyeron a construir y en el que —recuerdan— también pusieron votos, estructura y territorio.
El Gobierno lo sabe. Y por eso, en estas horas, el Panal busca calmar a los suyos antes de que el malestar se convierta en problema. Porque, aunque los reproches no sean disruptivos, sí llegan en un momento político donde cualquier ruido interno puede convertirse en señal hacia afuera.
